Se cumplen 12 años del inolvidable triunfo de Colombia ante Uruguay, en los octavos de final del Mundial de Brasil 2014.

Cuando se hablaba de los goles inmortales de la selección Colombia, dos nombres custodiaban el olimpo: Freddy Rincón, con su agónico grito ante Alemania en Italia 1990, y Marcos Coll, autor de la única anotación olímpica en la historia de los Mundiales.
Parecía un duelo eterno por la cima de la memoria colectiva. Hasta que el 28 de junio de 2014 James Rodríguez eligió uno de los templos más sagrados del fútbol, el Maracaná de Río de Janeiro, para escribir un capítulo destinado a desafiar el paso del tiempo y adueñarse del primer lugar en el corazón de un país.
Como si hubiera salido de las páginas de los sueños que alimentaron su infancia, al mejor estilo de Oliver Atom, aquel niño que conquistaba el mundo con un balón en los dibujos animados, su serie favorita, el ’10′ colombiano durmió la pelota con el pecho y, antes de que tocara el suelo, descargó un zurdazo inmortal.

El balón besó el palo horizontal antes de incrustarse en la red, mientras en ese remate viajaban décadas de ilusiones contenidas, frustraciones acumuladas y esperanzas que, por fin, encontraban recompensa.
El Maracaná estalló. Colombia también. Hasta el más incrédulo terminó abrazado a un sueño que el equipo de José Néstor Pékerman convertía en realidad.
La mejor actuación de Colombia en los Mundiales
Aquel día no fue simplemente una victoria. Fue la página más gloriosa escrita por el fútbol colombiano. Con el 2-0 sobre Uruguay, la selección alcanzó, por primera y hasta ahora única vez, los cuartos de final de una Copa del Mundo.
Hasta entonces, las mayores gestas mundialistas de la Tricolor habían sido dos empates marcados por la épica. El inolvidable 4-4 frente a la Unión Soviética en Chile 1962, cuando Marcos Coll desafió la lógica con un gol olímpico para iniciar una remontada histórica, y el heroico 1-1 contra Alemania en Italia 1990, inmortalizado por el túnel y la definición de Freddy Rincón ante Bodo Illgner que abrió las puertas de los octavos de final.

Pero el fútbol, como la vida, siempre encuentra nuevos héroes. A la galería donde habitan leyendas como ‘El Caimán’ Sánchez, Marcos Coll, ‘Cuca’ Aceros, Carlos ‘El Pibe’ Valderrama, Freddy Rincón y René Higuita, llegaron con letras doradas James Rodríguez, Juan Guillermo Cuadrado, David Ospina y Mario Yepes, los líderes de una selección que devolvió la ilusión a todo un país.
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Guiados por Pékerman, quizá el argentino que más afecto ha despertado entre los colombianos, aquel grupo convirtió el talento en identidad y el esfuerzo en historia. Su clasificación entre las ocho mejores selecciones del planeta no solo rompió un techo deportivo: dejó un legado que elevó para siempre el listón del fútbol colombiano.
Y aún faltaba el broche de oro. El segundo gol fue una obra de arte, una pieza de colección construida desde la paciencia y el toque. El balón recorrió los pies de prácticamente todo el equipo mientras Uruguay perseguía, incapaz de imponer su tradicional garra charrúa.
La jugada terminó, nuevamente, en James. Esta vez con la pierna menos hábil, volvió a vencer a Fernando Muslera y selló el definitivo 2-0, poniendo el punto final a una tarde que ya pertenecía a la eternidad.
Han transcurrido 12 años desde aquella gesta y hoy las ilusiones vuelven a renovarse, con una selección que avanzó primera del Grupo K a los dieciseisavos, dejando destellos de calidad futbolística y otra vez con el mismo protagonista: James Rodríguez, quien es respaldado por el talento de Luis Díaz, Daniel Muñoz, Jhon Arias y Gustavo Puerta, así como por el oficio y coraje de Dávinson Sánchez, Jhon Lucumí y Jéfferson Lerma.













