Una exposición internacional reúne en Bucaramanga a 40 artistas que cuestionan los roles de género, los modelos de belleza, las identidades y las violencias que pueden esconderse detrás de aquello que una sociedad considera “normal”. Se inaugura este 6 de septiembre en el Museo de Arte Moderno de Bucaramanga.

Publicado por: Redacción Cultural
¿Qué se espera de un hombre o de una mujer? ¿Quién establece cómo debe comportarse un cuerpo? ¿Qué ocurre con quienes se salen de esas reglas?
Esas preguntas atraviesan SYZYGY/SICIGIA, una exposición internacional que reúne en Bucaramanga a 40 artistas de Canadá, Brasil, Colombia y México y convierte asuntos como el género, la identidad, el deseo, la memoria y la diversidad en materia para el arte.
Hay fotografía, pintura, grabado, instalación, objetos, libros de artista y videoperformance. Las técnicas cambian de una obra a otra, pero buena parte de la conversación pasa por el cuerpo: cómo se mira, qué marcas deja sobre él la cultura y qué posibilidades tiene de escapar de los papeles que una sociedad le asigna.
El proyecto fue concebido por el artista colombiano-canadiense César Forero y toma su nombre de un término astronómico. Una sizigia ocurre cuando varios cuerpos celestes se alinean. Forero trasladó esa imagen al terreno humano para pensar en una posible coincidencia entre lo femenino, lo masculino y lo espiritual.
Pero detrás de esa imagen hay también una preocupación social.
Cuando Vanguardia conversó con Forero sobre el proyecto en junio de 2025, mientras la exposición comenzaba su recorrido internacional, el artista hablaba de un mundo en el que los avances en reconocimiento de las mujeres, las poblaciones LGBTQ+ y las personas migrantes convivían con nuevas expresiones de exclusión. Para él, SYZYGY/SICIGIA surgía precisamente como una respuesta colectiva desde el arte frente a esas tensiones.
En aquella conversación también planteaba que el proyecto no pretendía limitarse a la denuncia. Su interés estaba en recuperar la capacidad del arte para dejar memoria, plantear preguntas y generar espacios de entendimiento.
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“El arte no va a cambiar el mundo por sí solo, pero sí puede plantar una semilla”, dijo entonces Forero.
Más de un año después, esa propuesta llega a Bucaramanga después de haberse transformado durante su paso por distintos territorios.

Una pregunta sobre Santander
La parada santandereana no funciona simplemente como otra fecha del itinerario.
Aquí las preguntas de la exposición se encuentran con ideas muy concretas sobre la familia, la autoridad, lo masculino, lo femenino y las maneras consideradas aceptables de habitar el cuerpo.
El planteamiento curatorial para Bucaramanga pone la mirada sobre aquellas violencias que no siempre son reconocidas como tales porque han terminado incorporándose a la vida cotidiana: comentarios, gestos, expectativas familiares, silencios y juicios sobre cómo debería comportarse otra persona.
Ese componente local ya estaba presente en el origen del proyecto.
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En la entrevista con Vanguardia, Forero destacaba que Santander tenía una fuerza creativa asociada al cuerpo, las experiencias comunitarias y las memorias que pocas veces ocupan el centro de los relatos. También señalaba que la exposición buscaba que las voces producidas desde América Latina y otros lugares considerados periféricos no aparecieran como complementarias, sino como necesarias dentro de la conversación artística internacional.
Ahora esa conversación regresa al territorio del que salieron varias de sus obras.
Una de las piezas que aterriza de manera más directa esa discusión en Santander es Sin-Vergüenzas: Creencias Internalizadas, de LaColectiva, agrupación de mujeres artistas creada en Bucaramanga en 2015 e integrada por egresadas de Bellas Artes de la Universidad Industrial de Santander.
La obra parte de las investigaciones de la antropóloga Virginia Gutiérrez de Pineda sobre la familia santandereana y el denominado “Código del Honor”.
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Un velo de novia, fotografías, etiquetas, frases, tejidos y diferentes objetos domésticos construyen una instalación que pregunta de qué manera la familia transmite ideas sobre aquello que una mujer o un hombre deberían ser y cómo esas creencias pueden pasar de generación en generación hasta parecer naturales.

Es justamente uno de los asuntos centrales de la muestra: muchas reglas sobre el cuerpo y el género no están escritas en ninguna parte. Se aprenden.
César Forero también participa como artista.
Su obra Mariposa, creada en 2026, parte de una palabra que durante años ha sido utilizada en Colombia como insulto homofóbico. Forero se apropia de ella y cambia su sentido.
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La mariposa deja de funcionar como agresión y aparece asociada con metamorfosis, dignidad, diversidad y derecho al amor.
Ese gesto tiene relación con una idea que el artista ya planteaba cuando Vanguardia lo entrevistó en 2025: para él, alcanzar una “sicigia” personal supone recomponer aquello que ha sido fragmentado por experiencias como el trauma y encontrar nuevamente una forma de habitarse. El concepto de alineación, por tanto, no se queda en el cielo; funciona también como metáfora de reconstrucción individual y colectiva.

Cuerpos distintos, preguntas comunes
Las obras internacionales amplían esa discusión.
La canadiense Alana Bartol cruza género, poder y explotación de los recursos naturales. James Fowler lleva cuerpos queer a un paisaje rural y altera las relaciones entre aquello que se muestra y aquello que permanece oculto. Joey Bruni parte del ginandromorfismo presente en algunas mariposas y polillas para plantear la diversidad como una condición que también existe en la naturaleza.
Desde Brasil, Caia Gusmão Ferrer, artista trans no binaria, trabaja sobre las violencias ejercidas contra personas con identidades de género diversas. Natália Gregorini, por su parte, utiliza su personaje drag Filomena Fúria para armar y desarmar una figura femenina como un rompecabezas: una identidad que no aparece terminada de una vez y para siempre, sino que puede reconstruirse.
También están los trabajos de los colombianos Claudia Carrillo, Milton Afanador Alvarado, Olga Lucía Tijo y Patricia Arría, vinculados al Colectivo Plástico Por Ahora, además de los proyectos individuales de Isabel Cristina Acuña y Neryth Yamile Manrique Mendoza.
Allí aparecen la sexualidad femenina, la memoria de las mujeres de una familia, los modelos de belleza, el dolor, la violencia y la construcción de la propia identidad.
SYZYGY/SICIGIA no llega a Bucaramanga exactamente como salió.
Su paso por diferentes países fue incorporando artistas, miradas y discusiones. El proyecto ha contado con la participación curatorial de Cecilia Stelini, desde Brasil; Dory Perdomo, desde México; Melissa La Porte y el propio César Forero, además del trabajo realizado en Colombia para contextualizar la exposición en Bucaramanga.

En la entrevista publicada por Vanguardia en 2025, cuando buena parte de ese recorrido todavía estaba por hacerse, Forero definía el proyecto como una experiencia colaborativa y transnacional en la que las obras podían contar tanto aquello que duele como aquello que resiste.
Hoy ese recorrido completa otra vuelta.
Después de hablar del cuerpo desde Canadá, México y Brasil, SYZYGY/SICIGIA llega a Santander para hacer una pregunta mucho más cercana: qué ideas seguimos cargando sobre nuestros propios cuerpos y sobre los cuerpos de los demás.
Y ahí la sizigia deja de ser únicamente un fenómeno astronómico.
Se convierte en la posibilidad de que cuerpos, experiencias e identidades diferentes coincidan durante un momento en el mismo espacio sin tener que dejar de ser distintos.
















