Niños y jóvenes, vestidos con atuendos del ayer, convierten el centro histórico de Bucaramanga en su salón de clases, donde reviven el pasado de la ciudad para fortalecer la memoria, la identidad y el sentido de pertenencia.

En pleno corazón histórico de Bucaramanga, donde las fachadas antiguas aún guardan secretos y los parques y casonas parecen conversar con el pasado, ayer ocurrió una escena que llamó la atención de quienes transitaban por allí. Varios niños y jóvenes, vestidos con atuendos propios de la época colonial, recreaban algunos de los momentos que marcaron los orígenes de la fundación de la capital santandereana.
El encuentro no fue una representación improvisada. Vanguardia encontró a los estudiantes durante una singular jornada pedagógica que convierte las calles, las plazas y los edificios históricos en verdaderas aulas de aprendizaje.
La iniciativa hace parte de la metodología de “clases libres” o Homeschooling, liderada por Pshycoeduk, una propuesta educativa que busca que el conocimiento trascienda las cuatro paredes del salón y cobre vida en los mismos escenarios donde ocurrieron los acontecimientos que hoy hacen parte de la memoria colectiva.
Los participantes, estudiantes de primaria y secundaria, recorren lugares como la Casa del Libro Total, el parque García Rovira, la Casa Museo Bolívar, la Casa Galán, el Paseo de los Edecanes, el Teatro Santander y otros rincones que aún conservan la esencia de la Bucaramanga de otros tiempos.

En cada parada descubren personajes, relatos y episodios que les permiten comprender cómo se fue construyendo la ciudad que hoy habitan. Más que memorizar fechas, esta experiencia busca despertar en ellos el sentido de pertenencia y el reconocimiento de sus raíces santandereanas.
“Queremos que los niños entiendan que la historia no está únicamente en los libros. Está en las calles que recorremos, en las casas antiguas y en las personas que han construido esta ciudad. Cuando ellos viven estos espacios, la memoria deja de ser una materia y se convierte en una experiencia”, explica Andrés Sánchez, tutor de Pshycoeduk y uno de los promotores de estos recorridos históricos.
Sánchez asegura que cada salida se prepara cuidadosamente para que los estudiantes no sean simples espectadores, sino protagonistas de su propio aprendizaje: “Los invitamos a interpretar personajes, a formular preguntas y a imaginar cómo era la vida hace cientos de años. Eso despierta su curiosidad y fortalece el vínculo con su identidad. Es muy diferente aprender la historia caminándola que únicamente leyéndola”, comenta.
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La propuesta también ha encontrado eco entre las familias, que ven en estas actividades una oportunidad para formar ciudadanos más conscientes de su patrimonio cultural y de la importancia de preservar la memoria histórica. (Lea además: El legado de quienes crecen junto a su empresa)
Mientras los pequeños recorrían ayer las calles del centro de Bucaramanga, caracterizados como personajes de otra época y recreando pasajes de la fundación de la ciudad, más de un transeúnte se detuvo a observar la escena. Algunos sonrieron; otros aprovecharon para preguntar qué estaba ocurriendo, y no faltaron quienes terminaron evocando anécdotas de la ciudad que habían escuchado de sus abuelos.
Porque conocer el pasado también puede ser una aventura. Y cuando la historia se aprende caminando, recorriendo los lugares donde ocurrió y sintiendo el latido de una ciudad que aún conserva sus huellas, el amor por las raíces deja de ser una lección para convertirse en una experiencia que permanece en la memoria.














