domingo 31 de marzo de 2019 - 12:00 AM

Pescadores de ‘La Playa’, morir abajo de la represa

Luego de la construcción de Hidrosogamoso, el estilo de vida de los habitantes aguas abajo de la represa cambió. Ahora, la lucha es por sobrevivir ante la escasez de oportunidades.
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A tan solo un kilómetro de distancia del Puente Sogamoso se ubica el cacerío ‘La Playa’, jurisdicción de Betulia, Santander.

Allí, la lucha de los cerca de 600 pobladores que se resisten a marcharse y dejar atrás sus hogares es la misma todos los días: buscar alternativas para no morir de hambre ante la escasez que trajo la construcción de uno de los proyectos más ambiciosos de la región, Hidrosogamoso.

Del lugar, conocido históricamente por la abundancia de peces y la calidad de los mismos, solo quedan los recuerdos de lo que antes era una pesca exitosa que alcanzaba para alimentar a las familias e incluso para comercializar. Para todos había.

Pero hoy, la contaminación del río, los bajos niveles de oxígeno del mismo y las ‘atajadas’ de los mejores ejemplares que quedan atrapados en la parte superior de la represa, tienen en zozobra a los pescadores y sus familias, quienes no encuentran forma de solventar la crisis.

Ello, sin contar que los cultivos de yuca, plátano y maíz quedaron convertidos en pantanales ante las constantes inundaciones que genera la apertura de las compuertas por parte de Isagén.

Si bien la empresa asegura que hace previo anuncio de dichas actividades, los pobladores insisten en que ellos se enteran “cuando el agua está encima y todo se inunda”.

Lo que antes era el sustento de cientos de habitantes que ‘echaron raíces’ en aquel humilde cacerío, ahora está convertido en un criadero de mosquitos que pone en riesgo la salud de niños y adultos.

En ‘La Playa’ ya no viven de la pesca, ni siquiera consiguen lo mínimo para alimentar a sus pobladores y lo poco que da el río llega en malas condiciones.

Pero solo les queda dos opciones: comer ejemplares contaminados y de bajo peso o “morir de hambre porque no hay más”.

Disputa por la comida

El hambre es tal vez el común denominador de los pescadores que ahora se sientan a la orilla del río, con lágrimas en los ojos, a recordar aquellas épocas de abundancia, cuando el Sogamoso llevaba vida en su corriente.

“Hace 25 años el río daba para los 600 pescadores de acá y para más. Pescábamos hasta para los campesinos de los otros municipios que llegaban para intercambiar alimentos. Ahora ningún finquero baja porque no hay comida ni para nosotros, menos para darle a ellos. Nos acabaron el pescado y nos mataron el río”, aseguró Mario Mejía Mantilla, quien lleva casi 70 años en el cacerío, viviendo de la pesca.

Pero la situación empeora para los niños, adultos mayores y para las mujeres que antes se dedicaban a la venta del pescado que sacaban sus esposos y que ya no tienen de qué vivir.

“Es muy triste darse cuenta que al río lo mataron y nos mataron a nosotros también, porque el río nos daba el sustento y la comida de todos los días. Si nuestros esposos no se van, nos toca aguantar hambre, la hidroeléctrica nos destruyó todo. Isagén dice que estamos bien y no es verdad, no hay pescado suficiente, si sacamos tres o cuatro es mucho, esto es muy duro”, explicó Deisy Marcela Díaz Calderón, vendedora de pescado y madre de dos niños.

Ya las canoas que durante años recorrieron el portentoso Sogamoso y que cargaron cientos de ejemplares de gran tamaño, se hunden y se deterioran a la orilla.

Sacarlas no tiene sentido. Solo seis o siete pescadores insisten, pero la suerte no les sonríe, como el caso de Wilson Pérez Ramírez, quien sale desde la noche hasta la mañana a lanzar la atarraya.

En más de doce horas de trabajo en medio del frío de la noche, solo logra una pesca de un poco más de 30 ejemplares, ninguno grande.

“Estamos en temporada de pesca y en un recorrido de estos, antes de la represa, sacábamos 200 o 300 pescados, ahora, máximo sacamos 60 y el tamaño es pequeño. Antes el río era libre y los peces subían, intentamos sobrevivir con lo que hay. Pero Isagén no nos deja pescar en la parte de arriba de la represa, también nos sacó de allá”, indicó el pescador.

Migrar o morir

Durante cuatro años Ana Milena Aparicio Niño le insistió a su esposo para que resistiera y no se fuera, dejándola sola con los niños.

Pero la crisis se volvió insostenible, el río había dejado de ser la fuente de sustento y para sobrevivir la única alternativa era marcharse, buscar trabajo lejos de casa.

“A algunos vecinos los están obligando a vender para sacarlos de sus casas, hay personas que llevan toda la vida acá y las quieren sacar. Nuestros esposos se tuvieron que ir, buscar trabajo en lo que sea para conseguir un poco de comida. Ahora, muchas son madres solteras haciendo lo posible para mantener a los hijos”, dijo la mujer, quien espera la llegada de su esposo con la esperanza de que en algún momento regrese la abundancia.

Pero la situación no es diferente para Rubiela Amaya Melgarejo, quien recuerda que después de la contrucción de Hidrosogamoso todo es tan crítico que el comercio colapsó hasta desaparecer.

“A muchos les tocó irse porque el río no da, todo subió, hasta las tiendas cerraron. Acá todos somos pobres y la gente se aprovecha de eso, los que vivimos acá no tenemos plata y ya ni tenemos comida”, señaló Amaya.

Con los pocos años que le quedan de vida, como dice don Mario, la nostalgia lo golpea al pensar en el futuro de los más jóvenes y que, probablemente, no podrán crecer donde ellos lo hicieron.

“No nos sacó la guerrilla, no nos sacaron los paramilitares, no nos sacó la guerra, pero nos está sacando el Gobierno y las multinacionales”, sentenció mientras las lágrimas recorrían su rostro.

El ‘gran’ Sogamoso, perdido por la contaminación
Casi como si fuera la ‘crónica de una muerte anunciada’ para el Sogamoso, el ingeniero químico y docente de la Maestría de Ciencias y Tecnologías Ambientales de la Universidad Santo Tomás, Jairo Puente Brugés, ya había advertido, desde años atrás, lo que podría pasar.
“Desde antes de la construcción de la represa ya habíamos advertido de lo que ocurriría. Con los estudiantes de la maestería hacemos mediciones de oxígeno aguas arriba y aguas abajo de la represa. Aguas abajo, más específicamente en el caserío ‘La Playa’, encontramos que los niveles de oxígeno son muy bajos. La norma en Colombia indica que son cuatro miligramos por litro, y ahí, hay menos de dos”, explicó el ingeniero.
Según Puente Brugés, esta es una de las razones por las cuales no es posible el desarrollo de los peces, sumado a los altos niveles de contaminacación, dado que el Sogamoso recibe las aguas de los ríos Chicamocha y Suárez.
“Eso coincide con lo que los pobladores dicen de que solo sacan peces pequeños. Como los que hemos visto en los últimos años, son muy diferentes a los peces de antes que eran grandes. Esto afecta a los pescadores que viven de dicha actividad. Además, cuando abren las compuertas, los pobladores sufren inundaciones. Los campesinos se quejan de que la humedad aumentó y eso hace que bajen las cosechas”, agregó el experto.
Así mismo, el ingeniero señaló que Hidrosogamoso se convierte en uno de los mayores emisores de gases de invernadero, uno de los causantes del cambio climático, y por ello las hidroeléctricas no son consideradas como energías limpias.
“En EE.UU., entre 1912 y 2018, derribaron 1.578 represas porque no encontraron cómo recuperar el río y afectaba a los pescadores. En Colombia, hay muchas personas que tienen una idea desactualizada de desarrollo, los únicos países que construyen represas, son países atrasados”.
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