Desde Bucaramanga, Rocío Garzón impulsa un proyecto que conecta a jóvenes rurales con el café, el liderazgo y la esperanza de un futuro en el campo.

Publicado por: PAOLA ESTEBAN C.
Una madre campesina le contó, con los ojos apagados por la tristeza, que su hijo de 17 años se había quitado la vida. No era la única historia. En aquella vereda cafetera, Rocío Garzón escuchó por primera vez sobre una oleada de suicidios juveniles. Jóvenes que crecieron entre montañas, herederos del conflicto armado, de la pobreza y del silencio. Jóvenes que no veían un futuro en el campo.
Aquella conversación fue un quiebre. Rocío llegó hace más de diez años a Santander. Estudió agronomía, es ambientalista, mujer de proyectos, entendió que su trabajo no podía limitarse a la asistencia técnica ni a los informes de ejecución. Había que hacer algo más profundo. “Pensé en cómo lograr que los adolescentes rurales tuvieran un propósito claro, una motivación que les permitiera proyectarse sin tener que abandonar su tierra”, recuerda.
Con esa idea, años después, formuló el proyecto Una Nueva Generación de Empresarios del Café, que hoy va en su tercera fase y ha beneficiado a más de 300 familias con apoyo de cooperación internacional. Jóvenes que, desde el colegio, siembran su propia parcela de café. Al graduarse, ya tienen una hectárea cultivada, ingresos y una razón para quedarse.
“Este proyecto nació con la esperanza de que la juventud rural no vea el campo como un sitio sin oportunidades, sino como un territorio fértil para emprender. Ver a un joven que se gradúa con un lote productivo, que vende su café y puede seguir estudiando gracias a eso, es de las cosas más lindas que me ha pasado profesionalmente.”
Desde pequeña, Rocío sintió una conexión natural con los árboles, el agua, los suelos. Su interés por lo ambiental fue una constante. “Siempre supe que quería trabajar por el cuidado de los recursos naturales y la protección de la biodiversidad”, dice. Al momento de escoger carrera, dudó entre Biología, Ingeniería Ambiental e Ingeniería Agronómica. Finalmente, las condiciones económicas la llevaron a optar por esta última.
Pero su formación no se detuvo ahí. Más adelante cursó una maestría en Ingeniería Ambiental, y recientemente finalizó una especialización en Evaluación y Gerencia de Proyectos en la UIS. “Me gusta mucho estudiar, aprender cosas nuevas, buscar herramientas que pueda aplicar en mi trabajo. Soy muy inquieta para eso”, confiesa con una risa suave.
En esa búsqueda constante de crecimiento, conoció el programa Lideremos. “En la primera cohorte no pude participar porque estaba terminando la especialización. Pero cuando abrieron esta segunda convocatoria me inscribí de una vez. Ha sido una experiencia increíble. Cada sábado salgo con nuevas ideas, contactos, entusiasmo… Ha sido una red de apoyo y motivación".

Uno de los momentos más desafiantes de su camino académico fue su tesis de maestría. Se propuso hacer un análisis de ciclo de vida del proceso de beneficio del café, una metodología poco conocida en Colombia en ese entonces. “Fue duro porque no había muchos referentes. Tuve que leer muchísimo, investigar por mi cuenta, buscar información fuera del país. Pero con disciplina y constancia, lo logré.”
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Ese trabajo la marcó. Le permitió conectar sus conocimientos técnicos con los desafíos reales del sector cafetero. Y le enseñó que el rigor académico también puede ponerse al servicio de las comunidades.
Rocío llegó a Santander hace unos siete años para realizar su práctica profesional en el Comité de Cafeteros. Luego fue contratada como extensionista técnica y recorrió veredas de distintos municipios brindando asesoría a caficultores: “ese trabajo me permitió ver la realidad del territorio, entender sus dinámicas y conocer a las familias que lo sostienen con tanto esfuerzo.”
“Lo que más me impresionaba era la disposición de los caficultores a aprender, a probar cosas nuevas, a comprometerse. Muchos tenían enormes limitaciones, pero aún así estaban ahí, sembrando con amor. Eso me marcó.”
Desde hace siete años trabaja en el área de alianzas y proyectos del Comité, donde ha aprendido a identificar necesidades, construir soluciones y gestionar recursos para hacerlas realidad. “La gestión de proyectos no es tan visible como el trabajo en campo. Pero cuando logramos que una convocatoria se apruebe y vemos que llega a las fincas, que se siembra, que se transforma… la satisfacción es inmensa“, asegura.

Una mirada al futuro desde la sostenibilidad
Rocío es una convencida de que el desarrollo rural debe tener un enfoque integral: económico, ambiental y social: “mi formación me permite tener una visión más amplia. No se trata solo de aumentar la productividad, sino de hacerlo conservando los recursos naturales, adaptándonos al cambio climático y fortaleciendo a las comunidades.”
Cree que los sistemas agroforestales son clave para una caficultura más resiliente. “Incluir árboles en los cultivos no solo mejora el microclima, sino que aporta a la conservación de suelos, de fuentes hídricas, y protege la biodiversidad. Es una forma de reconciliar la producción con la naturaleza”, explica.
Además, trabaja permanentemente en el mapeo de actores, convocatorias y oportunidades que puedan articularse en nuevas alianzas: “estoy convencida de que el desarrollo no se logra en solitario. Se necesita de la empresa privada, de las universidades, de las entidades públicas, y sobre todo, de la gente del territorio”.
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Su paso por Lideremos ha sido, según dice, una experiencia reveladora: “me ha ayudado a reconocer mis capacidades, pero también a identificar cómo puedo compartirlas. Me interesa mucho fortalecer los liderazgos de mujeres y jóvenes cafeteras. Que ellas también se crean capaces, que tengan voz en sus comunidades”.
Y agreag que en cada sesión aprende algo nuevo que la inspira conocer otras historias, otros proyectos, a sentir que todo lo que aprende la alimenta para seguir soñando en grande.
Cuando se le pregunta cómo se ve dentro de diez años, responde sin dudar: “Trabajando por las comunidades cafeteras. Ejecutando proyectos que respondan a sus necesidades, construyendo alianzas que realmente generen impacto. Y, sobre todo, ayudando a que más jóvenes y mujeres puedan liderar sus propios procesos con autonomía y dignidad”.

















