domingo 24 de marzo de 2019 - 12:00 AM

Una menor denunció acoso en calle de Floridablanca

Vanguardia abre este espacio pensando en aquellas mujeres que han sido agredidas, discriminadas, abusadas o vulneradas. Cuéntenos el caso que conozca, especialmente ese que se “normalizó” por miedo o porque no se denunció a tiempo. Buscamos visibilizarlo y, de alguna manera, demostrar que sí se puede hacer algo para defender los derechos de las mujeres.

Después de cumplir con sus actividades académicas en una universidad del área metropolitana de Bucaramanga, ella, una joven de 17 años, abordó un autobús para llegar a uno de los apartamentos de Bellavista, en Floridablanca, en donde vive con algunos familiares.

Luego de varios minutos de recorrido solicitó la parada sobre la carretera antigua, por donde se levantan las largas escaleras que dan acceso al barrio, en inmediaciones a la sede educativa de Cajasan.

Eran como las 5:00 de la tarde. Y aunque siempre acostumbra a subir por esas gradas, ese día decidió no hacerlo. Tomó la vía principal para comprar algunas cosas, en uno de los micromercados que quedan por el sector.

“Iba muy tranquila, pero caminando un poco rápido, porque soy desconfiada. De hecho, para mí, eran más peligrosas las escaleras. De repente, sentí que alguien me abrazó con mucha fuerza. Aunque traté de soltarme, no fui capaz. Ese hombre puso una de sus manos sobre mis partes íntimas y me manoseó. ¡Me sentí tan sucia!”, relató la menor.

Confesó que su tiempo se frenó en ese angustioso momento. Nadie la defendió. “Sentí como si hubiera pasado una hora hasta mucho más. Lo peor es que pasaron carros, había gente caminando y nadie hizo nada. No sé si fue que no se dieron cuenta o no se quisieron meter. Ese tipo apenas me soltó, salió corriendo, cruzó la carretera y se desapareció. No grité. Estaba llena de miedo. Continué mi camino temblorosa, hasta sentía vergüenza. Llegué al apartamento, me duché y lloré. No le conté a nadie, solo hasta ahora...”, precisó.

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Desde lo ocurrido, dice ella, vive con cierto temor. No quiere pasar por lo mismo. Esporádicamente, a su pensamiento vuelve ese horroroso instante.

“Perfectamente, esa persona me hubiera podido hacer algo peor o echarme algo. No sé quizá violarme. Nunca imaginé que algo así me fuera a ocurrir”, sostuvo.

Acoso

Paola Valencia, asesora jurídica de la Fundación Mujer y Futuro, indicó que este tipo de situaciones hacen referencia a un tipo de acoso. No obstante, vale la pena dejar claro la diferencia entre acoso sexual y acoso callejero.

El acoso sexual se encuentra tipificado en el artículo 210A del Código Penal: “El que en beneficio suyo o de un tercero y valiéndose de su superioridad manifiesta o relaciones de autoridad o de poder, edad, sexo, posición laboral, social, familiar o económica acose, persiga, hostigue o asedie física o verbalmente con fines sexuales no consentidos a otra persona”.

Es decir, el acoso sexual son todas las conductas indebidas que tienen carácter sexual, desagradable, ofensivo y no deseado o tolerados por el sujeto pasivo (víctima). No necesariamente hay contacto físico.

Entre tanto, el acoso callejero es una forma de violencia contra las mujeres, de tinte sexual, ejercida por uno desconocido, en la calle, vehículos de transporte público o espacios semipúblicos (como centros comerciales, universidades, colegios y plazas, entre otros). Suelen generar malestar en la víctima porque las conductas no son consentidas por la víctima.

“Actualmente el acoso callejero no tiene ningún tipo de regulación en Colombia, ni está tipificado en el Código Penal. Sin embargo, algunas conductas que hacen parte del acoso callejero (como manoseo) pueden ser considerados como acoso sexual, pues constituyen violencia contra la mujer. Por lo tanto, se puede hacer uso de la Ley 1257 del 2008, el marco jurídico acerca de la violencia de género y poder ser denunciados”, explicó Valencia.

No obstante, la abogada de la Fundación Mujer y Futuro, agregó que la víctima del caso referenciado podría, incluso, respaldarse en el Código Nacional de Policía y Convivencia, Ley 1801 de 2016.

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En el Título III, Artículo 27, quedaron establecidos los comportamientos que ponen en riesgo la vida e integridad de las personas y, por lo tanto, son contrarios a la convivencia. En el numeral tres, por ejemplo, advierte que es una contravención “agredir físicamente a personas por cualquier medio”.

En este sentido, el sujeto se enfrentaría a una medida correctiva que va desde amonestaciones, participación en programas comunitarios o actividades pedagógicas, hasta responder por multas tipo tres que equivalen al pago de hasta 16 salarios mínimos diarios legales vigentes, algo así como $13 millones.

Por lo anterior, se podrá acudir a Policía Nacional, Comisaría de Familia y Fiscalía para realizar la respectiva denuncia o solicitar medidas de protección y atención.

En caso de que la persona sienta la necesidad de recibir algún tipo de asesoría jurídica, la puede encontrar en un Consultorio Jurídico, Defensoría del Pueblo o Personería Municipal.

No es normal

La frecuencia de los comportamientos que se tipifican como acoso callejero, como manoseos, agarrones, arrinconamientos, actos sexuales públicos, insinuaciones sexuales, miradas lascivas y roces deliberados, entre otros, se han naturalizado y justificado con el tiempo, a tal punto de quitar importancia a la agresión.

Es decir, a veces se culpa a la mujer y se le exige reforzar su autoprotección como no pasar por un lugar, no caminar sola, cubrir su cuerpo o no salir.

El acoso callejero es otra forma de violencia de género. Generalmente, las víctimas se sienten indefensas.

Expertos en el tema aseguran que casi la mitad de las mujeres que viven una situación de acoso evitan pasar por el mismo lugar por temor a reencontrarse con el agresor, optan por salir acompañadas y hasta modifican su forma de vestir. En gran parte, ellas suelen ser menores de edad.

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