En Colombia, cerca de 300 mil hectáreas de palma de aceite tendrán más de 25 años en la próxima década, de allí que es clave ir planeando el proceso de renovación de los cultivos que ya cumplen su vida útil.

El envejecimiento de los cultivos de palma de aceite, la caída en la producción a nivel mundial, la inseguridad por la presencia de grupos armados en áreas como el Catatumbo y el sur del Bolívar, y garantizar la expansión y sostenibilidad ambiental del sector son algunos de los retos de la palmicultura.
Esto en un escenario en el que se abren nuevos y prometedores horizontes con el SAF (biocombustible para jet), donde Colombia tiene una de sus apuestas más grandes a futuro. Le puede interesar: Palma de aceite: el motor verde de Santander que impulsa al país
Este es el panorama expuesto por Nicolás Pérez Marulanda, presidente de la Federación Nacional de Cultivadores de Palma (Fedepalma), en el marco de la 21° Conferencia Internacional sobre dicha industria, que citó a más de 60 expertos de 23 países, así como asistentes y productores de todo el mundo en Cartagena.
Según el líder gremial, actualmente el consumo mundial de aceite y grasas está alrededor de 260 millones de toneladas, y la palma de aceite representa el 34 % de ese total. Colombia es, además, uno de los principales productores del planeta, aunque aún está lejos de Malasia e Indonesia, que juntos representan el 90 % del mercado internacional. Vea también: Inteligencia artificial, tecnología y genética ayudan a mejorar la productividad en el campo
Colombia le apunta a ser pionero en biocombustible para avión (SAF)
Se estima que el 70 % de la producción de aceite de palma se destina a la industria alimentaria, el 20 % en los biocombustibles y el 10 % tiene otros usos industriales. Pero si el Congreso avanza en la normativa que busca regular el SAF, Colombia puede convertirse en pionero a nivel mundial en el suministro de biocombustible para los aviones. Le sugerimos: SAF en Colombia: Las tres claves para que el biocombustible aéreo sea una realidad

Solo por poner un ejemplo, se estima que el biocombustible que se requiere para los aviones que transitan en Colombia (vuelos nacionales o internacionales) equivale al total del biodiésel que se usa en el país. De allí que se trata de un paso clave en la diversificación de la industria.
Para ello ya se han dado los primeros pasos. Ecopetrol ya ha hecho pruebas piloto que han entregado datos concluyentes sobre la reducción de los gases de efecto invernadero. Y a nivel internacional se explora que el SAF colombiano sea certificado en los mercados internacionales UI REDII y CORSIA. No se pierda: Así suena la palma: artistas de Santander y Colombia destacan la resiliencia del campo
Además, Según la FAO, Colombia es uno de los 8 países que pueden tener un crecimiento sostenido en áreas cultivadas sin generar fenómenos de deforestación.
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Para Álvaro Amaya, director encargado de Cenipalma, el país tiene un potencial de 4 millones de hectáreas de áreas cultivables, muchas de las cuales se pueden aprovechar para sembrar palma de aceite.
En ese contexto, Pérez Marulanda dijo que Colombia está en una posición envidiable para consolidarse como pionero en el suministro de aceite de palma y biocombustibles, pero es clave que esté preparado para poder aprovechar esta coyuntura.

Renovación de los cultivos de palma, uno de los retos para el país
Uno de los problemas es que cerca de 300 mil hectáreas de aceite de palma en el país cumplirán más de 25 años en la próxima década. Se trata de aproximadamente la mitad del área total sembrada. Se calcula que unas 65 mil hectáreas deben renovarse en los próximos 2 a 3 años.
Esto implica la necesidad de renovar dichos cultivos, pues dichas palmas ya están cumpliendo su vida útil y su producción ya está en declive.
El reto es evitar que pase lo que ha venido dándose en otros grandes productores de aceite de palma como Malasia e Indonesia, donde la renovación avanza a un ritmo del 2 %, cuando debería estar cerca del 4 %.
“La renovación de palmas no es solo una necesidad técnica, es una decisión estratégica. Cada año que pasa sin renovar, estamos sembrando una crisis futura que afectará la sostenibilidad del sector. Este es un reto que no podemos ignorar, pues pone en riesgo la estabilidad de toda la industria”, dijo el líder gremial.

Sostenibilidad ambiental sigue siendo la prioridad
Para Pérez Marulanda, una de las fortalezas de la palmicultura colombiana es la baja huella de carbono y las buenas prácticas de sostenibilidad y protección ambiental. Por ejemplo, la industria se ha desarrollado sin necesidad de deforestar, como sí se ha dado en otras partes del mundo.
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De los 260 millones de toneladas que representan el mercado de las grasas, cerca del 34% corresponde a los aceites de palma y palmiste, confirmando su papel fundamental en el abastecimiento mundial. Además, gracias a su alta eficiencia, la palma de aceite solo representa el 8% del área sembrada dedicada a los cultivos oleaginosos en el mundo.
Para el líder gremial es clave que se sigan manteniendo estas buenas prácticas de sostenibilidad. Además de garantizar un producto de calidad, también permite que se logren los permisos que se requieren para avalar el SAF colombiano a nivel internacional.
Pérez Marulanda indicó que lo ideal es que el peso de la sostenibilidad no recaiga solo en los hombros del productor, sino que otros actores también deben aportar y apoyar ese proceso.

Mejorar la productividad de los cultivos de aceite de palma
Pérez Marulanda explicó que aunque la palma es la oleaginosa más eficiente con una productividad promedio mundial de 3,3 toneladas por hectárea, “su rendimiento promedio no ha mejorado significativamente en los últimos 20 años”.
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Según el líder gremial, lo observado en Malasia, Indonesia y Colombia ha permitido identificar un estancamiento en los últimos años, incluso con tendencia negativa. Esto debido a que factores relacionados con el cambio climático ha llevado a que la productividad desmejore.

De allí es clave mejorar la productividad de los cultivos existentes, a través de mejores prácticas, el uso óptimo de fertilizantes e identificando el tiempo óptimo de las cosechas. Pero también es clave invertir en investigación y continuar con los estudios genéticos, como los que viene realizando Cenipalma, para identificar híbridos o variedades que tengan una mejor productividad, pero que a la vez sean resistentes a fenómenos como la pudrición del cogollo (PC) y que sean menos vulnerables a los eventos extremos como las sequías.
Para Álvaro Amaya una de las claves está en buscar variedades que tengan un ciclo más corto o que sean más bajas. Esto debido a que la palma es un cultivo de ciclo largo y los problemas de productividad se dan cuando las palmas alcanzan cierta altura.

Envejecimiento de la población y los palmicultores en Colombia
Otra de las preocupaciones, según Pérez Marulanda, es el envejecimiento de los palmicultores, algo que va en línea con la tendencia a nivel mundial del envejecimiento de la población y de la mano de obra.
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En el caso de Colombia, se tiene que más del 50% de los 8.200 palmicultores del país tienen más de 55 años. Además, el número de trabajadores jóvenes disminuyó, mientras que el de palmicultores que tienen más de 46 años está creciendo.
Para el presidente de Fedepalma, esto “plantea la necesidad de redefinir el concepto de fuerza laboral para aprovechar mejor el capital humano disponible”. En ese contexto, la robotización y mecanización de algunas labores de campo, así como el uso de la inteligencia artificial y otras tecnologías “se hacen cada vez más urgentes”.
















