Dedicar toda su vida al trabajo, sin un balance sano, puede ocasionar un daño físico y psicológico serio. Estas personas conviven día a día con afecciones físicas y psicológicas. Descubra aquí lo que hay detrás de esta conducta.

Publicado por: Miguel Orlando Alguero
La salud física y mental ha adquirido relevancia en el panorama laboral hoy. Aunque el sentido de responsabilidad de muchos empleados puede acarrear fuertes cargas laborales, existe una delgada línea que separa esto del agotamiento crónico y el excesivo sobreesfuerzo, que a veces tiene origen en el mismo trabajador.
Se le conoce como ‘síndrome del ejecutivo’ o workaholic, en términos más coloquiales. Consiste en un patrón emocional y de conducta de aquellos que se enfocan de manera insistente en el trabajo, llevando a que pasen demasiado tiempo, incluso sus días de descanso, en tareas netamente laborales.
Así lo explica Joaquín Mateu Molla, psicólogo y docente de la facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad Internacional de Valencia. Es un fenómeno conductual que repercute negativamente en la vida de quien lo padece, no solo afectando su salud física, mental y emocional, sino destruye su entorno inmediato, como amistades, pareja, hijos y demás familiares.
“Quienes viven con este síndrome pueden tener grandes dificultades para desconectar de sus obligaciones laborales”, explica el experto.
Agrega que invierten extraordinarios esfuerzos para satisfacer las expectativas de sus superiores (más allá de las que les corresponderían), relegan las necesidades personales a un segundo plano u obvian las oportunidades para el ocio y el esparcimiento.

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Se atraviesa un momento donde las dinámicas laborales se han transformado, y donde el trabajo desde casa pone a prueba diariamente el trazar un límite entre la vida laboral con la personal.
Por eso, el experto hace un llamado a encontrar un balance entre ambos mundos, y acudir a ayuda profesional cuando se sienta que las responsabilidades laborales están interfiriendo en el sano desarrollo de la vida personal.
“Debemos aprender a pedir ayuda sin sentir que esto sugiere debilidad o inadecuación”, concluye el docente de la facultad de Ciencias de la Salud.
Puntualiza que al hacerlo “nos estamos revelando como precisamente lo contrario: como seres conscientes de sí mismos y suficientemente honestos con sus necesidades para asumir las riendas de sus dificultades y para desentrañar un modo nuevo de comprenderse y de respetarse”.
Efectos en la salud física y emocional
Las personas que padecen el ‘síndrome del ejecutivo’ conviven día a día con afecciones físicas y psicológicas.
Las más frecuentes son las relacionadas con el estrés, pues estas personas están en todo momento prestas a satisfacer las demandas de su trabajo, sin hallar espacios que les den un respiro.
“Resulta común que irrumpan dolores difusos (cabeza, espalda, etc.), alteraciones gastrointestinales, mareos, problemas en la piel, caída del pelo, etc”, detalla el docente de la facultad de Ciencias de la Salud.
Además, según Mateu Molla, se corre un mayor riesgo de sufrir ‘burnout’, que es un trastorno asociado al estrés laboral que se expresa en síntomas ansioso-depresivos, sensación de pobre realización personal y desinterés hacia quienes son receptores de la actividad profesional (clientes, compañeros).

La alteración del sueño también es un problema frecuente en las personas que tienen ‘síndrome del ejecutivo’, detonado por el estrés y los episodios ansioso-depresivos. Estar siempre alerta a requerimientos laborales, incluso durante la noche, se interpone a los tiempos naturales del sueño, alterándolo e impidiendo que se desarrollen los procesos fisiológicos normales de este momento de descanso.
“Esta misma activación también puede aumentar la probabilidad de que la ansiedad alcance una intensidad desbordante, hasta el punto de acabar expresándose como episodios agudos (pánico) profundamente perturbadores”, añade el experto.
Mateu Molla explica que estos problemas, que se resumen en la categoría clínica más general del insomnio, son tanto una causa como una consecuencia del malestar emocional de quienes padecen una “adicción” al trabajo.
Para él, la tecnología también puede convertirse en alimento para este padecimiento, pues quienes sufren del ‘síndrome del ejecutivo’ la emplean para estar conectados permanentemente a sus labores, revisando notificaciones y la bandeja de entrada de su correo en todo momento.
Asimismo, el uso desmedido de sustancias estimulantes y depresoras del sistema nervioso central pueden agravar aún más el estrés y sus consecuencias.
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Aunque muchos perciben el momento del retiro como el descanso más deseado, es cierto que se ha detectado en muchas personas jubiladas una especie de prolongación del ‘síndrome del ejecutivo’, que afecta igual o peor la vida normal de quienes lo padecen.
“En este caso, el cese de la actividad laboral ubicaría a la persona en una cotidianidad diametralmente distinta a lo que antaño fue, donde cobran relevancia facetas que hasta ese momento había descuidado”, anota Mateu sobre este problema.
Agrega que cuando esto sucede así, se exacerba el riesgo de soledad indeseada y de experimentar niveles de estrés potencialmente desbordantes.















