Fedemaderas invita a la comunidad en general en abstenerse de hacer prácticas como fogatas, quemas controladas y manipular en zonas forestales elementos como colillas de cigarrillos y fósforos.

Publicado por: Miguel Orlando Alguero
Los incendios forestales en Colombia han sido una constante todos los años, pero se incrementan durante el fenómeno de El Niño.
Según los registros del Ideam, los departamentos ubicados en la región Andina y Orinoquía presentan la mayor incidencia de incendios forestales en el país, situación agravada en la segunda en donde se quema como práctica para renovar pasturas, sin que esto tenga ningún control.
Estos incendios constituyen una amenaza para la biodiversidad colombiana, causando alteraciones en los ecosistemas, pérdida de recursos genéticos, dificultades en la recuperación de patrones naturales y además agudizando los efectos negativos del cambio climático al generar dióxido de carbono.
El ciclo hidrológico también se ve afectado tanto en cantidad como en calidad debido a la contaminación generada en la combustión.

Juan Miguel Vásquez, director ejecutivo nacional de Fedemaderas, precisó que en Colombia los incendios forestales son uno de los principales factores que causan deforestación.
Un reporte emitido hace unos años por la Dirección de Bosques del Ministerio de Ambiente afirma que un bosque afectado puede tardar entre 25 años y 30 años en recuperarse, dependiendo de su estrategia de restauración.
Sin embargo, el ecosistema nunca volverá a ser el mismo. El documento también señaló que la degradación de los ecosistemas boscosos del país cada año afectan un promedio de 42.000 hectáreas.
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No fogatas, no quema de basuras, no arrojar desperdicios
Los incendios forestales se originan por fuego que se extiende sin control, cuyo combustible principal es la vegetación viva o muerta. Desafortunadamente, la gran mayoría los produce el hombre tanto por acciones medidas como por su irresponsabilidad y desatención.

En consecuencia, la necesidad de abordar una estrategia de prevención cobra vital importancia al centrarse en evitar acciones desencadenantes, por lo que Fedemaderas invita a la comunidad en general en abstenerse de hacer prácticas como fogatas, quemas controladas y manipular en zonas forestales elementos como colillas de cigarrillos y fósforos.
“Todos debemos aportar desde nuestros campos de acción, por lo que gremios, comunidad educativa, propietarios de predios rurales, instituciones locales, medios de comunicación, organizaciones no gubernamentales y entidades nacionales y regionales debemos repensar la estrategia de educación, prevención y mitigación, toda vez que como contención nuestro actuar como sociedad depende del fabuloso y meritorio trabajo que nuestros organismos de prevención y atención de desastres realizan”, dijo Vásquez.
¿Y las especias introducidas?
Una reciente nota del Grupo de investigación y Docencia en Ecología del Paisaje y Modelación de Ecosistemas de la Universidad Nacional de Colombia afirma que “aunque el eucalipto y el pino se introdujeron con la finalidad de obtener madera, terminaron convirtiéndose en un creciente problema al desplazar las especies nativas, que, no son propensas al fuego de forma natural”.
La nota además precisa que “las especies exóticas o foráneas como el eucalipto, el pino y el retamo espinoso muy presentes en los ecosistemas capitalinos, entre ellos, los cerros orientales, están adaptadas a la aparición frecuente de incendios, lo que les permite sobrevivir en estos ambientes donde las conflagraciones ocurren de manera periódica, por eso se conocen como pirófilas -les gusta el fuego-“.

Por su parte, Guillermo Vásquez, decano de la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Colombia Sede Medellín, sostiene que “el material combustible disponible en el piso de un bosque (materia orgánica semidescompuesta, hojarasca, ramas, frutos, fustes, etc.), y el material combustible aéreo vivo, es una función de la productividad de biomasa del ecosistema, lo que a su vez es una función de las condiciones climáticas y edáficas (suelo) del sitio. Por ende y durante su fase de crecimiento, tanto los bosques plantados como los bosques naturales (en estado sucesional) producen gran cantidad de biomasa que se aporta al piso del suelo y que constituye material combustible. Al alcanzar la madurez, estos ecosistemas plantados o naturales disminuyen la producción de biomasa”.
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Así las cosas, los bosques plantados monoespecíficos tienen una mayor susceptibilidad a la propagación de incendios, aspecto distinto a decir que tienen mayor susceptibilidad al inicio de incendios, básicamente porque la materia orgánica fresca acumulada en el suelo y en la porción aérea es más homogénea y por ende el factor de combustión es diferente al de ecosistemas diversos, generando menos resistencia a la propagación de las llamas.
Fedemaderas considera que se debe diferenciar los conceptos de “riesgo” para que se genere un incendio forestal en función de la “amenaza” entendida como la cantidad de material combustible almacenado en el ecosistema y la “vulnerabilidad” entendida como la posibilidad de que las acciones humanas causen la ignición.















