Bucaramanga
Lunes 21 de diciembre de 2015 - 11:38 AM

La última función de los Cinemas Riviera de Bucaramanga

La mayoría de las sillas aún están ahí. La tela en donde se proyectaban las cintas se mantiene pero las ruinas de la gloria que un día fue inundan el lugar, así como los recuerdos de quienes deciden recorrerlo por última vez. Cinemas Riviera será demolido y hará parte de la historia de la ciudad.

La última función de los Cinemas Riviera de Bucaramanga
La última función de los Cinemas Riviera de Bucaramanga

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Publicado por: PAOLA PATIÑO

Hoy, después de siete años, las salas de Cinemas Riviera se abrieron, pero esta vez no para proyectar películas sino para despedirse, en un acto romántico casi que de despecho, en el que su antigua clientela y cinéfilos vuelven por los recuerdos que algún día allí construyeron.

Afiches regados a lo largo de una de las dos salas, sillas envueltas en plásticos y otras caídas son recorridas, muy lentamente, por quienes fueron a llevarse apresurados lo único, además de su memoria, que quedará del Riviera.

“Da mucha tristeza. Tenía que llevarme algo y me llevé un proyector donde pasaban la publicidad y pienso utilizarlo. También me llevé la caja completa de publicidad de esa época, un póster gigante de Inspector Gadget y algunos afiches sueltos”, cuenta Plinio Barraza, uno de los clientes asiduos de la época.
Las luces detrás de la tela en donde se proyectaba la cinta estaban prendidas como si se resistieran a desaparecer, como esa estela que deja el buen cine en la memoria de quienes valoran el detalle y la locura de cada producción.

“El Riviera era un teatro grande, uno de los más elegantes. Era el sitio de fines de semana en donde para ver una película tocaba hacer colas de dos a tres cuadras. Tenía el mejor sonido, las mejores pantallas”, relata Barraza.

En la sala 2, el paso de los años es más evidente. El polvo, la grasa,  algunos vasos de Coca Cola, las sillas casi por completo caídas al piso,  algunas partidas, así como  una pantalla más grande que la sala 1, decoran el lugar.

“Yo me acuerdo de Jurassic Park, fue la última que vi por aquí. Las filas largas y luego uno quería sentarse de primero para coger las sillas al lado del murito, para que nadie lo tapara. Ese fue el primer recuerdo que tuve ahorita al entrar a la sala”, dice Alba Ruth Díaz Castillo, una mujer de 32 años, quien con los ojos

humedecidos, asegura que ningún cine moderno la hará olvidar su primer contacto con el séptimo arte.

El olor también cuenta una historia

Las crispetas, la gaseosa y los apetecidos perros calientes que vendía El Riviera son algunos de los elementos que más traen a colación quienes disfrutaron de este cinema. Pero en esta ocasión, la cafetería, justo en frente de la entrada principal, está repleta de las cintas que en algún momento se proyectaron, así como de los pósteres de las películas que serán vendidos.

En la pared aún reposa el tablero con el menú que ofrecía el cine y algunos de los precios de la comida.
“Recuerdo el olor a las crispetas y que no era tan fácil comprar para cada uno, entonces tocaba compartirla en familia”, cuenta Alba Ruth Díaz.

“Había gente que no entraba a cine porque ya había venido, sino que solo pasaba a comprar la crispeta y el perro”, recuerda Martha Patricia Torres Peralta, hija del creador del Cinema Riviera, Juan Camilo Torres.

Así nació y así se cerró

Hace 42 años, el 23 de marzo de 1973 comenzó quizás la mayor hazaña de Juan Camilo Torres al traer a una pequeña ciudad como Bucaramanga, que ya contaba con varios teatros para la época, un moderno cinema con los estrenos mundiales de la pantalla grande.

“A mi papá le gustaba todo lo relacionado con el cine y él viajaba mucho y tal vez esto le llamaba la atención, y Bucaramanga fue una ciudad que siempre quiso mucho, además que acá conoció a mi mamá … él se enamoró de Bucaramanga y de este teatro. Así inició todo”, comenta Martha Torres.

Martha estaba muy pequeña cuando se inauguró, por lo que los detalles de ese primer día no los tiene claros y ya perdió la cuenta de qué tantas películas vio, pero algunas llegan de primeras a su mente sin mayor esfuerzo como ET, en la que dice, lloró demasiado…; Benji fue otra película que le encantó porque era de un perro; Tiburón; Indiana Jones; Misión Imposible...

“Fueron momentos lindos, personas que se conocieron, que encontraron el amor aquí, los clientes que tenían ya sus puestos… no tengo ningún recuerdo malo, todas fueron cosas muy bonitas…”, dice Torres Peralta, casi suspirando, mientras aclara que la intención nunca fue acabarlo  o tumbarlo, sino que está segura que todo cumple un ciclo y El Riviera cumplió el suyo.

Además, tanto ella como su familia trataron de luchar lo más que pudieron contra los mega cinemas, que ya en centros comerciales resultaban más atractivos, por lo que jamás se opusieron a ello sino que hasta el último día estuvieron vigentes, tratando de mantener en alto la buena costumbre de ir a ver cine.

“Quisimos dejar un bonito recuerdo y seguimos adelante. Obviamente habríamos querido más, pero no podíamos ser egoístas”, argumenta una de las cinco herederas de este cinema.

Cuando el cinema decidió cerrar para siempre sus salas en el 2008, al único que le hablaron y contaron por qué cerraban fue a Luis José Galvis Díaz, un cliente asiduo del Cinema, artista audiovisual y quien con el tiempo se fue convirtiendo en amigo de la familia Torres Peralta, que suele ser muy reservada.

Para esa fecha, ya la cadena Cinemark había llegado a la ciudad y Cine Colombia tenía mucha fuerza, en cambio, El Riviera ya no tenía el mismo impacto de sus mejores épocas, las filas ya no daban la vuelta y sus películas ya no eran exclusivas, pues los estrenos les llegaban muy tarde.

“Uno veía venir que en algún momento iban a cerrar. Y fue en marzo de 2008 que la familia Torres Peralta dijo no más… Uno iba notando que las cosas no iban bien cuando ya se veían menos empleados…”, asegura Luis José, quien aunque era consciente del mal momento, jamás contempló el cierre definitivo.

Sin embargo por muchos años El Riviera intentó adaptarse a las nuevas condiciones que exigía el mercado, como tener un sonido más moderno, dividir su megasala en dos, pero no fue suficiente. La nueva clientela, la del siglo XXI, no estaba buscando sentirse en familia, sino tener mayor comodidad, espacio, tecnología y por supuesto, estar a la vanguardia de los estrenos mundiales.

Una última película

Una vez más, El Riviera, cuya fachada está envejecida y descolorida por los días de sol que ha enfrentado durante estos siete años de cierre, sacudió el polvo y abrió sus puertas, como en aquellos días de gloria, mientras uno a uno, los invitados hacían fila para pasar por la máquina registradora, recibían sus boletos y volvían a oler la magia del cine en donde las cripestas, la gaseosa y los perros calientes volvieron a deleitar paladares.

Y es que, el pasado 15 de noviembre, Cinemas Riviera proyectó su última película a la que solo asistieron invitados muy cercanos a la familia Torres Peralta y sus empleados, quienes profesan el amor por sus jefes y trabajo, como si el tiempo jamás hubiera pasado. Ese día, ‘Gorilla’ y ‘Terremoto’ se reflejaron sobre la gran sábana blanca que por años estuvo oscura. Esta era una despedida definitiva.

Se va para siempre

El proyector se apaga, la sala guarda silencio, las sillas están vacías. El Riviera dejará para siempre la ciudad, pues, después de muchas negociaciones, la familia Torres Peralta vendió el lote que componía el Cinema: parqueadero y locales adjuntos.

Esperanza Sandoval Martínez, administradora durante casi toda su vida del Cinema y prácticamente un miembro  más de  la familia, jamás olvidará que mientras laboraba en El Riviera conoció al que hoy es su esposo y crío a sus hijos en medio del cine. Por eso, no solo sigue al tanto de lo que sucede con la entrega del lote en donde reposa lo que queda de esa época de gloria, sino que sigue acomodando cada detalle para que hasta el último día el que pise el cinema se sienta en casa.

“Recuerdo la gratitud de la gente, es  lo que se lleva en el corazón; la alegría de muchos que llegan y cuentan muchas anécdotas de su juventud, primeros amores. Y pues el empeño, la alegría con la que se trabajaba… pero sí estamos tristes porque esto ya es un final definitivo”, cuenta Sandoval.

“,,,No podría decirte cómo será cuando se cierre definitivamente. Cuando se cierren puertas y ya no estemos aquí, porque aún estamos y seguimos viniendo porque jamás lo dejamos deteriorar… ay no, no sé cómo será ese día, de seguro voy a llorar…. Gracias a los bumangueses por habernos permitido traerles algo hermoso para que disfrutaran, sintieran y supieran lo que era vivir un buen cine …”, concluye Martha Torres, mientras mira la sala vacía y la registradora se detiene en el número 879.575.

 

Publicado por: PAOLA PATIÑO

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