Rigoberto Urán (Etixx-Quick Step) y Jarlinson Pantano (IAM Cycling) participaron en la fuga del día y terminaron cuarto y duodécimo en la fracción que ganó el británico Stephen Cummings.

Publicado por: EFE
“No pararé hasta lograr el sueño amarillo”. Nairo Quintana repite cada tarde esa frase, que se ha convertido en el eslogan de su candidatura al Tour de Francia y que ayer alimentó en la dura subida de Mende con un ataque brutal que tuvo como recompensa el segundo puesto de la general.
El colombiano del Movistar no pudo aventajar a Christopher Froome, el líder de la carrera, en los tres kilómetros de ascenso hasta la meta de Mende, cuya pendiente media era del 10%. Su ataque le permitió lograr unos metros de distancia, pero el británico, imperturbable, llegó a su rueda e, incluso, le sacó un segundo más en la general en el esprint final.
Pero Quintana consiguió distanciar en 29 segundos al estadounidense Tejay van Garderen y despojarle del segundo puesto, por lo que ya solo hay un escalón entre el colombiano y su sueño amarillo.
La fatiga
La carta de Quintana es que la combinación del cansancio acumulado y de la dureza que se avecina en los Alpes deje opciones a su motor de maratoniano en las duras subidas que quedan por delante. Quedan cuatro etapas de alta montaña y tres llegadas en alto, la última en el Alpe d’Huez en vísperas del paseo triunfal en los Campos Elíseos. Hasta esa jornada, en el Movistar de Quintana nadie da el Tour por acabado.
“Hemos visto que se puede seguir atacando y luchando para lograr los objetivos”, indicó el corredor de Boyacá, que promete nuevos ataques en los días venideros.
En Mende no habían programado un ataque, pero Quintana sintió que la fatiga del Tour iba mermando a los rivales y se lanzó.
“Una pena que no le metiéramos tiempo a Froome”, aseguró su compañero de equipo Alejandro Valverde, que a su ritmo superó a Contador y a Van Garderen y afianzó su cuarta posición en la general.
La etapa de Mende, junto a los ataques en el ascenso al Plateau de Beille, dieron esperanzas al equipo Movistar, que se ha convertido, con sus dos fichas, en el principal rival del líder.
“A quien más tengo que vigilar es a Quintana”, reconoció Froome, quien oculta su preocupación con un rostro de serenidad: “Estoy igual de forma que cuando gané en 2013, pero ahora tengo más experiencia y eso me hace estar más tranquilo”.
El británico se vio solo ante sus contrincantes, porque el equipo que le evitó tantos problemas en la última etapa pirenaica no soportó el ritmo de subida a Mende. El australiano Richie Porte, su más fiel escudero, fue víctima de un pinchazo y no pudo hacer el ascenso junto a su jefe de filas.
El británico Geraint Thomas tuvo un mal día y no pudo ayudar a Froome, y perdió el quinto lugar.















