Cultura
Sábado 24 de enero de 2015 - 12:01 AM

Secreta cercanía

El poeta y el loco señalan con su presencia que el ser humano no solo es poseedor de una razón analítica que todo lo distingue y lo diferencia, sino que también existe en él el riesgo o la posibilidad permanente de perder esa razón.

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Publicado por: CAMILO GARCÍA

El gran poeta alemán Federico Hölderlin, autor de la extraordinaria novela ʽHiperión’–en la que expone su concepción de la creación artística y poética como un acto de unión amorosa entre los hombres y los dioses–, pasó los últimos treinta y un años de su vida en la ciudad de Tubinga, sumido en un estado de locura pacífica –una esquizofrenia catatónica–,al cuidado de un ebanista admirador de su obra. El poeta español recientemente fallecido Leopoldo María Panero, autor de una prolija y valiosa obra, fue también un enfermo mental que estuvo recluido en hospitales psiquiátricos en diversas ocasiones. En este sentido, la vida de estos dos poetas es semejante a la del poeta colombiano Raúl Gómez Jattin, quien debido a la enfermedad que padeciótambién pasó gran parte de su vida adulta encerrado en diversos centros de atención mental, y la otra parte malviviendo en condiciones infrahumanas en parques y calles de Bogotá y Cartagena, ciudad en donde finalmente murió atropellado por un bus en 1997. Tal vez en este poema titulado ʽEn este cuerpo’ dejó plasmado el mejor y más conmovedor retrato de sí mismo, de su ser desgarrado y deshecho:

En este cuerpo

en el cual la vida ya anochece

vivo yo

vientre blando y cabeza calva

pocos dientes

Y yo adentro

como un condenado

Estoy adentro y estoy enamorado

y estoy viejo

Descifro mi dolor con la poesía

y el resultado es especialmente doloroso

Voces que anuncian: ahí vienen tus angustias

voces quebradas: pasaron ya tus días.

La poesía es la única compañera

acostúmbrate a sus cuchillos

que es la única.

La vida y la presencia de estos poetas nos recuerdan la profunda y secreta cercanía que siempre ha existido entre el poeta y la locura, que Platón señaló tempranamente en la historia de la cultura occidental. En efecto, en su diálogo ʽFedro’, nos dice: “Hay un tercer estado de posesión y de locura procedente de las musas que, al apoderarse de un alma tierna y virginal, la despierta y la llena de un báquico transporte tanto en los cantos como en los restantes géneros poéticos y que, celebrando los mil hechos de los antiguos, educa a posteridad. Pues aquel que sin la locura de las musas llegue a las puertas de la poesía convencido de que por los recursos del arte habrá de ser un poeta eminente, será uno imperfecto, y su creación poética, la de un hombre cuerdo, quedará oscurecida por la de los enloquecidos”.

Sin embargo, considero que esta semejanza no se refiere solo al hecho de que en todo gran poeta brota una especie de estado de locura, de delirio o de pérdida de la razón cuando escribe un poema, sino, sobre todo, a que hay una semejanza diferente y mucho más profunda: la que se da en el plano del lenguaje, o, mejor, en la manera como los dos tratan el lenguaje que crean o que usan. En efecto, el poeta se parece al loco porque los dos suelen designar a los seres y a las cosas del mundo con nombres que originalmente no les pertenecen, con palabras que corresponden a seres y cosas diferentes; cuando el poeta crea una metáfora confunde como lo hace el loco cuando habla una cosa con otra. Y al hacerlo así, los dos forjan con el lenguaje una gran semejanza entre diversos seres y cosas del mundo real.

Pero, por otro lado, el poeta no es un loco porque no establece con sus versos semejanzas inexistentes en la realidad como lo hace el loco cuando usa el lenguaje, sino, al contrario, se propone siempre buscar y hallar las semejanzas profundas y ocultas que realmente existen en el mundo para revelarlas en y con el lenguaje. Este hecho lo constató muy bien Michel Foucault en su libro ʽLas palabras y las cosas’, cuando, analizando el papel del Quijote en la formación del saber y la cultura moderna, dijo: “En los márgenes de un saber que separa los seres, los signos y las similitudes, y como para limitar su poder, el loco asegura la función del homosemantismo; junta todos los signos y los llena de una semejanza que no para de proliferar. El poeta asegura la función inversa; tiene el papel alegórico; bajo el lenguaje de los signos y bajo el juego de sus distinciones bien recortadas, trata de oír el “otro lenguaje”, sin palabras ni discursos, de la semejanza. El poeta hace llegar la similitud hasta los signos que hablan de ella; el loco carga todos los signos con una semejanza que acaba de borrarlos”.

Por esa razón, el poeta y el loco, situados juntos en esta relación de simultánea similitud y disimilitud, nos muestran con su presencia que el ser humano no solo es poseedor de una razón analítica que todo lo distingue y lo diferencia, sino que también existe en él el riesgo o la posibilidad permanente de perder esa razón y de ser arrojado al universo de la semejanzas inexistentes; o la posibilidad de dejarla por un momento a un lado, de manera intencional, para poder encontrar las semejanzas reales y profundas que existen entre las diferentes cosas del mundoque la presencia, muchas veces hegemónica, de la razón analítica no le deja percibir. Dos posibilidades reales que hacen parte integrante e ineludible de la existencia humana.

Publicado por: CAMILO GARCÍA

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