Fútbol
Jueves 05 de noviembre de 2026 - 05:01 PM

De jugar en el Arsenal y Milan a construir una fortuna en dólares: la historia de Mathieu Flamini

Mathieu Flamini fue un futbolista que cambió las canchas por los negocios y construyó un imperio millonario. “Algunos jugadores prefieren la PlayStation, yo elegí aprender”.

De ganar títulos con Arsenal y Milan a liderar un negocio de miles de millones: la otra vida de Mathieu Flamini. /FOTO: EFE
De ganar títulos con Arsenal y Milan a liderar un negocio de miles de millones: la otra vida de Mathieu Flamini. /FOTO: EFE

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Durante años compartió vestuario con algunas de las grandes figuras del fútbol europeo, levantó títulos con el Arsenal y el AC Milan y compitió en los escenarios más importantes del continente. Mientras su carrera deportiva avanzaba, Mathieu Flamini preparaba en silencio un proyecto que terminaría convirtiéndolo en uno de los exfutbolistas más sorprendentes del mundo empresarial.

El francés encontró en el estudio y la investigación una segunda oportunidad profesional. Lejos de limitarse a disfrutar de los ingresos que le dejó el fútbol, decidió invertir tiempo y recursos en una iniciativa relacionada con la sostenibilidad ambiental.

Hoy, su nombre está vinculado a una compañía de productos químicos de origen vegetal y a una fortuna que, según las cifras citadas en diferentes publicaciones, supera los 12.000 millones de dólares.

Del vestuario a las aulas

La historia empresarial de Flamini comenzó en 2008, cuando todavía defendía los colores del Arsenal. Mientras sus compañeros aprovechaban los tiempos libres para descansar, jugar videojuegos o salir de compras, él dedicaba parte de sus jornadas a estudiar y prepararse para un futuro fuera de las canchas.

“Algunos jugadores prefieren la PlayStation, yo elegí aprender”, es la filosofía que resume el camino que tomó el exmediocampista, quien reconoció que buscaba desarrollar nuevas habilidades mientras continuaba su carrera deportiva.

Su formación incluyó estudios de derecho y la presentación de un modelo de negocio ante la Universidad Politécnica de Milán y la Universidad de Pisa. No se trataba de una simple inversión económica: quería comprender el funcionamiento de una industria que apenas comenzaba a explorar.

Ese proceso coincidió con su etapa en equipos como el Arsenal, AC Milan, Olympique de Marsella, Crystal Palace y Getafe. En su recorrido profesional disputó más de 400 partidos en primera división, conquistó tres FA Cups con el conjunto inglés y ganó la Serie A 2010-2011 con el Milan.

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Una apuesta por fabricar productos sin depender del petróleo

El proyecto que cambió su vida fue GFBiochemicals, empresa que fundó en 2008 y de la que posteriormente asumió el cargo de director ejecutivo.

La compañía trabaja en el desarrollo de alternativas sostenibles a los productos derivados del petróleo. Su principal apuesta tecnológica es la producción de ácido levulínico a partir de biomasa agrícola, un compuesto que puede utilizarse en la fabricación de plásticos biodegradables, solventes y productos cosméticos.

De acuerdo con la información publicada sobre la compañía, su investigación ha permitido desarrollar más de 200 productos y tecnologías con potencial para reducir significativamente las emisiones contaminantes de diferentes procesos industriales.

La iniciativa también tiene una explicación personal. Flamini creció en Marsella, cerca del mar Mediterráneo, y desde pequeño observó los efectos de la contaminación sobre los océanos. Esa preocupación ambiental terminó convirtiéndose en el motor de su emprendimiento.

“Crecí en Marsella, cerca del mar, y desde muy joven fui consciente de los problemas medioambientales relacionados con los plásticos en los océanos”, explicó en declaraciones a The Guardian.

Una fortuna que supera los 12.000 millones de dólares

El crecimiento de sus negocios convirtió a Flamini en protagonista de una historia poco habitual entre los deportistas retirados. Las estimaciones difundidas por distintos medios ubican su patrimonio por encima de los 10.000 millones de dólares, mientras que Forbes lo sitúa en más de 12.500 millones.

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También se han publicado valoraciones superiores a los 31.000 millones de dólares para GFBiochemicals, aunque estas cifras corresponden a estimaciones sobre el valor de la compañía y no deben confundirse con la fortuna personal del empresario.

Su actividad tampoco se limita a la industria química. Flamini participa en iniciativas relacionadas con la bioeconomía circular y ha trabajado junto a su antiguo compañero del Arsenal, Mesut Özil, en el desarrollo de suplementos deportivos bajo la marca UNITY, con apoyo científico de la Universidad de Westminster.

Su visión empresarial lo llevó incluso al Palacio de Buckingham, donde se reunió con el rey Carlos III y representantes del sector empresarial para discutir el futuro de la bioeconomía europea y la necesidad de acelerar la transición hacia modelos de producción sostenibles.

Del fútbol aprendió las claves para dirigir una empresa

Flamini, quien se retiró del fútbol profesional en 2019 después de su paso por el Getafe, considera que la experiencia adquirida en los vestuarios fue determinante para su segunda carrera.

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Para el francés, un deportista de alto rendimiento comparte varias características con un empresario: capacidad para soportar la presión, disciplina, trabajo colectivo y claridad en los objetivos.

“Un atleta es un poco como un emprendedor o el director ejecutivo de una gran empresa”, explicó en el pódcast de L’Express, al destacar que ningún proyecto empresarial puede alcanzar el éxito si depende exclusivamente de una persona.

Su historia también tiene una curiosa paradoja académica. Durante su etapa escolar no sentía afinidad por el inglés ni por la química, dos materias que terminarían siendo fundamentales en su vida profesional.

“En la escuela no me gustaban dos asignaturas: inglés y química. Y hoy hablo un 90% de inglés y estoy al frente de un grupo de química verde”, recordó.

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A sus 42 años, Mathieu Flamini representa un caso diferente dentro del deporte de élite. Su carrera como futbolista le permitió cumplir el sueño de competir al máximo nivel, pero su preparación paralela le abrió las puertas de una industria completamente distinta.

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