En la sección de las Cosas Buenas de Vanguardia, hoy destacamos una labor que toca el corazón: la del grupo de exalumnos del Salesiano quienes, fieles al espíritu solidario que allí sembraron, hoy regresan para tender la mano a quienes más lo necesitan.

A veces, regresar a donde todo empezó no es una vuelta al pasado, sino una forma de sembrar futuro. Pues bien, en el Instituto Tecnológico Salesiano Eloy Valenzuela de Bucaramanga, varios exalumnos han demostrado que el cariño por su colegio no se quedó en los recuerdos de infancia, sino que maduró con ellos y hoy se traduce en acciones reales para los jóvenes que vienen detrás.
Así nació Cuenta conmigo, soy Salesiano, una iniciativa liderada por antiguos estudiantes convertidos en profesionales, padres de familia y ciudadanos comprometidos.

Estos profesionales han decidido apoyar a los niños que actualmente cursan sus estudios, así como a sus familias, demostrando que la gratitud también se escribe con gestos generosos y que los lazos formados en la infancia pueden convertirse en esperanzas para el presente.


Ellos saben, por experiencia propia, lo que significa estudiar con dificultades, y por eso decidieron poner su granito de arena para que los estudiantes de hoy no tengan que cargar con esa misma responsabilidad en soledad.

“Vimos la oportunidad de ayudar, y no lo dudamos”, cuenta Henry Rueda, quien coordina el grupo con el apoyo entusiasta de egresados como José Mauricio Pabón, Adolfo Pinilla, Eduardo Paredes, Mauricio Gómez, Gerardo Jaimes Pico y Gerardo Plata, entre otros, de la promoción 1983.
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“Desde la pandemia nos dimos cuenta de cuánto necesitaban muchas familias salesianas. Nos tocó el corazón”, recuerda Henry Rueda.

A través de esta red solidaria que une a promociones tan antiguas como la de 1964 y tan recientes como la de 2022, han logrado cosas tan valiosas como entregar más de 3.000 mercados, donar 248 uniformes completos, pagar las fotocopias escolares de los estudiantes —una carga anual de $100.000 por alumno— y entregar más de 2.000 kits escolares.
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Además, 100 padrinos brindan a diario la merienda a igual número de niños en situación económica crítica. Y, por si fuera poco, también subsidian por completo los estudios de 20 alumnos durante todo el año.

Más allá de las cifras, lo que conmueve es el gesto: egresados que, a pesar del tiempo y la distancia, no olvidan lo que significa ser Salesiano. Que entienden que ayudar no es caridad, sino una forma de retribuir y de mantener viva la filosofía de Don Bosco, el patrono: educar con amor y acompañar con el ejemplo.

Hoy, más que nunca, ser exalumno significa ser solidario. Y la invitación está abierta: si pasó por estas aulas y quiere volver, este es el mejor camino. Porque ayudar a un estudiante es también creer en el mañana. Más datos en la línea 313-5463129.

















