Cultura
Domingo 23 de abril de 2023 - 12:00 AM

Bruno Longoni: Un argentino busca la esencia del tango en Bucaramanga

Esta es la historia y el pensamiento de Bruno Longoni, un verdadero maestro tanguero en Bucaramanga.

En busca de la esencia del tango, Bruno Longoni exploró las diversas manifestaciones de este género musical y cultural que nació en el Río de la Plata a fines del siglo XIX. Marco Valencia / VANGUARDIA
En busca de la esencia del tango, Bruno Longoni exploró las diversas manifestaciones de este género musical y cultural que nació en el Río de la Plata a fines del siglo XIX. Marco Valencia / VANGUARDIA

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Publicado por: Paola Esteban

El tango en Colombia tiene una larga y rica historia que se remonta a principios del siglo XX. El ritmo seductor llegó desde París y Buenos Aires, y pronto cautivó a los colombianos con su melancolía y su elegancia. Un hito en esta historia fue la visita de Carlos Gardel a Medellín en 1935, que terminó en tragedia cuando el ídolo murió en un accidente aéreo. Su muerte conmovió al país y generó un fervor por el tango que aún perdura, especialmente en la ciudad de la eterna primavera.

En Bucaramanga, el abogado y excelente bailarín de tango, Pedro Pablo Contreras, lidera un proyecto artístico y cultural alrededor de la música con ritmo de Tango que se inauguró el 24 de junio de 2010 en la Casa del Libro Total en Bucaramanga y en su academia de tango deleita a los amantes de este género, una comunidad pequeña, pero cálida, donde el argentino Bruno Longoni encontró refugio a su llegada a Bucaramanga.

El amor lo trajo a la ciudad en 2015 y desde entonces no ha dejado de transmitir su amor por esta música, por sus letras, por su idiosincrasia y de buscar su esencia en mientras toca el bandoneón.

Esta es su historia y su pensamiento sobre el tango.

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El amor lo trajo a Bucaramanga

Fue el tango el que unió a Bruno Longoni con Ana Paola Moreno, que hoy es su esposa, con quien comparte su vida y su música. Ella es una violinista virtuosa que llegó a Buenos Aires (nació en Ocaña), y Bruno es un curioso que buscaba aprenderlo todo de una de las pasiones más grandes de toda Argentina, el tango.

Se conocieron en un ensamble donde afinaron sus instrumentos y corazones. En Buenos Aires pasaron unos años de pasión y melodía, hasta que quisieron probar suerte en Colombia, más precisamente, en esta ciudad.

Bruno ya había venido antes y había formado un conjunto de tango. Con ellos recorrió escenarios y emocionó al público con sus arreglos. Luego fundó un quinteto donde pudo expresar su alma en música, pero no solo ésta llenaba su alma. También sentía una vocación por las letras, por la investigación y la docencia. Así fue como empezó a trabajar en el Libro Total, donde continuó explorando el mundo de la literatura y, a la par, comenzó a dar clases en la Universidad Industrial de Santander.

Y aunque la pandemia fue un golpe duro para el arte, ni él, ni su esposa, ni sus músicos se rindieron. Siguieron tocando, componiendo, escribiendo, enseñando. Siguieron viviendo al ritmo del tango.

Tango en la ciudad

Hace unos años, el destino lo cruzó con un hombre fuera de lo común, el reconocido abogado y bailarín de tango, Pedro Pablo Contreras, fundador de la Academia de Tango de Santander.

Allí encontró a una familia de tangueros, gente de todas las edades que comparte el amor por el baile, la música y la poesía del tango: algunos son expertos bailarines que deslumbran con sus pasos, otros son aficionados que disfrutan de milonguear, de poner tangos de fondo y bailar entre amigos.

“Hemos compartido muchísimas presentaciones juntos en todos los escenarios de la ciudad, el Teatro Corfescu, el Teatro Santander, el Luis A. Calvo y en algunos pueblos aledaños a Bucaramanga y encontré en ellos una comunidad modesta, pero muy cálida, con un amor muy genuino y muy sincero por el tango y por lo tanto para mí ellos representan un pedazo de patria fuera de la Argentina”, comenta Bruno.

Dice que en Bucaramanga le ha pasado de todo: ha vivido tanto buenos como malos momentos.

“Nos hemos enfrentado a un público muy receptivo, generalmente mayor. Es raro que un muchacho de 20, una chica de 20 años se interesen, pero hace poco había una cátedra en la UIS de una asignatura que propuse que se llama Las letras de Tango en la cultura argentina y tuvo una recepción muy positiva, hasta terminar bailando en una clase”, comenta.

Cuenta, también, que una noche tocando en el Hotel Ciudad Bonita para un público un “poquito bullicioso”, tuvieron que soportar no solo gritos e improperios, también les exigían tocar tangos “populares”, que a la larga, ese público no conocía.

“En Bucaramanga no está instalada esta cultura del respeto y el silencio por un artista que se está desempeñando sobre el escenario, y por lo tanto la gente tiende a hablar y el bumangués tiene un tono de voz lo cierto alto...”, opina Bruno.

Su amor por el tango

Desde que era adolescente, Bruno se sintió atraído por el tango, ese género musical que nació en el Río de la Plata, y que se convirtió en un símbolo de la identidad argentina. Aprendió a tocar el bandoneón, el instrumento emblemático del tango y ha dedicado gran parte de su vida a explorar sus diversas facetas: la lírica, la musical, la pictórica y la coreográfica.

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“El tango no es un género fácil, no es una música fácil de tocar, pero así fuimos formando pianistas, violinistas, contrabajistas. El problema es que en Bucaramanga la gente talentosa suele fugarse. Entonces se repetía esta escena donde yo formaba un pianista y nos entendíamos mucho musicalmente, pero a la larga o la corta se terminaban yendo”, señala.

Actualmente uno de sus músicos está en China, el pianista; el contrabajista está en Estados Unidos, un violinista se fue a España.

A la par de esto, hace tres años empecé una tesis doctoral en la Universidad de Barcelona a distancia con un profesor argentino, donde yo me propuse estudiar las letras de tango y en ese estudio se dio la confluencia porque cuando empecé a estudiar las letras de tango de manera más sistemática, me daba cuenta de que había muchas coincidencias con el fileteado, que es el arte pictórico del tango.

La tesis creció, se tornó más ambiciosa y terminé analizando las cuatro formas de arte, intentando encontrar el ‘Santo Grial’, la esencia de los tangueros.

Fue un proyecto muy ambicioso, casi todos los libros que ves aquí atrás son de tango o están vinculados este.

La esencia del tango

En busca de la esencia del tango, Bruno exploró las diversas manifestaciones de este género musical y cultural que nació en el Río de la Plata a fines del siglo XIX. Su hallazgo fue que el tango se rige por tres principios fundamentales: simetría, contraste y síntesis, que le confieren una forma cerrada y rigurosa, pero también rica en matices y expresividad.

Bruno analiza las letras, la música, la danza y el fileteado (el arte decorativo típico de los carteles y los instrumentos del tango) desde una perspectiva formalista. Según él, el tango logra un equilibrio perfecto entre lo narrativo, lo dramático y lo lírico, los tres grandes géneros literarios. Cada canción es una miniópera que cuenta una historia en tres minutos, con personajes que se interpelan y elementos poéticos que evocan sentimientos y emociones.

“La conclusión a la que llegué es que tanto las letras, la música, la danza como el fileteado están regidas por tres grandes principios: simetría, contraste y síntesis y eso es lo que lo que le había garantizado al tango una cierta perfección formal porque el tango es una forma cerrada muy simétrica, muy rigurosa, tanto en el número de compases como en la letra, pero al mismo tiempo explota mucho los contrastes y en el caso de las letras de tango algo curioso que se da (en los letristas de 1917 a 1955), es que consiguieron un equilibrio perfecto entre lo narrativo, lo dramático y lo lírico.

Dice que el tango es una “miniópera” que cuenta una historia en tres minutos, pero, además, es una puesta en escena que interpela a los personajes y, al mismo tiempo, explota todos los elementos propios de la lírica, sobre todo hacia los años 40.

Señala que las mejores letras de tango son aquellas que consiguen un equilibrio perfecto entre lo narrativo, lo dramático y lo lírico, que son los tres grandes géneros literarios.

Bruno y su esposa, la violinista Ana Paola Moreno. Marco Valencia / VANGUARDIA
Bruno y su esposa, la violinista Ana Paola Moreno. Marco Valencia / VANGUARDIA

Publicado por: Paola Esteban

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