domingo 28 de junio de 2020 - 12:00 AM

“Mi esposo me violó y me apuntó con un arma”

Vanguardia abre este espacio pensando en las mujeres que han sido agredidas, discriminadas, abusadas o vulneradas. Buscamos visibilizar los casos que se “normalizaron” por miedo o porque no se denunciaron a tiempo, para demostrar que sí se puede hacer algo para defenderles sus derechos.
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Su historia inició hace seis años cuando era la psicóloga de una unidad militar en Santander. Ahí conoció a un oficial. Empezaron a salir en plan de amigos, hasta que un día le dijo que fueran novios. Ella aceptó.

Al comienzo todo iba bien, pero cuando lo llevó a la casa, a su hermano no le cayó muy bien. El punto a favor fue que él se supo ganar a la suegra. Transcurrieron dos años y medio de noviazgo, sobrevivieron a la distancia, nunca hubo infidelidades y llegó un hijo.

Según ella, contarle a su papá fue la experiencia más dura, pues él no se hacía a la idea de ser abuelo; pero, contrario a esa actitud, la mamá estaba feliz, igual que la familia de su pareja. Supuestamente ese embarazo fue un milagro, ya que él era estéril debido a los tratamientos de leishmaniasis.

“Nos casamos por lo civil en agosto de 2015. Pase todo mi embarazo lejos de él porque trabajaba en el Cesar. Mi hijo nace y ahí inician los problemas. El sueldo no le alcanzaba. Debido a mi cáncer de tiroides pide traslado y la institución accede a dicha petición. Existe el infierno; lo viví con ese señor desde entonces”, relató la psicóloga.

Lo más estremecedor de su caso llegó. Su pareja, el padre de su hijo, la obligaba a tener relaciones sexuales; de no acceder, la insultaba y le insinuaba que no lo hacía porque seguramente se había acostado con alguien más.

“Una vez estábamos teniendo relaciones sexuales y me obligó a tener sexo anal. Yo no quería. Me violó. Nunca le importó nada. No me podía maquillar. Iba hasta mi trabajo a verificar cómo había parqueado el carro y de quién era el carro que estaba al lado. Tenía que llamarlo, recogerlo, llevarlo hasta el trabajo”, recordó.

Por su enfermedad tenía sobrepeso, razón por la cual este hombre nunca la llevó a las ceremonias o reuniones. Incluso, “se la pasaba diciéndome gorda, mi chanchita... A mi mamá le dijo que debía cuidarme porque me podía dar un infarto. En las noches parecía un loco, no dormía. Me repetía que él tuvo investigaciones por desaparición forzada y siempre había pensado en el suicidio. Tenía cambios de humor. Nos ignoraba. Se encerraba en el cuarto. No había fines de semana en familia”, precisó.

Para tomar la decisión de terminar la relación, asegura, fue en diciembre pasado. Tras salir de compras con su mamá, de regreso, el sujeto la estaba esperando y la amenazó con un revólver. Le apuntó.

“Me dio mucho miedo, todavía siento miedo. No salgo sola, nunca voy sola a hacer mis vueltas, porque temo que atente contra mi vida. Ese día de la discusión por poco me pega y ahí fue cuando interpuse una denuncia por violencia intrafamiliar en la Comisaría de Familia. Después vino el divorcio ante un juzgado”, manifestó.

Para finalizar, dice esta mujer, lo que más le preocupa es que ya el proceso está en investigación ante la Fiscalía, pero para algún avance ha tenido que interponer derechos de petición.

“Logré que dieran fecha para la audiencia de imputación de cargos por acceso carnal violento y violencia intrafamiliar, pero actualmente llevo dos audiencias fallidas para que se dé la audiencia de acusación y nada. No sé qué tenga que pasar, será que mi familia me tiene que ver muerta para que se haga justicia?”, concluyó.

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Voz del experto

Tatiana Cordero, psicóloga de la Fundación Mujer y Futuro en Bucaramanga, señala que de acuerdo con el relato, se puede evidenciar un caso de violencia hacia la mujer basado en género, en el cual se identifican violencias psicológica y sexual materializadas en intimidaciones, control de amistades y relaciones con la familia, burlas, bromas hirientes, anulación de decisiones, control en forma de maquillarse, amenaza con arma de fuego, culpabilización, violación o acceso carnal violento, celos y persecución.

“La violencia siempre va en aumento y no se detiene sola. Inicia usualmente por violencias psicológicas, con el fin de crear un control y sometimiento en la víctima. Se afecta directamente la autoestima de la mujer y de esta manera el agresor aumenta cada vez más los episodios de violencia. En este caso existe un riesgo latente de feminicidio. Recordemos que el feminicidio es la máxima expresión de violencia hacia la mujer, se la mata por el hecho de ser mujer”, subrayó.

De acuerdo con Cordero, lastimosamente este tipo de casos son frecuentes, ya que nos encontramos en un contexto machista y patriarcal que normaliza la violencia hacia las mujeres, quienes en ocasiones son revictimizadas al momento de poner la denuncia. Muchas quedan así desprotegidas y su vida corre peligro.

Usualmente, manifiesta la experta en el tema, se inicia con violencia psicológica, la cual empieza sutilmente y es difícil de reconocer como violencia. Comienza con celos disfrazados de preocupación y atención, atenciones enmascaradas de cuidado y protección, elogios con trasfondo hiriente, anulación de decisiones, control social y algo recurrente de los victimarios es culpabilizar a la mujer con el fin de que crea que provocó la reacción agresiva, cuando no hay ninguna justificación a la violencia.

“Que la mujer no detecte primeras señales no la hace culpable de la situación, puesto que en hechos de violencia el único culpable es el hombre que ejerce violencia. Generalmente es una persona con alta capacidad de manipulación”, acotó.

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Análisis jurídico

Ante el cuestionamiento del porqué este tipo de procesos es demorado, Yinny Valencia Atuesta, profesional jurídica de la Fundación Mujer y Futuro, respondió que la administración de justicia de distintos campos en nuestro país es tardía y lenta. Esto obedece a factores como la no actualización de la gestión judicial en procedimientos y herramientas, y la limitada logística por déficit presupuestal.

Asimismo, afectan los pocos operadores de justicia en distintos entes que contribuyen a la justicia, como son comisarías, juzgados, fiscalías y defensorías; y la no capacitación de los operadores de justicia que garanticen los derechos de las mujeres.

“Además, cuando se trata de procesos relacionados con la violencia de género, se suma la falta de comprensión de la perspectiva de género por parte de las autoridades; perspectiva que permite establecer riesgos, competencia, medidas acordes al contexto que rodea a cada mujer. Todo esto contribuye a que el acceso a la justicia para las mujeres, en especial quienes han vivido estas violencias, no sea efectivo, eficaz y oportuno”, sostuvo.

La abogada considera que pese a que existen retos para la administración de justicia, no es justificable la vulneración de los derechos, pues el Estado tiene el deber de garantizar la justicia a sus ciudadanos de forma ágil, eficaz y oportuna, como lo contempla la Ley 270 de 1996 (Ley Estatutaria de Administración de Justicia) que establece como principio la celeridad: “La justicia debe ser pronta y cumplida”.

Estas falencias del sistema judicial en general son inadmisibles cuando se trata de violencia de género hacia las mujeres y crea desaprobación y baja credibilidad en las instituciones de justicia.

Tratándose de violencia de género, esto resulta en que no se interpongan las correspondientes denuncias, y para el agresor la idea de conducta sin consecuencia, lo cual contribuye a perpetuar la violencia. Así, evidentemente, en últimas, es la víctima la más afectada por estas falencias en el proceso judicial.

¿A dónde llamar?

En estos momentos de confinamiento, las personas que requieran acompañamiento y orientación, incluso denunciar un caso de violencia de género, puede llamar a las siguientes líneas habilitadas las 24 horas:

-Línea ‘Siempre Mujeres Valientes’ en Santander: 6910980

-Línea Nacional: 155

-Policía Nacional: 123

-Fiscalía General de la Nación: 122

-Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (Icbf): 01 8000 918080

-Línea Whatsapp Icbf: 320 239 1685, 320 865 5450 ó 320 239 1320.

-Línea de protección a niños, niñas y adolescentes: 141

-Línea Bucaramanga: 3183506345

-Casa de Justicia de Floridablanca: 316 470 8108 (también se puede escribir al correo electrónico casadejusticia@floridablanca.gov.co)

-Comisaría de Familia de Piedecuesta: 304 442 1288 ó 6650444 (extensión: 1731-1733-1736)

Si desea que conozcamos su caso, no olvide contactarnos a través del correo electrónico ialbis@vanguardia.com

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