La muerte de un reconocido motociclista abre interrogantes sobre los resaltos en las vías urbanas.

La reciente muerte de un motociclista volvió a poner sobre la mesa una discusión que divide a conductores, autoridades y expertos en movilidad: ¿los reductores de velocidad, conocidos popularmente como “policías acostados”, realmente salvan vidas o, por el contrario, pueden convertirse en un factor de riesgo cuando no son advertidos a tiempo?

El trágico siniestro ocurrió en el barrio Villabel, en Floridablanca, frente al establecimiento Azul Cielo. La víctima, un reconocido aficionado a las motocicletas de alto cilindraje, perdió la vida tras sufrir una aparatosa caída.
Según la información preliminar, el motociclista transitaba por el sector cuando, por causas que aún investigan las autoridades, no alcanzó a advertir un reductor de velocidad. Al pasar sobre el resalto perdió el control de la moto, salió expulsado y cayó violentamente sobre el pavimento. El fuerte impacto le ocasionó un trauma craneoencefálico severo. (Le puede interesar: Video del trágico accidente de Freddy Rivero Vargas, reconocido piloto y apasionado por las motos)
Se reabre el debate

Aunque las autoridades deberán establecer las causas exactas del siniestro, el caso reabrió la controversia sobre estas estructuras, frecuentes en las vías del área metropolitana.
Los reductores de velocidad están contemplados en la normatividad como una medida para mejorar la seguridad vial. Su instalación está autorizada siempre que responda a criterios técnicos y cuente con la correspondiente señalización horizontal y vertical. Habitualmente se ubican cerca de colegios, hospitales, parques, zonas residenciales y corredores con alta accidentalidad o exceso de velocidad, con el propósito de obligar a los conductores a reducir la marcha.

Para muchos habitantes de barrios residenciales son una necesidad. “No hay otra forma de hacer que algunos conductores respeten los límites de velocidad. Si no estuvieran esos resaltos, muchos pasarían como si estuvieran en una autopista”, afirma un residente de Villabel.
Padres de familia consideran que, especialmente frente a instituciones educativas, estos dispositivos representan una protección adicional para niños y peatones. A ello se suman expertos en seguridad vial, quienes recuerdan que reducir la velocidad disminuye la gravedad de los accidentes y aumenta las posibilidades de supervivencia en caso de atropello.
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La otra cara de la moneda
Sin embargo, no todos comparten esa visión. Conductores, motociclistas y transportadores sostienen que muchos resaltos terminan convirtiéndose en obstáculos instalados sin criterios uniformes.

Las principales críticas apuntan a la falta de señalización, las diferencias de altura entre reductores y la escasa visibilidad de algunos durante la noche o cuando llueve.
“Hay reductores que prácticamente aparecen de un momento a otro y, siendo sinceros, no dan tiempo para reaccionar. Si uno no conoce la vía o la iluminación es deficiente, el riesgo aumenta, sobre todo para quienes se movilizan en motocicleta”, señala el conductor Julio Arbeláez.
También se cuestiona que algunos resaltos sean construidos por comunidades o particulares sin cumplir especificaciones técnicas, además de los daños que pueden ocasionar a los vehículos y las demoras que generan para el transporte público y los organismos de emergencia.
Especialistas en movilidad coinciden en que un reductor de velocidad, por sí solo, no garantiza la seguridad vial. Su efectividad depende de una correcta ubicación, buena iluminación, señalización visible, pintura reflectiva y un diseño ajustado a las normas técnicas. A ello se suma la responsabilidad de los conductores de respetar los límites de velocidad y conducir con atención.

El accidente de Villabel recuerda que la seguridad vial no depende de una única solución. Para unos, los “policías acostados” han evitado innumerables tragedias al obligar a disminuir la velocidad en sectores críticos; para otros, cuando carecen de señalización o no cumplen criterios técnicos, representan un riesgo adicional, especialmente para motociclistas y conductores que desconocen la vía.
Mientras avanza la investigación sobre este caso, el debate sigue abierto. Lo cierto es que cualquier medida para proteger la vida en las vías será efectiva solo si va acompañada de infraestructura adecuada, señalización suficiente y una conducción responsable. ¿Y usted qué opina del tema?

















