Maradona falleció el 25 de noviembre de 2020 a los 60 años, dejando un legado único en la historia del fútbol.

Han pasado cinco años desde que Diego Armando Maradona partió físicamente, pero su figura parece más presente que nunca. Cada 25 de noviembre, el planeta fútbol revive una fecha que dejó de ser un simple día del calendario para convertirse en ritual, el homenaje global a un hombre que cambió la historia del deporte, que tocó el cielo con los botines y se perdió mil veces fuera de la cancha, pero que aun así jamás dejó de ser amado.
Ese día, curiosamente, también falleció otra leyenda: George Best. Dos genios nacidos para jugar y condenados a convivir con sus propios demonios. Dos vidas paralelas que hicieron del talento una forma de arte… y del exceso, una ruta hacia la destrucción.
Un Diego irrepetible, incluso antes de ser Maradona
Diego no nació futbolista: nació fenómeno. A los 8 años ya brillaba en “Los Cebollitas” de Argentinos Juniors, un equipo infantil que encadenó 136 partidos invictos.
Diego Maradona and the ball ⚽️ pic.twitter.com/jxHSKX4rru
— 90s Football (@90sfootball) November 16, 2025
El pequeño de Villa Fiorito aprendió a gambetear antes que a escapar de la pobreza; la pelota fue su único refugio y, pronto, su pasaporte al mundo.
Debutó en Primera con apenas 15 años, fue el rey del fútbol argentino antes de cumplir 20 y marcó una época en Boca, Barcelona y, sobre todo, en Nápoles, una ciudad que encontró en él a su santo pagano. Con Diego, el Napoli ganó lo que nunca había ganado: dos Scudettos, una Copa Italia, una Supercopa y una Copa UEFA. Ningún otro jugador provocó un impacto social tan profundo en un club europeo.
En la selección argentina lo hizo todo: campeón del mundo en México 86, autor del gol más bello de todos los tiempos y también del más polémico. Diego convirtió un Mundial entero en una épica personal y cambió para siempre la relación entre un jugador y su país.

El derrumbe anunciado
Pero la otra cara de la historia también existió. Maradona convivió desde muy joven con la presión, la fama desbordada, los entornos tóxicos y la adicción. Su positivo por cocaína en EE. UU. 94 marcó un antes y un después, y él mismo reconoció que sus excesos arruinaron parte de su carrera.
“¿Sabes qué jugador hubiera sido si no hubiera tomado cocaína? ¡Qué jugador nos perdimos!”
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Su vida se volvió un espiral de médicos, tratamientos, recaídas y episodios que, con frecuencia, opacaban lo futbolístico. Aun así, Maradona seguía siendo Maradona: contradictorio, brillante, impredecible, cercano, explosivo. Un hombre que podía pasar de la oscuridad a la poesía en un segundo.

El adiós que paralizó al planeta
El 25 de noviembre de 2020 murió solo, víctima de un paro cardíaco, en una casa donde nunca encontró la calma que buscó durante años. Su despedida fue multitudinaria, caótica, emocional. Argentina lloró como se llora a un familiar, Nápoles como se llora a un rey.
Cinco años después, su ausencia sigue sin sentirse real. Sus frases, sus goles, sus peleas, sus contradicciones y sus milagros continúan presentes como si aún estuviera ahí, dispuesto a decir algo inesperado o a inventar una jugada imposible.
Diego dejó una sentencia que hoy resume mejor que nunca su legado: “La pelota no se mancha”.
La leyenda interminable
Maradona es eterno porque no fue solo un futbolista: fue un fenómeno cultural, un símbolo identitario, un espejo de virtudes y fragilidades humanas. Su genio convivió con sus sombras, pero ninguna consiguió borrar su luz. Es recordado, discutido, amado y criticado, pero nunca ignorado.

Cinco años después, el mundo ya no llora a Diego: lo celebra, lo revisita, lo cuestiona y lo sigue admirando. Porque hay jugadores que se retiran, jugadores que envejecen… y luego está Maradona, que todavía sigue gambeteando en la memoria colectiva.
















