Colombia
Lunes 03 de febrero de 2025 - 10:09 AM

La travesía de un bumangués en busca de Estados Unidos a pesar de ser encadenado y deportado

Rafael Reyes Borrero, es un bumangués que persiguió el “sueño americano” pese a dos deportaciones.

Pese a dos deportaciones, Rafael persiguió el sueño americano. Suministrada/VANGUARDIA
Pese a dos deportaciones, Rafael persiguió el sueño americano. Suministrada/VANGUARDIA

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Lo que comenzó como una travesía de ilusión, terminó siendo para Rafael Reyes Borrero una serie de desafíos imprevistos, que lo llevaron a enfrentar los rigores de la inmigración y las difíciles decisiones de la vida. Su relato es un testimonio de la vulnerabilidad, la perseverancia y las realidades del inmigrante que, entre errores y aciertos, busca construir una nueva vida en tierras extranjeras.

Este bumangués de 66 años de edad dialogó con Vanguardia y relató como desde los 28 años empezó su ilusión por conocer Nueva York, y con la bendición de sus padres y el apoyo de un amigo en Estados Unidos, partió un día de noviembre de 1987 con visa en mano y una enorme carga de ilusiones. Sin embargo, su llegada al país del ‘Tío Sam’ no fue tan fácil como se lo había imaginado.

“Mi mayor error fue llegar por Miami, porque es un puerto de entrada donde las cosas no son tan simples”, cuenta Rafael.

Al llegar al aeropuerto, la sorpresa no se hizo esperar. El temor a las preguntas imprevistas y la falta de dominio del inglés me pusieron en una situación incómoda y luego de una llamada a una prima, todo se puso más difícil, y me tuvieron retenido en la zona de inmigración. Poco a poco la ilusión fue desapareciendo porque me informaron que sería deportado a Colombia. ¿La razón? En la llamada mi prima dijo que iba era a trabajar, y no de turismo como había dicho de manera inicial, y por más que negué la información de mi prima, ya el trámite no dio pie atrás. Lea también: Petro pidió suspender vuelo con deportados provenientes de Estados Unidos y Panamá

Y tal como se ve en las recientes imágenes del trato que de dan a los migrantes indocumentados que son deportados, en esa época también salíamos con esposas en las manos, desde el aeropuerto hasta el avión, y así hasta llegar a Bogotá para hacer el ingreso al país había que pasar por el DAS, en esa época, actualmente Migración.

Atravesé el Río Bravo

Valla fronteriza de El Paso, Texas, sitio concurrido por los migrantes para llegar a Estados Unidos.
Valla fronteriza de El Paso, Texas, sitio concurrido por los migrantes para llegar a Estados Unidos.

No obstante, Rafael no se rindió. Su espíritu perseverante lo llevó a intentar nuevamente y no pasó sino una semana cuando nuevamente lo intenté, pero esta vez me fui hasta Cali y de allí volé rumbo a México, donde, con la ayuda de ‘coyotes’ y el pago de una considerable suma, crucé el Río Bravo y logré ingresar a los Estados Unidos, pero esta vez llegué a los Ángeles y después a San Diego.

Allí trabajé en lo que saliera, es decir, lavando carros, en restaurantes, en hoteles porque el objetivo era ahorrar lo que más se pudiera para enviar dinero a Colombia. La meta era comprar un apartamento y brindar mejores condiciones a mis hijas, que para la época ya eran dos. También puede leer: Petro enviaría cruceros para traer migrantes deportados de Estados Unidos

Sin embargo, recuerda Rafael que la felicidad se borró de su rostro, porque en una redada, me cogieron, pero dije que era mexicano, entonces la deportación fue a México, en donde estuve en dos cárceles hasta que tuve que buscar ayuda de la embajada colombiana, y nuevamente de regreso a Colombia por Bogotá y de ahí nuevamente a Bucaramanga.

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Ya para esa época, es decir como en el 2005, volví a trabajar en el negocio de mis padres, pero siempre el “gusanito” del sueño americano seguía latente, pero esta vez con una perspectiva más madura sobre los sacrificios y las dificultades que conlleva migrar a otro país.

En busca de la legalidad

Luego de ir y venir de manera legal en varias oportunidades con mi pareja, en el 2019 decidí viajar solo y “quemé la visa” por así decirlo, porque me quedé más del tiempo permitido. Suministrada/VANGUARDIA
Luego de ir y venir de manera legal en varias oportunidades con mi pareja, en el 2019 decidí viajar solo y “quemé la visa” por así decirlo, porque me quedé más del tiempo permitido. Suministrada/VANGUARDIA

Sin desconocer todo lo que le tocó vivir durante su estadía en Estados Unidos, ya con unos años más de vida y animado por su nueva pareja sentimental, en 2015 Rafael vuelve a ilusionarse con volver a Norteamérica.

“Decidimos buscar la cita en la embajada y para alegría de los dos, a mi pareja se la dieron de manera inmediata y luego de surtir un trámite legal recibí el perdón, y volví a tener visa para los próximos 10 años, es decir, se vence este año”, menciona Rafael. También puede leer: EE.UU. deportará a 2.000 colombianos: sanciones a los colados en la final de la Copa América

Pero por mi terquedad, luego de ir y venir de manera legal en varias oportunidades con mi pareja, en el 2019 decidí viajar solo y “quemé la visa” por así decirlo, porque me quedé más del tiempo permitido. Nuevamente me puse una meta de ahorro y en esta oportunidad ya conté con la ayuda de mi hermana que vive en Miami, y comencé a trabajar en hoteles de mesero, atendiendo eventos, limpiando, y en todas las labores que se requerían, y de esta manera mensualmente enviaba dinero que administraba mi hija mayor, relata Rafael.

En Estados Unidos se gana bien y es un país que ofrece oportunidades, pero ya por mi edad y también por mis padres, que son adultos mayores, en 2024 decidí regresar y ahora si para quedarme ya que con lo que ahorré me compré un apartamento, que es donde vivo, y además ahora trabajo con mi carro.

Ya no se gana como antes

“Dios ha sido generoso conmigo. La migración es dura, llena de riesgos y sacrificios. No todo es como lo pintan”, dice Rafael. Suministrada/VANGUARDIA
“Dios ha sido generoso conmigo. La migración es dura, llena de riesgos y sacrificios. No todo es como lo pintan”, dice Rafael. Suministrada/VANGUARDIA

Rafael Reyes Borrero, dice que vivir el “sueño americano” ya no es como antes, porque anteriormente no habían tantos migrantes en Estados Unidos y el trabajo se pagaba muy bien; hoy en día con la llegada de muchos colombianos y venezolanos la paga es menos (en algunos lugares a los meseros les pagan entre 15 a 18 dólares la hora; en construcción depende del empleador puede ser entre 13 y 17 dólares por hora) y por eso hay que tener varios trabajos para vivir tranquilamente. Puede leer: Presidente Petro comparó a Donald Trump con Hitler por el trato a los migrantes

Lo que ofrece Estados Unidos es que es fácil desplazarse de un lado a otro, obviamente, es indispensable tener vehículo, y además hay muchos parques y sitios turísticos para visitar.

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Recuerda Rafael que durante los años que vivió, pese a no tener documentos, nunca tuvo inconvenientes y fue tratado bien, incluso en la época del Covid me enfermé y en un hospital me prestaron toda la atención médica necesaria; eso sí luego tuve que pagar la cuenta por no tener seguro, pero no sentí ningún tipo de discriminación.

Cree que la consigna es siempre trabajar honestamente y cumplir con todo lo que dice la ley, porque allá hasta pasarse una luz en rojo es un delito.

“Dios ha sido generoso conmigo. La migración es dura, llena de riesgos y sacrificios. No todo es como lo pintan”, dice Rafael.

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