La histórica hazaña de Diego Alejandro Molano en slackline marca un antes y un después: 3,2 kilómetros sin visión, a 300 metros de altura y en un solo intento.

En lo más profundo del viento y el vértigo del Cañón del Chicamocha, donde el silencio pesa y cada paso puede ser definitivo, un colombiano decidió cerrar los ojos… y hacer historia. Lo que parecía imposible terminó convertido en una de las gestas más impactantes del deporte extremo mundial, con una caminata que desafió no solo la gravedad, sino también los límites de la mente humana.
El atleta colombiano Diego Alejandro Molano logró un hito sin precedentes al caminar más de 3,2 kilómetros con los ojos vendados sobre una línea de highline suspendida en el Cañón del Chicamocha.
La hazaña se realizó sobre una cinta de 1.302 metros instalada a una altura de hasta 300 metros, convirtiéndose en la caminata más larga en slackline hecha sin visión y sin caídas en un solo intento.
Molano completó una caminata de 3.254 metros con los ojos vendados, sin sufrir ninguna caída, sobre el imponente cañón santandereano. El hecho fue certificado por la International Slackline Association y difundido en las redes sociales de la misma.

Nunca antes un deportista había logrado recorrer semejante distancia en estas condiciones, lo que convierte el hecho en un parteaguas para la disciplina y marca un nuevo estándar de exigencia para el highline a nivel mundial.
El dominio total del cuerpo y la mente
Lograr semejante estabilidad sin visión representó un trabajo de años de preparación técnica y psicológica. Caminar sin ver implica “confiar en la memoria corporal, en la respiración y en el trabajo previo que se ha construido durante años”, expresó el propio Molano en sus redes sociales.
El reto no solo implicaba equilibrio físico, sino un dominio mental excepcional. Caminar sin visión en una cuerda suspendida a gran altura exige una conexión total entre cuerpo y mente, donde la memoria muscular, la respiración y la concentración juegan un papel determinante.

La hazaña fue posible gracias al control total del cuerpo, la mente y las emociones, según explicó el deportista.
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Un mensaje que trasciende el deporte
En un párrafo publicado tras su récord, el colombiano destacó: “Romper un récord mundial no es solo un logro deportivo, es el resultado de años de disciplina, preparación técnica y confianza absoluta en el proceso”.
Además, dejó claro el significado del logro: “Este récord no es solo mío, es por Colombia y para Colombia. Nace con la intención de inspirar a todas las personas que creen que sus sueños son imposibles”.
Y agregó: “Quiero que este logro sea un mensaje claro: cuando los sueños se trabajan con disciplina, constancia y pasión, se hacen realidad”.
Un trabajo colectivo de alto nivel
El éxito del intento no habría sido posible sin la labor de un equipo humano altamente especializado. Más de quince profesionales, entre expertos en seguridad, rescatistas y técnicos en montaje, colaboraron para instalar la línea cumpliendo estándares internacionales.

La complejidad técnica del montaje constituyó un reto en sí mismo y fue fundamental para la seguridad del atleta.
Molano reconoció el papel de su equipo: “Nada de esto habría sido posible sin el equipo rigger, un grupo de profesionales comprometidos y apasionados que hicieron posible la instalación de la línea más larga sobre el segundo cañón más grande del mundo”.
Agradecimientos que marcaron la travesía
El atleta también dedicó palabras a quienes fueron clave en su proceso. A su esposa, a quien describió como “un pilar fundamental en este proceso”, y a Brayan Clavijo, un amigo fallecido que estuvo presente en el recuerdo del deportista durante la travesía.
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“También quiero hacer un agradecimiento muy especial a Brayan Clavijo, quien desde el cielo sonríe esta hazaña aquí en la tierra. No te olvidamos, hermano. Este logro también lleva tu nombre y tu recuerdo en cada paso que se dio sobre la línea”, expresó.
El Chicamocha, escenario de talla mundial
La prueba se realizó sobre una cinta de nailon de 1.302 metros de longitud, suspendida a una altura de 300 metros en uno de los paisajes más exigentes del país.

La elección del Cañón del Chicamocha como escenario resalta el potencial de Colombia para organizar eventos de alto impacto en deportes de aventura. El país se consolida así como destino para el turismo especializado y la inversión en actividades deportivas de riesgo.
Este récord tiene un significado especial, porque nunca antes se había realizado algo similar en el país, posicionando el territorio y su talento en la élite del highline mundial.
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Un logro que quedará para la historia
La gesta fue registrada por un equipo audiovisual especializado que documentó cada momento del intento. El material servirá de base para un documental que buscará preservar la magnitud de este logro e inspirar a nuevas generaciones.

Más allá de la marca personal, la hazaña fortalece la comunidad colombiana dedicada a los deportes extremos y eleva el nivel del slackline a escala global.
El slackline, conocido como cinta floja, consiste en caminar, saltar o ejecutar acrobacias sobre una cinta plana de nailon o poliéster de 5 centímetros de ancho, tensada entre dos puntos fijos. A diferencia de la cuerda floja tradicional, la cinta es elástica y se balancea, lo que representa un reto adicional para la estabilidad.
Con este récord, Diego Alejandro Molano no solo alcanza una marca histórica, sino que deja una huella imborrable en el deporte extremo: una caminata a ciegas que hoy le da visibilidad al talento colombiano ante el mundo.

















