Cultura
Sábado 14 de enero de 2012 - 12:00 AM

La trilogía Soca se completa

El trabajo juicioso de Ricardo Soca de más de quince años ha permitido hoy a Rey Naranjo Editores entrar al mercado editorial, conocer y descubrir a todos esos lectores amantes, como nosotros, del idioma castellano. Después del éxito editorial de ‘La fascinante historia de las palabras’ y de ‘Palabras fabulosas’, el autor cierra magistralmente este capítulo con ‘Palabras milenarias’.

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Publicado por: Puno Ardila Amaya

Este es el último tomo de la trilogía dedicada al castellano del periodista uruguayo Ricardo Soca. En su última entrega, el autor hace una recopilación en forma de diccionario con cerca de quinientos términos, tratados con un estilo claro y ameno, y con el rigor que caracteriza toda su obra. Con este libro, emprenderemos un viaje a nuestra civilización a través de sus palabras y sus historias.
Hablar de Ricardo Soca y de su trabajo de difusión del castellano es hoy en día un tema coyuntural, pues con la reciente discusión entablada entre el portal del autor uruguayo (elcastellano.org) y los administradores del portal de la RAE, se ha despertado todo tipo de acciones en que los usuarios han demostrado un apoyo incondicional al autor y además han reivindicado el valor de un oficio que por años ha permitido a muchos tener un encuentro diario con el origen de las palabras.

“… El autor hace una recopilación en forma de diccionario con cerca de quinientos términos, tratados con un estilo claro y ameno, y con el rigor que caracteriza toda su obra”.

Disputa por las palabras
Ricardo Soca, desde su portal en Internet, reprodujo algunos avances de la decimotercera edición del Diccionario de la Real Academia Española, hecho que provocó un reclamo de la Academia y del Grupo Planeta para que Soca retirara la información, con el argumento de que la lista de palabras cuya definición ha cambiado, y cualquier información contenida en el portal rae.es, así como la ubicación de su enlace, deben obedecer a un permiso otorgado por los administradores.
Esta situación, publicada por la misma página elcastellano.org, generó una protesta de los seguidores del portal del periodista uruguayo, representados en 12 500 visitantes diarios y más de 210 000 suscriptores, que alegan, por un lado, que cualquier idioma que se hable en el mundo pertenece a sus hablantes, lo mismo que la información pertinente, y, por el otro, que una comunidad tan grande como la de hispanoparlantes deba estar sometida a los designios de una sola institución.

“… Los seguidores del portal alegan que cualquier idioma pertenece a sus hablantes y que una comunidad tan grande como la de hispanoparlantes deba estar sometida a los designios de una sola institución”.

Palabras milenarias
Para ilustrar con ejemplos, presentamos algunos de los términos incluidos por el autor en la última producción de su trilogía.
Bribón: Dicen que la Biblia es el libro más vendido de la historia y el que ha sido traducido a mayor número de idiomas. Lo que pocos saben es que este nombre, derivado del griego ‘biblíon’, libro, dio lugar a otras palabras de nuestra lengua que poca relación guardan con los libros o con cualquier religión. Hacia el siglo XV, la palabra ‘biblia’ se había deformado, y muchas cultas decían ‘bibria’ (…) En el siglo XVI surgió la expresión “echar la bibria”, referida al arte de los pícaros de “engañar alabando con bellas palabras”, arte que más adelante se denominó simplemente ‘bibria’, y luego, ‘briba’. Y el que practicaba este arte recibió el nombre de ‘bribón’.
Factura: Proviene del sustantivo apelativo femenino latino ‘factura’, que significaba “lo que se hizo”, “lo hecho”, “trabajo o mano de obra”, derivado del verbo ‘facere’, hacer. En nuestra lengua, factura expresa “acción y efecto de hacer”, pero sobre todo, la “relación de artículos comprendidos en una venta, envío u otra operación comercial”, principalmente, cuando esta relación está exprsada en un documento con validez fiscal.
Indigente: La etimología de la palabra ‘indígena’ provoca con frecuencia preguntar si su origen es el mismo que el de ‘indigente’, una duda razonable, puesto que ambos vocablos comparten las primeras siete letras. La respuesta es que no, que son voces de etimología diferente, a pesar de provenir ambas del latín. ‘Indigente’ llega del latín ‘indigens’, ‘-entis’, sustantivo de tercera declinación derivado del verbo ‘indigere’, “carecer, tener falta de algo”, formado por el prefijo ‘indu-’ (una forma arcaica de in-) y el verbo ‘egere’, “estar privado de algo”.
Mear: Palabra derivada del latín vulgar ‘meiare’, del cual también procede el portugués ‘mijar’. Según diversos registros, entre ellos de Cicerón, Ulpiano y Plinio, los latinos también se referían al acto de orinar con la expresión “urinam facere”. Los romanos usaban con el mismo significado el verbo ‘mingere’, del cual provienen las palabras castellanas ‘micción’ y ‘mingitorio’, y la portuguesa ‘mictório’, mingitorio.
Parquear: Este verbo expresa el acto de estacionar un automóvil en un área destinada a ese fin. Muchos creen que se trata de un anglicismo derivado del verbo inglés “to park”, pero en realidad se deriva de ‘parque’, “lugar dedicado al recreo”, procedente del francés ‘parc’, “lugar para guardar animales”, formada a partir del romance francés ‘parricus’, significado que aún se mantiene en nuestra lengua en expresiones como “parque zoológico”, que proviene del alto alemán antiguo ‘pfarrih’, “corral para animales”, “gallinero”, y que también dio origen al alemán moderno ‘park’.
Pírrico: Pirro, rey de Epiro, era un militar famoso por su dominio de la estrategia militar. En 281 a. de C., recibió un pedido de ayuda de la colonia griega de Taréntum, hoy Tarento, en guerra con los romanos. El rey Pirro acudió al llamado con 25 000 hombres y se enfrentó con los romanos en la sangrienta batalla de Heraklea, en la que obtuvo la victoria a costa de la pérdida de 13 000 soldados. Un año más tarde, volvió a derrotar a los romanos en la batalla de Ausculum, en la provincia de Apulia (Puglia), pero nuevamente, sufrió pérdidas tan severas que el general victorioso expresó: “Otra victoria como esta y seremos destruidos”. Desde entonces, la expresión “victoria pírrica” –del griego pyrrikós– se usa para calificar un triunfo que tiene un costo más elevado para el vencedor que para el vencido.

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Publicado por: Puno Ardila Amaya

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