Denuncias recientes, falta de protección y nuevos indicios de seguimiento rodean el crimen ocurrido en el Valle del Cauca.

Publicado por: Danilo Cárdenas
El director seccional de la Dian en Tuluá, Gilberto Jesús Calao, asesinado el pasado 18 de diciembre, había advertido sobre presuntas irregularidades en cobros de impuestos y había puesto denuncias ante la Fiscalía, según confirmó su hermana, Claudia Calao.
De acuerdo con su testimonio, el funcionario detectó solicitudes de reposición de cobros de IVA sustentadas con información ficticia y alertó a las autoridades competentes. Incluso, una semana antes de su asesinato, Calao se reunió con los directores seccionales de la Dian a nivel nacional para informarles sobre la situación que se estaba presentando.
El crimen ocurrió cuando el funcionario se dirigía a su lugar de trabajo. Como parte de su rutina diaria, se detenía en un local para comprar arepas antes de llegar a la sede de la Dian. Ese día, los sicarios lo estaban esperando y le dispararon en cuatro ocasiones. Aunque fue trasladado a un centro asistencial, falleció antes de recibir atención médica.

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Cámaras y labores de inteligencia apuntan a seguimiento previo en Tuluá
Según explicó su hermana, recientes averiguaciones de inteligencia indican que los responsables lo tenían vigilado. Las autoridades cuentan con grabaciones de cámaras de seguridad que registraron la llegada de los sicarios a Tuluá desde Cali hacia las 4:00 de la mañana del jueves, lo que refuerza la hipótesis de un seguimiento previo.
Gilberto Calao llevaba 16 años vinculado a la Dian y desde hacía siete años se desempeñaba en la seccional de Tuluá. Su familia sabía que se trataba de una zona con riesgos de seguridad, razón por la cual el funcionario tomaba precauciones adicionales en su día a día.
Familia denuncia falta de protección tras advertencias del director de la Dian
Pese a las denuncias interpuestas, su hermana aseguró que no se le asignó ningún esquema de protección. Señaló además que su rutina era predecible: se movilizaba en su vehículo particular, llegaba a la oficina hacia las 6:00 de la mañana y regresaba a su vivienda en horas de la tarde. Los fines de semana solía viajar a Bogotá, donde reside su familia.
Para sus allegados, el crimen ha sido especialmente doloroso debido a que recientemente habían celebrado que el funcionario superó un cáncer tras dos años de tratamiento médico. “Hace dos meses le dieron remisión porque ya estaba bien”, relató su hermana.
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En Bogotá lo esperaban sus dos hijas, de 25 y 23 años. Mientras avanzan las investigaciones, la familia insiste en que el asesinato ocurrió en medio del cumplimiento de sus funciones y reclama esclarecimiento de los hechos.














