El testimonio ante la Fiscalía revela quién planeó todo, cómo lo ejecutaron y qué pasó con las pruebas del atentado contra Miguel Uribe.

Publicado por: Redacción Nacional
Desde el Búnker de la Fiscalía, sin vacilar y con tono sereno, Katerine Andrea Martínez, conocida como alias Gabriela, narró detalladamente el horror detrás del atentado contra el senador y precandidato presidencial Miguel Uribe Turbay. Sus declaraciones, reveladas en exclusiva por Semana, dejaron sin aliento incluso a los investigadores más curtidos.
Alias Gabriela, según cita la revista, relató que conoció a Élder José Arteaga Hernández, alias el Costeño, en un bar del centro de Bogotá. “Era sicario y me ofreció trabajar con él, me dijo que para llevar encargos, que yo no me iba a exponer, que me daban lo de los transportes y que me pagaban por esto”, declaró ante las autoridades.
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Desde ese momento, pasó de ser modelo webcam a mensajera del crimen. Para el atentado a Uribe, su rol fue clave: entregó el arma, acompañó al menor de edad reclutado para disparar y presenció todo.
Gabriela, dice Semana, aseguró que alias el Costeño le ofreció pagarle dependiendo del resultado del atentado: “Si moría, me pagaba $10 millones. Si no se moría, me pagaba 600 o 700 mil pesos”.
Pero lo más macabro fue cómo eligieron al gatillero: “Me dijo que si lo podía conseguir, que le ofreciera 100 o 150 millones de pesos, que solo tenía que disparar y entregarse a la Policía... Me dijo que debía tener entre 14 y 16 años, porque si estaba por cumplir los 18 podía sufrir cárcel”, reveló.
El menor, según su testimonio, fue reclutado bajo la promesa de recibir 20 millones de pesos, una cifra que nunca llegó. “Me contó que esta era una vuelta suicida, porque había una de dos: el chico disparaba y lo mataban ahí mismo, o alcanzaba a huir por la misma cuadra donde había entrado”.
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La joven también fue quien transportó el arma homicida. Detalló cada paso: la recogió, la escondió en una bolsa de un reconocido supermercado, luego la escondió entre la pretina del pantalón y finalmente la entregó en un Spark gris en Modelia, especificó el citado medio tras conocer el testimonio de alias Gabriela.

“Yo la tomé por la parte de arriba, no por el mango, porque me dijeron que no tenía seguro. Se la entregué a Élder”, relató.
Ya en el carro Spark, entregó el arma al Costeño, quien procedió a cargarla y dar instrucciones precisas al menor: “Élder le dijo... todos (los disparos) a la cabeza. El muchacho le contestó: ‘Le voy a dar uno o dos en la cabeza y me voy’. Élder le dijo que no, que eran mínimo tres o cuatro y que si se lo tenía que descargar todo, que para eso tenía munición”.
Gabriela, cita Semana, describió con precisión al menor que disparó: pantalón con calcomanías, chaqueta negra, gorra roja, celular con forro blanco. “Estaba eufórico, contento. Decía: ‘Le voy a pegar todos en la cabeza’”.
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Antes de bajarse, se despidió: “El chico me dio la mano, se despidió de Élder, y él le dijo: ‘Con fe, manito’”.
El engaño fue total. Al adolescente le prometieron que una moto lo recogería o que el Spark estaría esperándolo tras los disparos. “Le dijeron que tenía cinco minutos para escapar, porque supuestamente la Policía estaba con ellos... pero eso era mentira”, afirmó.
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Una de las revelaciones más contundentes es lo que pasó con el celular del menor sicario. “Estaba en el asiento del copiloto. También estaban su gorra roja y su chaqueta negra”, dijo Gabriela, según citó Semana
Luego, alias el Costeño ordenó su destrucción: “Le dijo al venezolano que le sacara la sim, que lo reseteara, que lo vendiera o que lo botara”.
Tras el atentado, el Costeño reveló a Gabriela que planeaban eliminar al conductor del Spark, Carlos Eduardo Mora, y al menor. “Dijeron que necesitaban acabar con la cola, que primero iba a ser el venezolano del Spark gris porque era muy chismoso y luego el menor de edad”, narró.
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El plan de fuga de alias Gabriela, reveló la revista, fue también orquestado por el Costeño. “Me dijo que me fuera para Florencia, que allá podía estudiar lo que yo quisiera… un curso de drones o de francotirador, que esos cursos eran con la guerrilla”, contó.
La Fiscalía ya identificó un punto clave en Caquetá: El Para, en Solano, antiguo fortín de las Farc y zona bajo influencia de la Segunda Marquetalia. El vínculo entre los autores materiales e intelectuales del atentado aún se investiga.

Alias Gabriela fue capturada en Florencia, dentro de un bar. Así lo relató ella misma: “Un oficial se me acercó y me dijo que yo tenía una orden de captura. Me dijo que era por tentativa de homicidio, porte ilegal de armas y uso de menores. Me desmayé”.
Su testimonio, más allá de las confesiones, revela cómo operan estas bandas, cómo manipulan a jóvenes vulnerables y cómo planean a sangre fría asesinatos políticos. Su declaración podría ser clave para llegar a los autores intelectuales del atentado contra Miguel Uribe Turbay.















