Cultura
Sábado 11 de junio de 2016 - 12:01 AM

El observador observado

El artista santandereano Jaime Abril presenta en la Alianza Francesa de Bucaramanga, del 1 al 30 de junio, su más reciente producción artística, denominada ‘El observador observado’.

(Foto: xxx)
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Publicado por: DOMINGÓ

La estructura del proyecto expuesto es una equivalencia entre tres expresiones artísticas aparentemente distantes, pero que aquí se complementan: un espacio subjetivo debidamente planeado (el del observador), pintura realista que designa la pauta de lectura del conjunto expuesto –complementado por la escultura ‘Búcaro’, con características de constructivismo geométrico– y una pintura abstracta denominada ‘Cúmulos’.

Esta propuesta artística trae a la memoria un paisaje surrealista que, de manera lejana, permite oír los ecos de algunas obras de René Magritte, especialmente por la relación entre el lenguaje y sus objetos. La pintura realista de Jaime Abril, producida con meticulosa técnica, representa diferentes clases de personas, niños, jóvenes y adultos observando en grandes salas de exposición un conjunto de pinturas abstractas y esculturas de un claro estilo geométrico. Hasta aquí, en apariencia, todo luce normal; lo interesante, desde una perspectiva artística, ocurre cuando el visitante observa, en conjunto, todos los elementos que integran la exposición. Entonces, el espectador encuentra, como habíamos dicho, una representación –desde diferentes ángulos– de observadores en disímiles actitudes, frente a pinturas y esculturas que a su vez salen de esos cuadros realistas y pueden ser ubicadas en el espacio que el visitante considera real. Se genera así una sensación de tiempo singular, un aparente “déjà vu” que necesariamente nos obliga a pensar en los conceptos de tiempo y espacio desde un enfoque científico.

Si bien el arte no es ciencia –ni pretende serlo, ya que no es esa su razón de ser–, sí es un camino que posibilita plantearnos preguntas trascendentales que nos acercan a un diálogo tranquilo con la ciencia, por lo menos como inquietud. Nos encontramos entonces con que ‘El observador observado’ despierta nuestra curiosidad, nos abre a espacios de comprensión del mundo o sensaciones que de otra manera no experimentaríamos. Es eso lo que hace precisamente esta obra de Jaime Abril, inquietarnos, sacudir nuestra comodidad de habitar materialmente los espacios que consideramos reales, para adentrarnos en la posibilidad de habitar, desde la representación, una especie de universos paralelos, acercándonos intuitivamente a las hipótesis físicas en las que entran en juego existencias simultáneas de realidades en apariencia independientes, pero que se presentan ante nuestros sentidos como una unidad material. Esta obra es un mundo infinito, de giros infatigables, que tiene la capacidad de involucrarnos sensorialmente, forzando nuestra permanencia en espacios distintos que, como en un poema de Boris Pasternak, nos hace “rehenes eternos en la prisión del tiempo”.

La calidad artística de esta obra de Jaime Abril viene precedida por una trayectoria importante, desde la época en que recibe clases del maestro Miguel Alberto Torres, pasando por su participación en 1998 en la VII Bienal de Arte de Buenos Aires; luego su participación en la escuela de Arte Moderno y Contemporáneo del odontólogo y también artista Rafael Díaz Chacón, en donde conoció los distintos movimientos artísticos, estudió pintores de diferentes tendencias y estilos para establecer un diálogo productivo entre la pintura y la contemporaneidad, lo cual le permitió exponer en importantes ferias de arte, como Art Miami, Art Santa Fe, Art Shanghai, Art Caracas, 1ª Fiart Santo Domingo, Art Dubai, Martin Luther King Memorial, Mexican Cultural Industrial Frida Kahlo’s Gallery y Palais de Glace Buenos Aires, entre otras. Asimismo, ha participado en bienales y concursos de arte internacional, como el National Orchid Show de Washington USA, en 1995, donde obtuvo un segundo puesto. Fue seleccionado como único representante por Colombia en la VII Bienal de Arte Sacro pintura 1998; fue el ganador en 2009 del premio Leonardo D’Vinci a las Artes la Ciencia y la Cultura en Brindici, Italia, y en 2014 ganó el primer puesto Mariamulata de Oro en la Categoría Pintura, del Premio Grau a las Artes.

Es así como el maestro Jaime Abril, con un recorrido importante, un pensamiento estructurado y una enorme disciplina pictórica, demuestra que la pintura de caballete, aún en estos tiempos, tiene mucho para decir.

Publicado por: DOMINGÓ

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