En Santander, el tabaco no solo se cultiva: también se hereda. Detrás de este oficio artesanal, que aún resiste al paso de las máquinas, hay décadas de trabajo familiar y el sustento de cientos de hogares.

Publicado por: Selene Valencia
En una mesa de madera, las manos repiten un movimiento aprendido hace años: cultivar, secar, enrollar, ajustar, revisar y pegar. Así empieza el recorrido del tabaco en Santander, un oficio que se enseña de generación en generación.
La tabacalera Zafiro nació en 1947, fundada por Pedro Pinzón, un piedecuestano que, a sus 104 años, aún sigue al pendiente del negocio. Hoy, la tradición continúa en manos de su nieto, Pedro Pinzón Martínez, quien heredó no solo la empresa, sino también una forma de entender el oficio.
Con 79 años de historia, Zafiro ha sostenido su postura: mantenerse fiel a la producción artesanal. En lugar de reemplazar manos por máquinas, la empresa ha optado por preservar un trabajo que todavía depende de la destreza de quienes lo realizan. Esa elección no solo define la calidad del producto, sino que también sostiene el sustento de cerca de 400 familias que, desde Piedecuesta, mantienen viva esta labor milenaria.
De acuerdo con el Boletín Técnico de Exportaciones del DANE al 1 de abril de 2026, el grupo de productos agropecuarios, alimentos y bebidas —donde se incluye el tabaco— representó el 30,2% del valor total de las exportaciones del país en febrero de 2026.
En ese mismo mes, Colombia exportó 4.211,6 millones de dólares, una cifra que muestra un aumento del 11,4% frente a lo registrado en febrero de 2025.





















