El cantante santandereano construye una carrera musical que comenzó a perseguir desde niño, entre las dificultades económicas, el trabajo en el campo y la decisión de no renunciar a sus sueños.

Publicado por: John Arias
Antes de que su nombre comenzara a sonar en las emisoras y plataformas digitales, Julio Rodríguez era conocido en su pueblo como ‘el chino que canta’. Hoy, a sus 21 años, busca abrirse camino en la música popular bajo el nombre artístico de ‘El Bandido’, con canciones como ‘Lavando’, ‘La Cuchibarbie’ y ‘El Bandido’, que le han permitido ganar reconocimiento entre los seguidores del género.
Su historia, sin embargo, comenzó lejos de los escenarios. Nacido en Ocamonte, Santander, es hijo de padres campesinos y creció en una familia de 12 hermanos, en medio de las dificultades económicas. Desde pequeño sintió afinidad por la música, pero las circunstancias lo llevaron a asumir responsabilidades antes de lo esperado.
A los 13 años tomó una de las decisiones que marcarían su vida: salir de la casa de sus padres para trabajar como jornalero y conseguir su propio sustento. En su hogar, recuerda, a veces no había dinero suficiente para comprar los uniformes escolares y tampoco para garantizar la comida de todos.
“Mis padres no tenían para uniformes y a veces no había comida. Hablé con ellos y les dije: ‘Me voy a trabajar’”, recuerda el cantante.
Aunque tuvo que cambiar los cuadernos por las jornadas laborales, nunca abandonó su sueño de convertirse en artista. En la escuela ya lo identificaban por su gusto por el canto y, con el paso de los años, esa afición se convirtió en el propósito que comenzó a perseguir con determinación.
“Soy un joven que desde muy niño siempre he soñado con ser un gran artista. Soy orgullosamente hijo de padres campesinos. Ha sido algo muy bonito poder construir este sueño y llevar el nombre de mi pueblo y de Santander a muchos lugares del país”, expresa. Lea también: De Bucaramanga a Las Vegas: Karen Lizarazo actuará en los Latin Grammy 2026
Un sueño que también se construyó trabajando
Convencido de que debía buscar oportunidades, Julio decidió viajar a Bogotá para abrirse camino en la industria musical. Sin embargo, pronto descubrió que el talento y las ganas no eran suficientes: también necesitaba recursos para producir sus canciones y darse a conocer.
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“Cuando llegué a Bogotá a tocar puertas pensé que era más fácil y que no tenía que invertir. Me estrellé, pero eso me enseñó a tomar fuerza, levantarme e ir por mi sueño”, relata.
Lejos de desistir, encontró en el emprendimiento una manera de financiar su proyecto artístico. Después de trabajar en restaurantes, decidió montar su propio negocio de gastronomía junto con su hermano. Los ingresos que consiguió con ese esfuerzo le permitieron comenzar a grabar sus composiciones y darle forma a su carrera.
Así llegó ‘El Bandido’, una canción sobre el desamor y el despecho que terminó convirtiéndose en su carta de presentación. El tema le dio nombre artístico y abrió el camino para nuevos lanzamientos como ‘Lavando’, ‘Descarada’ y ‘La Cuchibarbie’.
También se atrevió a explorar otros sonidos con una versión de ‘No me toquen ese vals’, del maestro Julio Jaramillo, a la que le imprimió un aire norteño para acercarla a nuevas generaciones.
En el último año, su música ha comenzado a circular con mayor fuerza en redes sociales, medios de comunicación y presentaciones en las ferias de diferentes municipios. Un proceso que, aunque todavía está en construcción, ya le ha permitido acercarse a uno de sus grandes anhelos: vivir de la música y representar a Santander.
Un reconocimiento que impulsa su carrera
Ese recorrido tuvo uno de sus momentos importantes con su participación en los Premios Monitor Latino 2026, realizados en Bucaramanga, donde fue reconocido en el ámbito de la música popular. El encuentro representó una oportunidad para visibilizar su trabajo y compartir escenario con otros exponentes de la industria musical.
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Para Julio, este reconocimiento tiene un significado especial porque no solo representa un avance en su carrera, sino también la posibilidad de llevar el nombre de Ocamonte y de Santander a otros escenarios.
“Para mí es un orgullo, algo muy bonito. Es llevar el nombre de mi municipio, de Santander, de la gente que me apoya, de mi familia, de mis padres y mis hermanos”, afirma.
Actualmente, el artista estudia técnica vocal y continúa trabajando en nuevas canciones. Entre sus próximos proyectos está ‘Campesino soñador’, un lanzamiento previsto para el 5 de diciembre, con el que quiere rendir homenaje a sus raíces y a las personas que, como él, se levantan cada día para trabajar en el campo.
La canción, según adelanta, contará las jornadas de quienes madrugan, preparan sus herramientas y salen a buscar el sustento. Una historia con la que espera conectar con los campesinos de Colombia y de otros lugares del mundo.
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También busca abrir puertas para posibles colaboraciones con figuras de la música popular como Jhonny Alex Castaño, Ciro Quiñonez, El Andariego y Jessi Uribe. Le puede interesar: Un estudiante de música de la Unab exorciza su talento: Los amigos ayudaron a grabar sus “Ilusiones”
El sueño de volver por sus padres
Más allá de los reconocimientos y de las metas profesionales, Julio tiene una motivación que permanece intacta: ayudar a sus padres y brindarles mejores condiciones de vida.
Desde que salió de casa a los 13 años, siente que no ha podido disfrutar plenamente de su familia. Por eso, uno de sus mayores anhelos es comprarles una vivienda y sacarlos de la casa de adobe donde viven actualmente.
“Yo a los 13 años me salí de la casa y no he podido disfrutarlos. Entonces, ¿cuál es mi anhelo? Luchar, persistir y, si en algún momento la vida me da la oportunidad de ser un cantante famoso, ayudarlos a ellos y a mucha gente”, cuenta.
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De su padre conserva un consejo que, asegura, lo ha acompañado en cada paso: “Que nada les quede grande en la vida”.
Con esa enseñanza como impulso, el joven cantante continúa construyendo su camino en la música popular. Su historia todavía está comenzando, pero tiene claro de dónde viene y hacia dónde quiere llegar. Por eso, cuando invita al público a escuchar sus canciones, también lleva consigo el orgullo de sus raíces campesinas y el deseo de que el nombre de Ocamonte y Santander siga sonando en nuevos escenarios.
















