Las aves hacen parte de la vida cotidiana de Bucaramanga, aunque muchas veces pasan desapercibidas entre el ruido y el cemento. Conocerlas permite acercarse a la biodiversidad de la ciudad y entender qué tan favorable es este territorio para las especies que todavía lo habitan.

En medio del ruido de los carros, el cemento, las luces y el crecimiento de la ciudad, Bucaramanga conserva una vida que muchas veces pasa desapercibida. Está en los árboles de los parques, en los pequeños fragmentos de bosque, en las zonas cercanas a las quebradas y hasta en una farola de Neomundo donde una pareja de aves encontró un lugar para construir su nido.
Mirarlas también permite entender cómo ha cambiado el territorio y qué tan difícil resulta para algunas especies encontrar un espacio dentro de la ciudad.
Fernando Cediel, biólogo y presidente de la Sociedad Ornitológica del Nororiente Andino - SONORA, propone mirar Bucaramanga a través de sus aves para comprender esa relación.
La charla ‘Habitar Bucaramanga a través de las aves’, desarrollada en el marco de Ulibro, abrió un espacio de conversación sobre la conservación y sobre la relación que los habitantes tienen con las especies que comparten este territorio.
El biólogo también explicó que observarlas permite reconocer las amenazas que enfrentan y pensar en cómo hacer de la ciudad un lugar más favorable para ellas.
La ciudad transformó de forma profunda los ecosistemas que existían antes de su expansión y creó nuevas condiciones para la fauna. El aumento de las temperaturas, la fragmentación de los bosques, la contaminación y la pérdida de hábitat forman parte de esas transformaciones.
Las aves también tienen límites frente a estos cambios. Algunas especies consiguen aprovechar los recursos de la ciudad y otras desaparecen de los lugares que antes habitaban. Por eso, en los parques y zonas urbanas empiezan a dominar las especies capaces de tolerar el ruido, los vehículos, los edificios, las luces y la presencia de perros y gatos. Cediel explica que este proceso puede llevar a una homogeneización de la biodiversidad, lo que quiere decir que cada vez se encuentran especies más parecidas entre un parque y otro.
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Durante una pajareada en Bucaramanga se pueden registrar hasta 70 especies.
“La intención es entender cómo las aves habitan la ciudad y cómo nosotros nos relacionamos con ella y cómo todo lo que hacemos también, de cierta forma, se relaciona con la forma en la que las aves están en la ciudad. Porque si las aves están bien, nosotros también estamos bien. Esto es algo muy importante. Si la naturaleza está bien, nosotros también estaremos bien”, expresó el biólogo.
Aun así, la ciudad guarda una diversidad que puede sorprender. En un estudio realizado por SONORA en cinco áreas verdes de Bucaramanga, Floridablanca y Girón se registraron alrededor de 130 especies.
La diferencia entre estos espacios mostró la importancia del tamaño, el tipo de vegetación y el nivel de perturbación. En áreas como el Parque de la Flora y el Jardín Botánico Luis Valenzuela se encontró una mayor diversidad que en parques con mayor presencia de personas, ruido y menor vegetación.
Un muestreo posterior, con 98 puntos de observación desde el embalse de Tona hasta sectores urbanizados y los senderos hacia el Cerro El Santísimo, permitió registrar 200 especies.
Entre ellas aparecieron aves migratorias, especies endémicas y casi endémicas, además de una especie críticamente amenazada: el cucarachero del Chicamocha. Este último se ha convertido en uno de los proyectos bandera de SONORA.
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“Eso quiere decir que la ciudad está teniendo probablemente menos especies y está manteniendo especies diferentes que no se meten a los bosques y, viceversa, en los bosques hay especies que no se meten a la ciudad. Entonces, hay muchos cambios ahí”, dijo Fernando Cediel.

Cómo convertir una ciudad en un refugio
La contaminación lumínica y auditiva representa otro de los retos. Las luces nocturnas pueden alterar la alimentación, la migración, el apareamiento y los periodos de descanso de las aves.
En el caso de las especies migratorias, la luz puede desorientarlas cuando necesitan utilizar las estrellas para desplazarse. El ruido también modifica sus comportamientos: algunas aves urbanas deben cantar con mayor fuerza y frecuencia para hacerse escuchar entre el sonido de la ciudad.
Frente a este escenario, Cediel plantea que las ciudades pueden convertirse también en espacios para la conservación.
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Una de las principales acciones consiste en sembrar árboles nativos, que ofrecen recursos aprovechables por las aves de la región. A esto se suman la disponibilidad de agua y alimento, el fortalecimiento de las zonas verdes, la conectividad ambiental y la reducción de la contaminación lumínica y auditiva.
“Las ciudades presentan desafíos para las aves, pero eso no significa que sean una causa perdida. La idea no es solo satanizar las ciudades, sino también ver que las ciudades pueden convertirse en lugares interesantes para empezar a hacer conservación de fauna silvestre”, agregó el biólogo Fernando Cediel.
La convivencia también parte de acciones cotidianas. Salir a un sendero o a un parque con un parlante a alto volumen aumenta el ruido en lugares donde las aves ya enfrentan esa presión.
Para observarlas, una alternativa es escuchar sus cantos y permitir que el espacio conserve sus condiciones naturales. Incluso dentro de la ciudad hay oportunidades para conocerlas: Cediel ha encontrado colibríes frente a apartamentos y aves que aprovechan estructuras urbanas para buscar alimento o construir sus nidos.
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Una especie para conocer y conservar
Entre esas aves hay una que tiene un significado especial para la región. El cucarachero del Chicamocha. Es endémico de la cordillera Oriental, por lo que solo habita en esta zona de Colombia.
“Se considera que su población está decreciendo por varios motivos, entre esos la urbanización, pues cada vez nos metemos con la ciudad más en el hábitat donde ella vive”, explica Fernando Cediel.

El proyecto desarrollado por SONORA busca entender cómo la urbanización afecta a esta especie y cuáles son las condiciones que necesita para permanecer cerca de Bucaramanga.
“La huella humana en realidad está perturbando la forma en la que el cucarachero utiliza la ciudad, está amenazando al cucarachero, entonces probablemente cada vez que haya más actividades humanas en los sitios donde él está, él va a empezar a disminuir y a desaparecer”, sentenció Cediel.
Por eso, el proyecto busca que más personas conozcan esta especie y reconozcan su presencia en el territorio. La iniciativa incluye caminatas de observación, pajareadas con comunidades de lugares donde habita el cucarachero y talleres de creación artística para acercar a las personas a sus formas y a su canto.
















