Fútbol local
Domingo 20 de mayo de 2012 - 12:00 AM

“Necesitamos ídolos”

Era casi un niño y con pocos años de haber llegado a Bucaramanga, vivíamos en una casita en el barrio La Joya, blanca, tan blanca que a veces me parecía azul cielo. No había lujos pero era exactamente lo que mi mamá, mis hermanos y yo queríamos.

Publicado por: CHARLES FIGUEROA MENDOZA

Mi papá se había marchado y el cuidado de todos nosotros quedó en manos de Arley, apenas unos años mayor que yo. Dios sabe que jamás nos faltó la comida encima de la mesa, el colegio y uno que otro caprichito mío y de mis cinco hermanas, la otra ya tenía tres hijos y vivía en el lejano Tolima.
Fue precisamente en esa casita de La Joya, donde ‘conocí’ a quien años después habría de convertirse en el máximo ídolo en la historia del deporte Colombiano. Antonio Cervantes, un desgarbado boxeador nacido en San Basilio de Palenque, población desconocida hasta entonces, se convertiría en campeón mundial de boxeo por primera vez para Colombia. Se crió como embolador y vendedor de cigarrillos en el barrio Chambacú de Cartagena y a puño limpio se abrió camino en las dificultades de la vida. En esa casita de La Joya, a media noche salí a correr como poseído cuando en el octavo asalto ‘Pambelé’ noqueó a Antonio ‘Pepermint’ Frazer en el patio de su casa, en ciudad de Panamá. Era mi ídolo.
‘Pambelé’ hizo en total 21 combates de título mundial, manteniendo el rótulo de campeón en 140 libras por casi ocho años, una marca impresionante por la cual ha sido considerado como uno de los mejores boxeadores del mundo en todos los tiempos. En octubre de 1998 fue incluido en el Salón de la Fama del Boxeo. Lamentablemente su vida fuera del deporte ha estado signada por los escándalos y por su adicción a las drogas alucinógenas.
Después vinieron otros grandes boxeadores y el país entero se rindió a sus pies. El más recordado fue Rodrigo ‘El Rocky’ Valdéz, quien sucedió en elogios a ‘Pambelé’. Todavía los muchachos de entonces conservamos en la retina sus épicas batallas contra el Argentino Carlos Monzón en Montecarlo.
Opacado un poco el boxeo y necesitados de ídolos nos volcamos en el ciclismo que producía alegrías no solo a nivel continental sino también en el Viejo Continente. Desfilaron con orgullo nuestros pedalistas por carreteras de Francia, Italia y España, e inclusive Luis Herrera  ganó la vuelta Ibérica. El santandereano Alfonso Flórez, asesinado por la mafia en Medellín, ganó el Tour de L’Avenir en una batalla feroz contra el Ruso Sergueï Soukoroutchenkov. Eran nuestros ídolos.
De los ciclistas pasamos al fútbol con la selección Colombia dirigida por ‘Pacho’ Maturana. Era motivo de alegría verla jugar. Era delicioso la manera como el equipo colombiano derramaba magia en todos los estadios del mundo. Dios me permitió estar en Buenos Aires el 5 de septiembre de 1993, cuando humillamos 5 a 0 a la selección Argentina en el propio estadio Monumental de River ante más de 60.000 espectadores, es la mayor vergüenza para el fútbol argentino en toda su historia. Con decirles que los pocos colombianos presentes allí, lloramos viendo a los prepotentes argentinos aplaudir en silencio a Maturana y sus muchachos. También tuve la fortuna de estar en Milán el día del empate con Alemania, volvimos a llorar, eran nuestros ídolos.
Después de Faustino Asprilla, en Europa por fin volvimos a brillar con un futbolista, Radamel Falcao García. Debutó a los 13 años en el fútbol colombiano de la ‘B’, con Lanceros de Boyacá y a los 14 años marcó su primer gol profesional contra Cóndor. A los 19 se estrenó con la camiseta de River anotando dos goles contra Independiente. Comenzó la leyenda. Fue transferido al Porto donde ganó la Liga de Portugal siendo goleador y además lo sacó campeón de Europa. En la Europa League ya tiene un puesto en el salón de la fama como uno de los máximos anotadores de todos los tiempos. Consiguió 29 goles en dos años consecutivos llevando al Porto y al Atlético de Madrid al título. Es nuestro último ídolo, que Dios lo guarde.
Todavía recuerdo mi vieja casa de la Joya donde una noche de 1972, corría desesperado buscando un abrazo para festejar el título de ‘Pambelé’ pero todos estaban dormidos, solo recibí el regaño respectivo de Alicita que no entendía como este mocoso impertinente la había sacado de los brazos de Morfeo.

Publicado por: CHARLES FIGUEROA MENDOZA

Publicidad

Publicidad

Noticias del día

Publicidad

Publicidad

Tendencias

Publicidad