Para Dalia Cáceres Terán uno de sus primeros empleos fue como secretaria. Con tan sólo el bachillerato se pudo desempeñar en este cargo durante casi siete años. Sin embargo, durante ese tiempo no dejaba a un lado la idea de que realmente quería trabajar para tener su propio negocio y manejar su personal.

Publicado por: DIANA C. LEÓN DURÁN
Con este sueño nació Dalia Confecciones, una empresa que se dedica actualmente a diseñar y fabricar prendas para niños. Con esfuerzo y con la experiencia de más de 25 años que ha logrado acumular en este sector, sacó adelante su empresa que representa hoy su mayor orgullo.
Aunque inició con algunas máquinas y un taller improvisado en su misma casa, hoy cuenta con una empresa que genera 25 empleos directos y trabaja con casi 100 talleres satélites. Adicionalmente tiene 6 puntos de venta en la ciudad y proyecta para este año crear otros dos ubicados en centros comerciales. Esta es su historia.
Para preservar el crecimiento de la empresa algunos de sus hijos ya trabajan del negocio y estudian carreras profesionales afines. Sin embargo, esta empresaria considera que lo más prioritario es seguir organizando y estructurando la empresa y con ánimos renovados pensar seriamente en volver a retomar las exportaciones de manera continua.
Una empresa, una escuela
Desde niña esta empresaria ya conocía del mundo de los negocios y las confecciones.
Sus padres, propietarios de Tejidos Francis y de Confecciones Eugenia, forjaron una familia dedicada al comercio.
Reconocidos como 'los Cáceres' prácticamente la vida de sus hijos se fue formando alrededor del negocio de las confecciones.
"Recuerdo que en vacaciones nuestro oficio siempre era colaborar con la empresa, entonces nos la pasábamos despeluzando, cortando y haciendo de todo un poco, así fuimos aprendiendo", relata la propietaria.
Pese a que sabía en la práctica cómo se movía el negocio y la producción, la teoría era una de sus falencias.
"Hacia 1981 compré mi primera máquina era una 2-60, ya me había retirado de mi trabajo como secretaria y me dediqué al hogar y a cuidar de mis hijos. Sin embargo tenía mi maquinita en la casa. Hice un curso para aprender a confeccionar sobre medidas y en eso trabajé hasta 1997. Durante ese lapso pude ir comprando otras máquinas con plata que mi esposo me prestaba, hasta que pude acceder a un préstamo bancario. Como mis hermanos también tenían empresas de confecciones empecé a trabajar para ellos como ensambladora, así que prácticamente yo era uno de sus talleres satélites", relata.
Con esta experiencia decidió estudiar diseño de modas en Itae y tomó el camino de la alta costura.
Con eso, montó su pequeño negocio dedicado a las confecciones de este tipo. Hacia el año 2001 decidió darle un giro al negocio ya que por tradición las empresas de la familia estaban dedicadas a las confecciones infantiles así que montó un taller pequeño en su propio apartamento. Dos años más tarde se aventuró a abrir su propio local ubicado en el Centro, donde además de su fábrica tenía su propio punto de venta.
"En un tiempo llegamos a manejar vendedores para los despachos, pero nos resultó más efectivo trabajar a través de puntos de venta".
Sin embargo, en 2005 hubo un 'bajonazo' en general de la economía y las ventas en diciembre estuvieron muy duras con inventarios demasiado altos.
La situación fue crítica durante los siguientes cinco años, pero según Dalia durante los dos últimos años las ventas se han vuelto a reactivar.
Con crisis o sin crisis esta empresaria santandereana no deja de pensar que lo que más la motiva a seguir en el negocio es su pasión por el diseño y por generar empleo en la región.
"Insisto mucho en que hay que ir a ferias, compramos revistas, visitamos muchas ciudades, incluyendo la feria de Colombiamoda. Nos documentamos lo mejor que podemos para sacar nuevas confecciones y estar a la par de las tendencias", asegura.
Los pinitos de exportación
Sin lugar a dudas Venezuela es un mercado natural para los empresarios santandereanos, sobre todo para el de confecciones infantiles, y el destino del país vecino no fue ajeno para que esta empresa empezara a competir en el mercado exterior.
Las primeras exportaciones las hicieron hacia el año 2006, e inclusive la capacidad de producción de la empresa llegó hasta las 6 mil prendas mensuales.
"Alcanzamos a entrar en los pagos prontos, pero los problemas de orden público y los pagos a través de Cadivi empezaron a hacer el negocio complicado", dijo la empresaria.
En este momento, aunque manejan ventas para el exterior, son los mismos compradores de Venezuela, Chile y Ecuador los que se encargan del proceso de exportación.
Cáceres no descarta el hecho de que la empresa pueda exportar en forma, pero asegura que el proceso lo deja en manos de sus hijos.















