lunes 04 de febrero de 2019 - 11:30 AM

Volver a nacer de las entrañas de mamá

Para Melanie Darius la vida ahora tiene un significado diferente luego de que el amor la llevara a donar un riñón para ver la sonrisa dibujada en el rostro de su hija, Isaura Sabajo. Un acto de valentía que abre las puertas para el trasplante renal con pacientes vivos.

El sonido de las carcajadas de un grupo de mujeres se escucha a través de todo el pasillo de un gélido piso del hospital, justo a la entrada de las salas de cirugía. Allí el paso es restringido y las indicaciones son claras: esperar con paciencia a la salida del hombre que les cambió la vida para siempre.

Detrás de la puerta, los vívidos colores y estampados de la ropa que usan, típica de su país de origen, llaman la atención de quienes pasan por su lado y de manera casi inmediata se contagian de la alegría que transmiten con naturalidad.

Los ojos de algunos curiosos se posan sobre ellas, tal vez por los marcados rasgos que las diferencian de los demás o porque solo bastan unos cuantos segundos para darse cuenta que no son de estas tierras. Aún así, se sienten en casa.

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Cómo no, si saben que es cuestión de minutos para ver nuevamente al protagonista de esa felicidad que las envuelve, luego de que le confiaran en sus manos la vida misma.

De pronto, la puerta se abre y un brillo ilumina los ojos de las tres mujeres a la vez que los brazos del jefe de Urología del HIC, Wilmer Rivero, se extienden para cobijarlas con un fuerte y cálido abrazo.

Para ellas el momento es mágico y para él satisfactorio, casi sublime.

Porque no hay otro sentimiento que pueda describir el hecho de hacer realidad el sueño de una madre: darle una nueva oportunidad de vida a su hija, aún cuando eso implica perder un poco de sí misma.

Verla nacer de nuevo desde sus entrañas es el mejor de los regalos.

Volver a nacer de las entrañas de mamá

El amor que donó una madre

A sus 43 años, Melanie Darius es prudente, de pasos lentos, pocas palabras y sonrisa tímida. Sin embargo, tiene esa valentía que las mamás suelen sacar desde el fondo del corazón cuando se trata de luchar por sus hijos, porque ella sabe, mejor que nadie, que el amor de una madre no tiene límites, no sufre de miedos ni conoce de fronteras.

Y fueron justamente estas últimas las que se atrevió a vencer en busca de un mejor futuro para su hija.

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Y con esa convicción, desde Surinam, el segundo país menos poblado de América del Sur, empacó maletas, venció los mitos y llegó a un lugar desconocido dispuesta a entregar lo necesario para vencer al enemigo: la falla renal que desde hace meses apagaba la vida de su hija.

A diferencia de su madre, Isaura Sabajo tiene una sonrisa amplia, es expresiva y a la hora de hablar se roba las miradas y la atención de todos. Le gusta la música, recuerda sus épocas como trompetista en una pequeña banda y se declara amante de la comida colombiana.

- “Sus sabores son exquisitos”, dice a la vez que se ruboriza al contar que en Surinam no come tanto como lo hace acá.

Debe ser porque nuevos vientos de esperanza soplan para ella gracias a los avances de la ciencia. Y la medicina. Esa misma que le permitió recibir un trasplante de riñón de la misma mujer que le dio la vida hace 17 años: Melanie.

Volver a nacer de las entrañas de mamá

Las primeras de su país

Cada día, millones de personas alrededor del mundo esperan para recibir un órgano que les permita ganarle la batalla a la muerte. Sin embargo, no todos lo logran.

Pero dejar que ella saliera vencedora no era una opción en la vida de estas mujeres, ni siquiera por el hecho de que en su país el trasplante no hace parte de la baraja de tratamientos para los cerca de 700 pacientes que sufren de falla renal y están en diálisis.

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No obstante, tenían una última esperanza de vida a miles de kilómetros de casa, justo en la Fundación Cardiovascular de Colombia, FCV.

Pero para lograrlo, Melanie haría el mayor acto de entrega y amor de una madre: se convertiría en donante de vida para Isaura.

Y aunque el trasplante renal con paciente no cadavérico es una técnica ampliamente usada en lugares como Estados Unidos y España, ellas marcarían un hito en la historia de su país al ser las primeras.

Y así fue. El 12 de diciembre del año pasado, a las 8:00 a.m., estaban listas para que sus vidas cambiaran. El equipo médico tenía en sus manos uno de los mayores retos profesionales, salvarlas a ambas.

En salas contiguas todo estaba listo para iniciar el procedimiento, un explante y un trasplante.

Por medio de una nefrectomía laparoscópica el pequeño riñón fue rescatado, puesto en solución salina y llevado a la sala en donde Isaura esperaba por él sobre la camilla.

Una cirugía de mínima invasión, las conexiones correctas y tan solo un par de horas fueron suficientes para que el órgano empezara a trabajar en el nuevo cuerpo. Esa era la señal del éxito, la misma que llenaría de satisfacción a los héroes que habían hecho posible la hazaña.

Pero aquel sentimiento era apenas comparable con el que un mes después, cuando madre e hija, ahora en compañía de Lilian Darius, tía de Melanie, podían despertar en el mismo equipo médico.

Volver a nacer de las entrañas de mamá

Verlas sonrientes, recuperadas, disfrutando en familia y con la esperanza de un mejor futuro era el mejor pago que podían recibir porque el deber estaba cumplido.

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Ahora, las maletas de Melanie, Isaura y Lilian están listas para regresar a Surinam, la diferencia es que van cargadas de fe para los miles de pacientes de ese país que esperan su oportunidad para ganar la batalla, a la vez que el talento médico de la FCV está listo para seguir transformando vidas.

Los beneficios

Aunque en Colombia el trasplante renal con paciente vivo es una técnica que se implementa desde hace algunos años, los mitos que rondan a su alrededor son muchos.

Sin embargo, una de las principales ventajas es que los pacientes no necesitan estar en lista de espera, pues solo basta con que un familiar decida ser el donante. Además, debido a los vínculos de consanguinidad, hay mayor compatibilidad entre el donante y el receptor y la probabilidad de rechazo es menor, por lo que las dosis de medicamentos necesarios para el postrasplante son mínimas.

Las cirugías son de mínima invasión y en la mayoría de los casos, con las mujeres, la extracción del órgano se hace por orificios naturales disminuyendo el sangrado y dolor.

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