Cultura
Sábado 06 de julio de 2013 - 12:01 AM

El azul cobalto desapareció del cielo

Es probable que para el lego en temas técnicos relacionados con el color en la pintura, la sentencia de este artista que se autoclasifica como perteneciente al género de la “siempre nueva pintura clásica”, no diga mayor cosa.

Compartir

Publicado por: CÉSAR MAURICIO OLAYA

Sin embargo, la continuidad que enmarcan sus palabras sí lleva a varias reflexiones cuando concluye: “Representar el paisaje como lo hicieron nuestros mayores, los maestros de la pintura universal, hoy de hecho es distinto y obliga a hacer cambios; las atmósferas urbanas y rurales son otras, la contaminación ha pasado una cuenta de cobro al color del cielo, es otro, y si uno como pintor naturalista no lo asume, está siendo un mentiroso”.

Se deriva entonces una reflexión a pie juntillas, y qué mejor que hacerla parodiando una frase célebre atribuida al constructor de caminos Geo Von Lengerke: “¿Qué le hace una raya más al tigre?”,que se complementa con esta otra reflexión: “¿Qué le hace un azul más al cielo?”.

Miguel Alberto Torres, bumangués, criado en el barrio Comuneros en el seno de una familia humilde, hoy con cincuenta y tantos años de oficio de pintor y gozando de los beneficios de la comodidad y el bienestar que su arte le ha prodigado, responde a la inquietud “quien se diga pintor y no haya asumido un rol de permanente diálogo con la luz, con la observación, con el juego de las sombras, con el color en sus diferentes estados, le queda grande ese título”. Nosotros no producimos fotocopias de la realidad; eso pueden hacerlocómodamente los fotógrafos; nosotros hacemos una lectura de la tierra, del paisaje, del entorno, y cada quien a su manera compone su propia sinfonía interpretativa”.

El Negro Domínguez

“Siempre he sido un observador y un enamorado de la naturaleza. De niño, en un paseo familiar, mientras mis hermanos jugaban al fútbol o nadaban, yo pasaba horas sentado en una roca, contemplando el paisaje. Ese espíritu es la gasolina de mi alma como artista. En casa, me inventaba juegos que solo yo entendía: observar y luego con un cartabón de mi madre, que era modista, tomar las longitudes de las sombras de los techos sobre el piso, a medida que el sol iba desplazándose al paso de las horas”.

Este era el artista en incubación que un día, mientras remplazaba en la atención a la pequeña tienda de barrio que complementaba la economía familiar, fue interrumpido por la presencia de un curioso personaje; un hombre de elevada estatura y piel morena que se detuvo a observar al muchacho que en ese momento dibujaba sobre un bloc un esbozo de retrato que intentaba copiar de una foto familiar.

Miguel Alberto recuerda que se presentó como “soy el Negro Dominguez; déjame ver lo que haces”. Acto seguido, el personaje abrió una gran caja que traía consigo, extrajo una serie de elementos de medición, hizo unas lecturas, y sobrevino con una pregunta: “¿Quién te enseñó sobre proporciones humanas?”.

Lo siguiente sería el comienzo de su carrera como artista. Primero, el personaje se presentaría como un troquelero enamorado del arte universal, luego le recomendaría a su madre que impulsara a su hijo en su arte y, al día siguiente, llevaría al muchacho a las puertas de la Dicas (Dirección de Cultura Artística de Santander), recomendado ante su directora, Luz Clemencia Arenas del Pino, con una sentencia: “Clemencia, aquí te dejo un artista que no necesita ser incubado; dale las herramientas para que termine de salir del huevo, que acá hay un talento”.

Los capítulos posteriores se escribirían sobre miles de lienzos intervenidos, premios, exposiciones en mas de diecisiete países y un encuentro muy íntimo y personal con la esencia de su espíritu como artista: “Dialogar a diario con la luz, con la madre naturaleza y con Dios”.

No obstante, queda un capítulo final que el artista quiere dilucidar, donde se encuentra hoy el Negro Dominguez, aquel que lo sorprendió cuando le mostró La piedad, tallada o –mejor– grabada, sobre la cabeza de un alfiler, autoría de este artista incógnito, que lo descubrió hace mas de cuarenta y cinco años.

Compartir

Publicado por: CÉSAR MAURICIO OLAYA

Publicidad

Publicidad

Noticias del día

Publicidad

Publicidad

Tendencias

Publicidad