En el barrio Provenza de Bucaramanga, los jóvenes aprenden y se divierten con el juego del ajedrez. ¿De qué se trata la actividad?

En el barrio Provenza, en la cuadra de la carrera 21B con calle 109, se desplegó la jornada ‘ajedrez al parque’, una movida que buscó mucho más que jaques y enroques.
Es más, el verdadero ‘jaque mate’ fue contra la apatía hacia la lectura crítica y la falta de espacios para fortalecer habilidades sociales en los jóvenes.
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Bajo la sombra de los árboles, 16 niños y niñas, entre los 6 y los 14 años, tomaron sus piezas como reyes y reinas de la jornada. Con alfiles que abrían diagonales de pensamiento y torres que levantaban muros de estrategia, los pequeños participantes comprobaron que el ‘deporte ciencia’ puede ser, además, un puente hacia el aprendizaje divertido y colectivo.
La iniciativa, promovida por el ingeniero Francisco Javier Jaimes Franco, planteó una modalidad de ajedrez educativo, donde cada jugada estaba acompañada por preguntas, reflexiones y ejercicios de interpretación. Como si cada movimiento del peón fuese también un paso en la comprensión de un texto, los niños entendieron que leer y jugar pueden formar parte de la misma partida.
Para Jaimes Franco, “el ajedrez es beneficioso en las aulas porque potencia habilidades cognitivas como la concentración, la memoria, la atención y la toma de decisiones; al mismo tiempo se desarrolla el pensamiento lógico, la planificación y el razonamiento analítico”.

El encuentro contó con la presencia estelar de dos jugadoras que ya son damas en el tablero nacional: Samantha Ortega, campeona sub 6 de Colombia, y Luciana Cupaban, subcampeona nacional de 11 años y representante del país en Estados Unidos. Ellas inspiraron a los demás a pensar más allá de la próxima jugada.
El título de la jornada fue para Nicolás Ortega, de 11 años. Su victoria fue más que un triunfo deportivo: simbolizó el potencial de una generación que se abre camino con disciplina y creatividad, moviendo piezas que construyen futuros.
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Así, entre risas, concentración y aplausos, el barrio Provenza, al sur de Bucaramanga, vivió una jornada distinta. Porque el ajedrez, lejos de ser un juego silencioso y rígido, se convirtió en una excusa para tejer comunidad y demostrar que la ciencia, la lectura y el pensamiento crítico también se disfrutan al aire libre.
Al final, los verdaderos ‘derrotados’ fueron el aburrimiento y el desencuentro; el resto ganó la partida.

Nota de la Redacción: En la actualidad se adelanta una campaña para recolectar tableros y juegos de ajedrez para llevarlos a las escuelas de escasos recursos económicos. Si quiere colaborar, usted puede comunicarse con el siguiente teléfono: 3162687807.









