En el corazón de Palmar una ceiba de 31 metros de altura domina el paisaje y la apuesta turística del municipio. Alrededor de este árbol, la comunidad busca posicionar al territorio como un refugio de tranquilidad y conexión ambiental.

El municipio de Palmar, en la provincia Comunera, empieza a consolidarse como un destino para quienes buscan experiencias de turismo de naturaleza, tranquilidad y ‘desconexión’.
A unas cuatro horas de Bucaramanga, este pueblo ha encontrado en uno de sus árboles más emblemáticos una oportunidad para contar su historia y proyectarse como referente en el turismo de naturaleza.
En el centro del parque principal se levanta una ceiba de 31 metros, con 13 raíces bien desarrolladas y un diámetro de 5,1 metros, que se ha convertido en un punto de encuentro para la biodiversidad y las apuestas turísticas.
Alrededor de este árbol, la comunidad ha tejido relatos, prácticas culturales y nuevas formas de atraer visitantes. Efraín Francisco Rondón, guía profesional de turismo, gestor cultural y vigía de patrimonio del municipio, llegó a Palmar en el 2000; su vínculo con el territorio lo llevó a enfocarse en el turismo.
Ubicado a 140 kilómetros de Bucaramanga y a solo 30 minutos del Socorro, El Palmar ofrece una alternativa distinta dentro del mapa turístico del departamento.
“Primordialmente vamos enfocados hacia un turismo ‘slow travel’, los viajes lentos con enfoque comunitario, rural y agroturístico. No somos un operador tradicional, sino un turismo más personalizado y consciente con el medio ambiente”, agrega Rondón.
En Palmar apuestan por el avistamiento de aves, el senderismo y las experiencias gastronómicas. Y desde hace algunos años persiguen la idea de que la ceiba que ha acompañado por siglos a la comunidad sea declarada como patrimonio por su valor natural, histórico y cultural.

Una ceiba que conecta historia, naturaleza y comunidad
La ceiba del parque principal es un símbolo que, según relatos históricos que reposan en la Parroquia Nuestra Señora de los Dolores y la tradición oral, ha acompañado el desarrollo del municipio desde sus orígenes.
“Se dice en los escritos de la parroquia que cuando se constituyó el primer asentamiento urbano en 1754, se edificó la población alrededor de un árbol. Entonces, deducimos que tiene más de 300 años aproximadamente”, señala Efraín Rondón.
Además de su valor histórico, este árbol también está rodeado de creencias y prácticas culturales. “Se dice que tiene una cosmología y que conecta el inframundo con el cielo y la tierra. También era un sitio de rituales de nuestros ancestros guane”, explica.
Incluso, en el imaginario colectivo del municipio se le atribuyen propiedades relacionadas con la fertilidad y la prosperidad. “Ya hay dos casos de mujeres que no podían tener hijos y, según los relatos de la comunidad, después de realizar rituales asociados al árbol, lograron ser madres”, añade.
Diego Suescún Carvajal, docente del programa de Ingeniería Forestal de la Universidad Industrial de Santander (UIS), la describe como un ejemplar excepcional.
“Es un árbol majestuoso, imponente. En el país hay muchos municipios que tienen una ceiba pentandra sembrada en su parque porque fue un árbol insignia en la época en que se fundaban los municipios. Es una ceiba supremamente grande, muy hermosa, un árbol bastante grueso y una ceiba que se destaca por encima de muchas otras”, dice el experto.
Su copa proyecta sombra de hasta 50 metros en sentido oriente-occidente, lo que la convierte en un elemento dominante del paisaje urbano. Pero, más allá de su estructura, es un ecosistema en sí misma.

“En términos ecológicos, alberga alrededor de 12 plantas epífitas (que viven sobre los árboles), como orquídeas, bromelias, cactus, helechos, enredaderas e incluso una pequeña palma que crece en esta ceiba”, detalla el docente.
Además, se han registrado 49 especies de aves asociadas a la ceiba, lo que representa el 2,5 % de todas las especies de aves de Colombia. “Entre las aves más comunes o más representativas están las que cantan, que tienen un canto verdadero. De esas especies de aves, algunas tienen categoría de amenaza en preocupación menor, por lo que son aves interesantes para los observadores y los ornitólogos. Encontramos guacharacas, tortolitas, el cuco ardilla, cuatro especies de colibríes, gavilanes, pájaros carpinteros, periquitos, hormigueritos, trepadores, el famoso bicho-bicho-fue, el chirirí, entre otras”, agrega el docente investigador Diego Suescún.

Turismo de naturaleza con identidad local
El interés por este árbol ha empezado a traducirse en visitas. Según Efraín Rondón, cada vez más turistas llegan al municipio motivados por conocer la ceiba.
“Ya hay personas que van directamente a hacer el ritual y a conocerla. También buscan llevarse una fotografía y luego recorrer el municipio”, afirma.
Sin embargo, la experiencia turística en El Palmar combina naturaleza, historia y cultura, que se complementan con otros atractivos.
Entre ellos se encuentran la cascada Chorro Alto, la quebrada La Vega y la quebrada La Cinco Mil. El ambiente del municipio también juega a su favor. “Es un lugar muy tranquilo. Es un destino ideal para personas que buscan descanso y paz”, agrega.
El proceso para declarar la ceiba como patrimonio natural y cultural permitiría, según los expertos, fortalecer su protección y consolidar el turismo alrededor de ella.
“El objetivo es construir un acuerdo municipal para su declaratoria, con base en estudios técnicos y en la apropiación social de la comunidad”, explica Rondón.
Ese es el mismo objetivo que persiguen los estudios que adelanta la UIS, sede Málaga. “Lo que nos incentivó a apoyar esta iniciativa de declaratoria de un árbol patrimonial es que desde el programa de Ingeniería Forestal nos gusta trabajar por la conservación de estos árboles, que son patrimoniales, majestuosos y antiguos. Desde el semillero de investigación Los Cloroplastos hemos venido trabajando en esta iniciativa”, indica el docente Suescún.
De lograrse esta declaratoria, el municipio espera acceder a recursos para su conservación y desarrollar nuevas estrategias de turismo sostenible.
“El turismo de naturaleza está cogiendo mucho auge. Ya hay personas que pagan por conocer árboles emblemáticos. La ceiba puede convertirse en un referente para atraer visitantes”, concluye Suescún.
Sin embargo, desde ya se debe procurar la conservación de esta ceiba, cuyo estado fitosanitario, según el docente, se encuentra en el 80 %.
“A nivel de riesgos ambientales, debe enfrentar el cambio climático. Este año sabemos que viene una época de El Niño con altas temperaturas. Esto puede traer mortalidad para algunos árboles. Pero se puede controlar con riego constante; hay que estar pendientes”, expresa Suescún.
El cuidado por parte de la comunidad es otro de los retos por trabajar. “Ya estamos trabajando en eso para que no le pongan letreros, clavos o alambres. Con este proceso estamos generando más conciencia y la idea es que la comunidad nos ayude a cuidar el árbol”, agrega el experto de la UIS.
Las actividades de sensibilización ambiental y el trabajo en comunidad son claves para empezar con una declaratoria simbólica.














