Cultura
Sábado 23 de abril de 2016 - 12:01 AM

Henry Flórez Soler: Me siento como en el desierto

Esta es una reflexión a propósito de la decisión que ha tomado el maestro santandereano Henry Flórez Soler de radicarse en Europa, como respuesta vital a la nula disposición de las administraciones locales de crear espacios sólidos y permanentes para la formación en artes plásticas dirigidos a niños y jóvenes de la ciudad.

Colección del pintor Henry Flórez
Colección del pintor Henry Flórez

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Publicado por: DOMINGÓ

Para ilustrar la importancia del arte en la vida de los individuos y las sociedades Carmen Reviriego, autora de ‘El laberinto del arte’, cita la historia del escritor estadounidense David Foster Wallace, en la que dos peces jóvenes van nadando despreocupadamente y se cruzan con un pez anciano que los saluda: “Buenos días, chicos, ¿qué tal el agua?”. Los dos peces adolescentes continúan tranquilos, y al cabo de un rato uno le dice al otro: “¿Qué demonios es el agua?”. Así, sin muchas complicaciones, Carmen Reviriego nos ubica de manera sencilla en la utilidad del arte, aclarándonos su funcionalidad de la siguiente manera: “Lo cierto es que en algún momento de la vida cualquiera puede darse cuenta de que las cosas más importantes –a veces vitales–, nos han pasado desapercibidas. Para que esto no ocurra sirve el arte”. Y ese es el vaivén de las aguas que ha permeado el arte en toda su historia, especialmente la pintura.

Pocas veces somos conscientes de su importancia en la sociedad, de su poder de conmover y estimular los espíritus de cada ser humano, de la posibilidad de pensamiento y reflexión que tiene la pintura y la forma de conocimiento que nos ofrece para mejorar las sociedades en las que vivimos. En la historia del arte la pintura es una sucesión de rupturas, en las que muchas veces se ha decretado su muerte; son tantas que aún se pueden oír esos sonidos como ecos de estrellas muertas que viajan por la historia desde el instante mismo del nacimiento de la fotografía en el siglo XIX, que puso en aprietos a los pintores retratistas, hasta el coleccionista inglés Charles Saatchi, que en la década de los noventa sentenció que la pintura ya no tenía sentido. Eso sin contar el caso más conocido de Duchamp, cuando propuso usar un Rembrandt como tabla de planchar, por allá en 1920. Desde entonces las rupturas han continuado hasta el presente, cuando el denominado ‘arte contemporáneo’ y sus exclusivas expresiones de arte conceptual, performances e instalaciones, dominan hoy el escenario de los mercados, la galerías y las ferias de arte, al tiempo que la academia y las estructuras estatales –especialmente– miran con recelo y sutil prejuicio el arte de la pintura de caballete.

Aun así, la pintura continuó siempre con sus cultores, reconocidos unas veces, desconocidos otras, aunque lo recurrente en este oleaje de la historia parece ser el desconocimiento y la indiferencia que, en ocasiones, las sociedades padecen respecto a la importancia de la pintura y sus artistas, hecho que ocurre casi en silencio y que los artistas pintores sobrellevan serenamente.

Para la muestra un botón

El talentoso artista santandereano Henry Flórez Soler es uno de esos pintores de generación reciente, que después cumplir una sólida formación artística en Europa vuelve con las ilusiones de servir a su región no solo creando aquí, en su tierra, sino con la intención de enseñar a jóvenes y niños los secretos del arte de la buena pintura. Pero se encuentra con la sorpresa del silencio y la indiferencia del entorno social, que no tiene como prioridad que las cosas vitales como el arte y la buena pintura formen parte de su tejido. Así que el maestro Henry Flórez regresará a Europa. Creará allá y enseñará allá, ya que aquí las instituciones públicas o privadas, al igual que en la historia de los peces, se preguntan todavía “¿Qué demonios es el agua?”.

“Me siento como en el desierto”, afirma el maestro con nostalgia y tristeza por no haber podido enseñar su arte a jóvenes y niños que hoy muestran un interés verdadero en la práctica de las artes, especialmente la pintura. No unos sencillos talleres, sino un programa permanente, institucionalizado, de amplia cobertura, que permita formar sólidamente en este difícil arte. No se interesaron en su propuesta de enseñanza, ni en la importancia de su creación artística, así que el maestro Flórez Soler regresará a la tierra que lo formó como artista, ya que aquí, paradójicamente, los jóvenes y niños intuyen –a diferencia de los peces de la historia de David Foster– que el arte sirve para que las cosas esenciales de la vida no pasen inadvertidas, que este mejora la sociedad, que las hace más pacíficas y creativas, mientras que parece que son los peces ancianos (que son los que deciden) los que no perciben la importancia del arte como un motivador de la reflexión del ser humano y la sociedad, haciendo que esta sea viable, con verdadera vocación de paz y un significado compartido del bien común.

Trayectoria artística

Henry Flórez Soler, artista santandereano nacido en Bucaramanga y formado en prestigiosas academias de arte en Europa como la Arauco, Fundación de Artes y autores contemporáneos de Chinchón-Madrid, Academia Peña Plaza Mayor de Madrid; con maestros de la talla de Hernando González, Miguel Alberto Torres y Guillermo Muñoz Vera. Ha expuesto en escenarios tan importantes como el Museo Thyssen Bornemiza de Madrid (España), la Galería Marieschi de Milán (Italia), la Galería Ansorena de Madrid (España), la Galería Stravitz de Virginia Beach (USA), la Galería 10/10 de México D. F., la Galería Sala Amárica de Gastaiz de Vitoria (España), Galería Sant Vincent’s de Filadelphia, (USA) y Galería Llahí en el Principado de Andorra. Completó su formación ejerciendo como copista en el Museo del Prado de Madrid, hecho nada fácil por la rigurosidad académica que esto conlleva y las normas que el Museo exige. Ha realizado copias de obras del arte universal como ‘Los borrachos’ de Velázquez, entre otras.

Publicado por: DOMINGÓ

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