Hay contaminación de agua superficial y subterránea, porque la minería ilegal usa diferentes metales pesados y químicos, para la separación del oro, que son altamente contaminantes y bioacumulables en diferentes recursos, principalmente en el agua, pero también afectando el suelo y la flora.

Publicado por: Miguel Orlando Alguero
El mercurio, un metal pesado, que pese a estar prohibida en Colombia, se sigue utilizando irregularmente en la minería ilegal, causando impactos negativos en el ecosistema y la salud de las personas.
La norma colombiana indica que solo está permitido 1 microgramo por litro. Es decir, tanto el Decreto 1594 de 1984 como la Resolución 2115 del 2007 estipulan que para las muestras de agua se permite 3 microgramos (0,003) por litro de cadmio y 1 microgramo (0,001) por litro de mercurio.
El mercurio más dañino es el residual, mas no el industrial. Este último es el insumo que usan por lo general en la minería artesanal en Santander.

Sin embargo, este hecho que se debe mirar tanto como un fenómeno que causa serios daños ambientales, como afectación a la potabilidad del agua.
Esta preocupación es la que ronda a los habitantes de la Comuna 5 (García Rovira) de Bucaramanga, en donde denunciaron la expansión de la minería ilegal en la escarpa occidental de Bucaramanga, que está erosionando la montaña y contaminando las fuentes hídricas con mercurio, como lo publicó Vanguardia este domingo 25 de febrero.
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Impactos ambientales
Juan Osma, ingeniero ambiental y de saneamiento, identificó tres impactos ambientales significativos por actividad de minería ilegal en Bucaramanga
“El primero es la erosión y la desertificación, producto de la pérdida de la cobertura vegetal causada por motobombas, acción de los trabajadores de la minería y el desvío del cauce de la quebrada para socavar la montaña, que ya va perdiendo el suelo y el subsuelo”.
El segundo impacto es la contaminación de agua superficial y subterránea, porque la minería ilegal usa diferentes metales pesados y químicos, para la separación del oro, que son altamente contaminantes y bioacumulables en diferentes recursos, principalmente en el agua, pero también afectando el suelo y la flora.

El tercer impacto es la extinción de fauna acuática, “que prácticamente está muerta”. Esta fauna interactúa con el ecosistema y, por ende, al no haber diversidad del ecosistema, esta tiende a morir.
“Esto trae consecuencias como la pérdida de cobertura vegetal, aumento de la temperatura, incremento de gases que se emiten a la atmósfera producto de la evaporación de los diferentes insumos o de las mismas aguas contaminadas y mayores riesgos de enfermedades por la interacción con ese ecosistema contaminado”, explica el ingeniero.
A Osma también le resulta preocupante, además de la minería ilegal, la contaminación de la escarpa occidental por una mala planeación municipal, producto del crecimiento de la urbanización, que genera vertimientos domiciliarios e industriales que caen en las quebradas de la escarpa.
“Esta fuente hídrica viene altamente contaminada con materia orgánica y residuos industriales, además no tenemos una caracterización para conocer su procedencia. A esto se suma la minería ilegal. Esta combinación o reacción de la descomposición de esta materia orgánica produce pérdida de cobertura vegetal, erosión y desertificación, lo que les permite fácilmente acceder a los minerales que ellos quieren extraer de la tierra”, aclara Osma.

Por eso, una primera acción a corto plazo, además de los controles ambientales, es la canalización de estas quebradas y mejorar la red alcantarillado. “Lo más grave, Bucaramanga no cuenta con plantas de tratamiento de aguas residuales para recuperar estas fuentes hídricas aguas abajo”.
La minería ilegal y el mercurio
En los operativos realizados por unidades del Comando de la Policía Metropolitana de Bucaramanga, con acompañamiento de la Cdmb (autoridad ambiental), se ha incautado mercurio.
Una gota de este metal basta para contaminar 30.000 litros de agua potable. Se utiliza en la minería para separar el metal de la piedra extraída. Este elemento químico se adhiere al oro, formando una amalgama.
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Según los expertos en salud, este es el uso más contaminante que se le puede dar a este metal pesado. Se presume que no siempre el mercurio utilizado en este proceso se recicla, así que esta sustancia puede quedar en la superficie del agua o llegar hasta los sedimentos.
El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente precisa que “una vez está en la tierra, el mercurio cambia su forma química, principalmente a través del metabolismo de bacterias u otros microbios, y se convierte en metilmercurio, la forma más peligrosa para la salud del ser humano y del medio ambiente”.

Una vez los mineros ilegales tienen la amalgama, ocurre otro proceso que genera gran preocupación para las autoridades ambientales por los altos índices de contaminación. Esta amalgama muchas veces se calienta a cielo abierto para que se evapore el mercurio y quede el oro, los vapores escapan al aire y son inhalados por mineros y demás personas que se encuentren cerca.
La académica Beatriz Guerra Sierra, experta en Microbiología, explicó que, en cuenta al mercurio, es una toxina que actúa directamente sobre el sistema nervioso y la salud de una persona.
“Hay que tener en cuenta, si es metilmercurio o mercurio elemental (metálico), la cantidad y duración de la exposición, la edad y de qué forma ingresa (inhalación, ingesta o contacto con la piel). De estos factores dependerán los efectos, que pueden ir desde severos, sutiles, hasta no ocurrir nada”.
Se ha reportado algunos síntomas como pérdida de la visión, sensaciones de alfileres y agujas en las manos, los pies y alrededor de la boca, falta de coordinación de movimientos, deterioro del habla, audición, caminar, y debilidad muscular.
“Desafortunadamente, el oro con frecuencia se extrae en circunstancias peligrosas para la salud, especialmente la minería artesanal y en pequeña escala. Un método común de extracción utiliza mercurio líquido, lo que genera una alta exposición en los trabajadores, en ellos hay síntomas de trastornos neuropsicológicos, como ataxia, temblores o problemas de memoria”.
Por lo tanto, consideró que metales pesados, como el mercurio, son una amenaza pública.















