miércoles 28 de julio de 2021 - 12:00 AM

La honestidad y la rectitud, los grandes legados de Rafael Ardila Duarte

Rafael Ardila Duarte, quien este año cumpliría 70 años, falleció en la mañana de ayer en la Clínica FOSCAL Internacional de Floridablanca. Fue un destacado empresario, talante que demostró desde muy joven cuando fundó la Distribuidora Rayco, convirtiéndose en uno de los principales importadores de electrodomésticos a nivel nacional.

Rafael Ardila Duarte, además de destacarse como empresario, fue un hombre sencillo, honesto, cívico y muy trabajador. Era natural de Bucaramanga, pero sus ancestros eran de Zapatoca y de San Gil. Fue uno de los ilustres egresados del Colegio San Pedro y, desde muy joven, demostró su amor por nuestra tierra.

Ardila Duarte, quien falleció en la mañana de ayer por las complicaciones surgidas tras haber padecido COVID-19, deja una huella imborrable en el mundo empresarial, en la educación y en el corazón de todos los santandereanos.

Había estudiado Economía en la Pontificia Universidad Javeriana e hizo una especialización en Alta Gerencia en la Universidad de los Andes.

Su actividad empresarial la inició desde muy joven, cuando fundó la Distribuidora Rayco, en donde trabajó como presidente y se convirtió en uno de los principales importadores de electrodomésticos a nivel nacional.

Su trayectoria lo llevó a ser miembro de juntas directivas de importantes empresas y organizaciones como la Cámara de Comercio de Bucaramanga, Promisión S.A., La Fazenda, Campesa y Promotores del Oriente, entre otras, así como a consolidar su propio grupo empresarial, Arar.

Su faceta de empresario exitoso la combinó con su pasión por Santander. Fue concejal de Bucaramanga, gerente de las Empresas Públicas de Bucaramanga, director seccional del Instituto del Seguro Social, candidato a la Alcaldía de Bucaramanga en el año 2000 y, en adelante, un decidido animador de causas políticas en procura de honrar sus ancestros y trabajar en proyectos de desarrollo regional.

Fue un hombre que brilló por su transparencia, por su rectitud e incluso por su don de gente y su gran civismo. Sus principios y valores lo hicieron grande durante toda su vida; además le hicieron ganar el prestigio de un hombre serio, responsable y comprometido con Santander.

Solía decir que “ser honesto es el mayor activo de cualquier empresa y que la palabra siempre se debe honrar”.

“Cuando la gente sabe que uno paga las cuentas, que honra su actuar y que no se está con ‘curvas ni jugadas’, todo el mundo le ofrece la posibilidad de asociarse o de hacer negocios. Ese es el camino más recto”, dijo alguna vez en una de sus exposiciones ante empresarios de la región y del mundo.

Vanguardia expresa sus más sentidas condolencias a su esposa Nancy Arenas, y a sus hijos Ángela María, Efraín y Rafael Eduardo, quienes pueden estar seguros de que la grandeza de Rafael perdurará por siempre, no solo por sus legados de rectitud y honestidad, sino por la impronta cívica y empresarial que deja en todas sus obras y en su intachable vida de servicio y de entrega por Santander. Paz en su tumba.

VOCES DE CONDOLENCIAS

La honestidad y la rectitud, los grandes legados de Rafael Ardila Duarte

Juan Carlos Cárdenas Rey, alcalde de Bucaramanga: “Mi querido amigo Rafael Ardila, gracias por tanto: por el apoyo incondicional, por contribuir enormemente en el desarrollo y en la construcción de una mejor ciudad y por estar siempre dispuesto a ayudar a quienes más lo necesitaban. Me duele en el alma su partida. Descansa en paz”.

La honestidad y la rectitud, los grandes legados de Rafael Ardila Duarte

Carlos A. Gómez, presidente de la Junta Directiva del Club del Comercio: “¡Qué triste noticia la partida de Rafael! Amigo de toda la vida, gran persona, empresario y ciudadano. Una pérdida irreparable para los santandereanos, deja un inmenso legado”.

La honestidad y la rectitud, los grandes legados de Rafael Ardila Duarte

Juan Camilo Montoya Bozzi, rector de la UNAB: “Gran persona, líder empresarial, ciudadano ejemplar y, sobre todo, enamorado promotor y defensor de la UNAB. Tuve el privilegio de trabajar junto a él, recibiendo su orientación y consejo. Abrazo estrecho a toda su familia”.

La honestidad y la rectitud, los grandes legados de Rafael Ardila Duarte

Marta Pinto de De Hart, exministra: “La responsabilidad social de Rafael era enorme, siempre tuvo tiempo para abanderar causas sociales y empresariales. Eso, y el inmenso amor por su familia, hacen parte de su superior condición humana. Paz en su tumba”.

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Con profundo pesar se registra la temprana desaparición del empresario, dirigente cívico y educador Rafael Ardila Duarte. Logró demostrar enormes cualidades como empresario, para lo cual inició su propio emprendimiento, que con el trabajo y esfuerzo incorporados, pasó a convertirse en una de las empresas de gran significación en Santander, que traspasó las barreras de nuestra región y se extendió por todo el país, logrando que su marca, Rayco, se ganara la confianza de los consumidores. Y lo hizo, con su mentalidad abierta y con su criterio visionario que le permitieron ganarse la confianza de empresas en los Estados Unidos, China, Corea, Japón y varios países europeos, a los que representó con compromiso y con toda la dedicación para incorporarles valor agregado a las tareas que asumió.

Su nombre fue ganando fortaleza y prestigio a través del tiempo y su presencia en escenarios internacionales para apalancar estos procesos empresariales fue fundamental.

En una oportunidad me comentaba que estaba muy ocupado preparando una participación con una multinacional en la China, y me decía “estudio a fondo todas las temáticas que nos van a ofrecer, pero mi gran compromiso es el de determinar qué voy a aportar yo”.

Así era él, poseído siempre de una enorme hiperactividad, lograba procesar datos y cifras, auscultar escenarios y opinar siempre para enriquecer los temas, ofreciendo una disposición para todo lo que significara aporte a su región.

Tal vez por eso, a pesar de sus compromisos empresariales, no se negaba a los llamados que le hacían para trabajar en escenarios públicos, tal y como lo hizo para organizar los Seguros Sociales y fundar su clínica de atención, como tampoco para ocupar la gerencia de las Empresas Públicas de Bucaramanga, desde donde trabajó por la financiación de importantes proyectos para el área metropolitana de la ciudad, al lado de Alberto Montoya Puyana, otro de los grandes de esta región.

Por todos estos méritos y por sus condiciones excepcionales como persona, fue que se ganó la confianza de dos personajes fundamentales: Armando Puyana y Alfonso Gómez Gómez. quienes lo llamaron primero como vicerrector de la Universidad Autónoma de Bucaramanga, y después como miembro de la junta directiva, llegando a ser el sucesor de ambos en la presidencia de la institución, a la que se le dedicó con toda su capacidad y compromiso.

Solía decir que “la fábrica mas importante del mundo es la universidad”. Allí estuvo hasta su muerte atendiendo el funcionamiento de la institución, y lo hacía con entrega, con una enorme capacidad de aportación, y sin sueldo; todo por una causa en beneficio de la región.

A Rafael Ardila Duarte nos acostumbramos a verlo como un hombre de baja estatura, pero con un enorme potencial intelectual y con una capacidad de trabajo inagotable, a quien además le asistía el don del buen humor, de tal manera que por más agotado que estuviera, siempre tenía la palabra amable y el apunte gracioso, que terminaba contagiando a todos sus interlocutores. Su sonrisa era plena y sus manos siempre trataban de expresar lo que también lograban hacer sus palabras.

Pero además su condición humana era admirable: dispuesto a oír, a ofrecer ánimo y a auscultar posibilidades para todo aquel que las demandara.

Y en medio de todas esas cualidades, también contaba con aquella que suele asistir a los visionarios, para advertir escenarios, para prever consecuencias y para saber identificar las personas adecuadas para otorgarles responsabilidades. En esos criterios se basó su éxito y ellos le enmarcaron el acierto y la grandeza en su periplo vital. A sus alumnos de la UNAB les decía: “no se les vaya a olvidar nunca que el mejor negocio que pueda existir es el de ser honesto” y agregaba “la honestidad nos lleva siempre a la grandeza”.

La honestidad y la rectitud, los grandes legados de Rafael Ardila Duarte

Santander ha perdido a uno de sus grandes; la educación, a un alto exponente; sus amigos, a un orientador que supo ser además un entrañable ser humano; y a sus familiares, a un ser maravilloso que los supo conducir dentro de los mejores senderos de su afecto, protección y estímulo.

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Euclides Kilô Ardila

Periodista de Vanguardia desde 1989. Egresado de la Universidad Autónoma de Bucaramanga y especialista en Gerencia de La Comunicación Organizacional de la Universidad Pontificia Bolivariana. Miembro del equipo de Área Metropolitana y encargado de la página Espiritualidad. Ganador del Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar.

@kiloardila

eardila@vanguardia.com

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