Ola verde
Domingo 26 de julio de 2026 - 05:00 AM

Menos agua, menos producción: Así afecta el fenómeno de El Niño al campo santandereano

Reducción en la disponibilidad de agua en los suelos y fuentes hídricas, alteración en los ciclos de los cultivos y afectaciones en la productividad es el panorama que ‘pinta’ el fenómeno de El Niño. Expertos advierten impactos en cultivos de ciclo corto y costos de producción.

Marco Valencia /VANGUARDIA
Marco Valencia /VANGUARDIA

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En el café, la floración es un punto clave para empezar a soñar con el aroma de un tinto. Cuando los cafetos florecen, los caficultores pueden hacerse una idea de qué tan productiva será la cosecha. Entre más nudos haya, más cerezas se podrán cosechar, según la Federación Nacional de Cafeteros de Colombia.

Sin embargo, el fenómeno de El Niño podría estar entorpeciendo el proceso y provocar que los cafetales no se vistan de blanco durante esta temporada.

“Uno de los cultivos permanentes más sensibles es el café. Estas condiciones tienen un impacto importante porque las floraciones no se presentan de manera homogénea, lo que genera dificultades en la cosecha. Además, puede aumentar lo que se denomina grano de pasilla y se incrementa la presencia de algunos organismos que afectan el cultivo, como la broca del café”, explica Frank Carlos Vargas Tangua, biólogo y asesor de la Corporación Autónoma Regional de Santander (CAS).

Cortesía Federación Nacional de Cafeteros /VANGUARDIA
Cortesía Federación Nacional de Cafeteros /VANGUARDIA

El estrés hídrico se produce porque el suelo pierde humedad y no puede suministrar el agua que la planta demanda; sumado a las altas temperaturas, rompe la sincronía natural de los cultivos. Aunque el café es un tema sensible, los cultivos más afectados son los de ciclo corto: maíz, arroz, papa, hortalizas, soya y algodón; en ganadería, se afectan las pasturas. Así las cosas: menos agua, menos producción.

Sistemas de riego como goteo o microaspersión resultan eficaces.

“Afecta tanto los cultivos de ciclo corto como los anuales por el déficit hídrico. En los de ciclo corto se ven afectadas las etapas de germinación y de floración principalmente y, en los anuales, se ven afectadas la fase vegetativa y de crecimiento, además de la fase reproductiva y de llenado”, recalcan Jael Monroy Soto, directora ejecutiva de la Asociación Colombiana de Ganadería Regenerativa, ACOGANAR; y el ingeniero Juan Camilo Arteaga Villegas, miembro del departamento técnico.

El deterioro de los pastizales ante la escasez de agua también genera un impacto en el sector agropecuario, aumenta la incidencia de plagas y se encarecen los costos de producción.

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“Esto ocurre porque se deben implementar más insumos, comprar alimento suplementario para el ganado o, incluso, perforar pozos o crear sistemas de aprovechamiento de aguas lluvias que hasta ahora no existen en el territorio”, explica el biólogo de la CAS.

Cosecha de agua: captar y almacenar lluvia en lagos, represas o jagüeyes.

Ese impacto ya ha sido medido en eventos anteriores y permite dimensionar lo que podría venir para el campo santandereano.

“Lo que ha sido histórico es que los rendimientos agrícolas podrían llegar a reducirse entre un 20 % y un 50 %. En ganadería, el rendimiento podría tener una caída entre el 30 % y el 40 % en producción láctea, con pérdidas de hasta un kilo de peso diario por res”, explica Vargas Tangua, de la CAS.

Estas cifras se traducen en un golpe directo a la economía. Menos producción implica menores ingresos para los productores, pero también una posible presión sobre los precios y el abastecimiento de alimentos.

Entre 20 % y 50 % podría ser la caída en la producción de cosechas, o incluso haber pérdidas totales.

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“Principalmente afecta el establecimiento del cultivo y el feliz término del mismo, ya que al haber una afectación directa en la pluviometría, el cultivo se ve afectado en todas sus fases de desarrollo”, agregan desde ACOGANAR.

En los cultivos de ciclo corto, el panorama puede ser aún más crítico. Los expertos advierten que el estrés hídrico puede causar la pérdida total de la producción.

Banco de imágenes /VANGUARDIA
Banco de imágenes /VANGUARDIA

Zonas de mayor impacto

Aunque el fenómeno es generalizado, no todo el territorio responde de la misma manera. En Santander, hay regiones que históricamente han sido más vulnerables a los periodos de sequía.

“En la provincia de Vélez se ha presentado históricamente el fenómeno de El Niño, que afecta significativamente la producción de guayaba y caña panelera”, señala Vargas Tangua.

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Los cultivos más afectados son los de ciclo corto: maíz, arroz, papa, hortalizas, soya y algodón.

La explicación está en las condiciones del suelo y la disponibilidad de agua. En varias zonas, los suelos tienen baja capacidad de retención hídrica, lo que acelera los efectos de la sequía. “Se secan las cañadas de las microcuencas, que alimentan estos sistemas productivos”, añade el biólogo.

Puerto Wilches, Sabana de Torres, Cimitarra y Barrancabermeja también entran en el listado, “al ser zonas bajas, el calor extremo degrada rápidamente los pastos ganaderos y aumenta la evaporación en embalses y humedales. Por estas razones, son algunas de las zonas más afectadas”, puntualizan desde la CAS.

Este comportamiento no solo afecta la producción, sino también la disponibilidad de agua para comunidades y ecosistemas.

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El estrés hídrico ocurre cuando la planta demanda más agua de la que el suelo puede aportar.

Frente a este panorama, la capacidad de respuesta del campo depende, en gran medida, de la anticipación. Aunque no todos los impactos pueden evitarse, sí existen medidas para reducirlos.

“Las técnicas de establecimiento de cultivos con modelos de línea clave son una buena opción para optimizar el recurso hídrico. También las técnicas de cosecha de agua, que consisten en optimizar la captación de agua lluvia en depósitos como lagos, represas o jagüeyes”, agregan Jael Monroy Soto, directora ejecutiva de la Asociación Colombiana de Ganadería Regenerativa, ACOGANAR; y el ingeniero Juan Camilo Arteaga Villegas, miembro del departamento técnico.

La producción de leche puede disminuir entre 30 % y 40 %, y perderse hasta 1 kg de peso por res al día.

Los expertos también señalan que es fundamental proteger las cuencas, frenar la deforestación y conservar una buena cobertura del suelo, pues esto ayuda a reducir los efectos.

Otro aspecto importante es actuar con cautela al sembrar, calcular el requerimiento hídrico y verificar si el agua disponible alcanza para el cultivo o los forrajes.

Marco Valencia /VANGUARDIA
Marco Valencia /VANGUARDIA

Ganadería bajo presión

En la ganadería, la reducción de las lluvias afecta directamente la disponibilidad de alimento y agua para los animales. Las pasturas pierden calidad y volumen, lo que obliga a los productores a tomar decisiones para sostener la producción.

“Naturalmente, para la ganadería, su insumo más importante, que es la pastura y/o praderas, se ve seriamente afectado en su desarrollo, ya que el estrés hídrico causa una disminución directa en la producción de biomasa. También se afectan las reservas y disponibilidad de agua de bebida del ganado y, por ende, aumenta la mortalidad en los predios ganaderos”, advierten los expertos de ACOGANAR.

Barichara, Villanueva, Curití y Aratoca fueron los municipios más afectados en 2016. También zonas de las provincias Guanentá y Comunera.

Una de las estrategias clave es asegurar alimento antes de que lleguen los periodos más secos. “Deben estar haciendo ensilaje y preparando reservas como bloques multinutricionales”, explica el biólogo Frank Vargas Tangua.

También se recomienda fortalecer sistemas de sombra y adecuar fuentes de agua para el ganado, con el fin de reducir el estrés térmico.

Los expertos concuerdan en que hay formas de mitigar los efectos, pero lo que no se puede hacer es minimizar o subestimar las consecuencias, que pueden llegar a ser catastróficas.

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