Cultura
Sábado 03 de octubre de 2015 - 12:01 AM

El poema que le costó la vida a Osip Mandelstam

El poema, que no escribió, pero que sí recitó en voz alta en algunas salas pequeñas y cerradas de Moscú, fue denunciado por uno de los oyentes a la policía secreta –a la Tjeka–, que lo tomó prisionero una noche de mayo del año siguiente, y lo confinó en un campo de concentración a las afueras de la ciudad de Cherdin.

Compartir

Publicado por: CAMILO GARCÍA

Cuatro años más tarde, en 1938, después de habérsele prohibido escribir, de habérsele impedido acceder a papel y lápiz, y de haber sido sometido a angustiosos tormentos físicos y mentales, murió en un campo de trabajos forzados al que lo habían trasladado cercano a Vladivostok.

“Vivimos sordos a la tierra bajo nosotros, a diez pasos nadie escucha nuestros discursos.

Nada más oímos el escalador del Kremlin,

Al asesino y verdugo de campesinos.

Sus dedos son gruesos como larvas, y las palabras caen de sus labios, definitivas, como pesas de plomo.

Sus mostachos de cucaracha miran de soslayo, y brillan las cañas de sus botas.

Rodeado de un hez de jefes con cuellos de gallina, juega con los tributos de los medio-hombres.

Uno silba, el otro maúlla, el tercero hace pucheros.

Apunta con el dedo, y solo él prospera.

Forja decretos en cadena, como herraduras.

Uno para la ingle, uno para frente, para la sien, para el ojo.

Da vueltas a las ejecuciones en su lengua, como fresas.

Quisiera poder abrazarlas, como a grandes amigos de la familia”.

Mi estimado amigo Jaime Barrios Carrillo, en su excelente texto ‘La potestad de la memoria’, que hace parte de su libro Antiensayos, nos relata que su esposa Nadiezhda cuando lo visitaba en la prisión memorizaba con extraordinaria fidelidad todos los poemas que el poeta concebía, que “escribía” en su mente, y que se los decía a media voz, casi en silencio, para que los guardias que no dejaban de custodiarlo no lo oyeran; poemas que después transcribió sigilosamente para salvarlos para la posteridad. Y este fue con toda seguridad uno de esos poemas que le dijo de nuevo, y que ella transcribió con más cuidado, esmero y amor. Gracias a esta valiosísima labor que realizó, pudimos, entonces, después todos conocer este trascendental poema “que constituyó el grave y espantoso delito que cometió”, y por el que las autoridades judiciales soviéticas dirigidas por Stalin lo encarcelaron y lo torturaron hasta conducirlo a la muerte.

Publicado por: CAMILO GARCÍA

Publicidad

Publicidad

Noticias del día

Publicidad

Publicidad

Tendencias

Publicidad