Cultura
Viernes 13 de septiembre de 2024 - 02:15 PM

Vicki Ospina: la pionera de la fotografía que capturó la transformación social de Colombia

La pionera de la fotografía colombiana, Vicki Ospina, presenta su exposición “Crónicas Visuales de la Transformación Social en Colombia” en Bucaramanga, en el marco del programa Salas Abiertas del Banco de la República. Esta muestra, que recorre tres décadas de su trabajo, ofrece una visión única de la Colombia convulsa de entre los años setenta y noventa.

Vicki Ospina en la sala de exposiciones del Banco de la República de Bucaramanga. Foto: Paola Esteban C. /VANGUARDIA
Vicki Ospina en la sala de exposiciones del Banco de la República de Bucaramanga. Foto: Paola Esteban C. /VANGUARDIA

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Publicado por: Paola Esteban

Cuando era “demasiado temeraria”, Vicki Ospina se fue para la Costa Atlántica en un Renault 4. Metió allí prácticamente toda su casa, a sus hijos, a su perro cocker, toda su música. De regreso pasó por el Cañón del Chicamocha. “Es una locura”, dice con esa forma suya de hablar y mover las manos, a veces fuerte, directa. Sin duda influida por esos ancestros santandereanos, los Villalba. Y como quien no quiere la cosa va soltando su sabiduría, adquirida luego de cincuenta y cuatro años haciendo fotografía y viviendo con ella la convulsa Colombia de la segunda mitad del siglo XX. Lea también: Exposición fotográfica “Ancestralia Mayor: Los Sembradores de Agua” rinde homenaje a la herencia ancestral de Vetas, Santander

La pionera fotoperiodista María Victoria Villalba Stewart (no le gusta el término reportera) tiene con qué dar sus lecciones de vida: cubrió las protestas sociales en 1970, la toma del Palacio de Justicia en 1985 para la agencia Reuters, se enamoró y se desenamoró de la vida en comunidad y le pasó de largo al machismo en un oficio donde sus colegas rabiaban porque lograba estar donde no era común que las mujeres estuvieran.

Dice que reconoce en Santander a esa estirpe luchadora. Una a la que siempre ha amado: la clase trabajadora. Ella es, en realidad, incansable. Todo comenzó en los años setenta, cuando compró su primera cámara y comenzó a tomar fotografías para diferentes periódicos y revistas del país. Y, también, para el Movimiento Obrero Independiente y Revolucionario, Moir, del que hacía parte y del cual se separó cuando éste se unió al partido comunista.

Ahora, su exposición “Vicki Ospina 1970-1990, Crónicas visuales de la transformación social en Colombia”, un proyecto ambicioso que abarca diez años de itinerancia por el país, hace su segunda parada en el área cultural del Banco de la República de Bucaramanga. Sus fotos son un documento visual y vivencial de la Colombia convulsa que hoy nos parece desconocida, lejana. Pero que nos educó para ser lo que somos.

Vicky Ospina en los años setenta. Foto suministrada/VANGUARDIA
Vicky Ospina en los años setenta. Foto suministrada/VANGUARDIA

Antes de comenzar su conferencia en la sala de exposiciones del Banco de la República, Vicki habla conmigo sobre su ejercicio periodístico y lo que significa para ella verlo allí, expuesto. Es, de alguna manera, lo más parecido a ir en una máquina del tiempo. Una de las primeras fotos que veo es la imagen de unos trabajadores sobre una pared marcada con el logo y el slogan de la marca Coca Cola: “la chispa de la vida”. Son los años setenta.

“Esa fue una época muy importante en mi vida, porque pasamos del hippismo al marxismo y fue realmente una conversión, una entrega absolutamente total en la cual uno no cuestiona nada. Siempre tuve un gran amor o he tenido un gran amor por el trabajo y por la gente trabajadora. Teníamos un grupo de amigos y la filosofía de crear nuestra propia vida independiente de un sistema en el cual no creíamos”.

De esta foto dice, en particular, que fue difícil ampliarla, pero lo logró. Ella misma hizo las copias de las fotos que viajarán por el país.

Uno de los primeros trabajos de Vicki fue una serie de fotografías sobre la palma africana y sus cultivadores para el diario El Periódico, liderado también por una mujer, Consuelo Salgar de Montejo. Para hacerlo, regresó a Bucaramanga. Varios de ellos habían sido apresados de forma injusta.

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“Recuerdo que estaba embarazada de mi hija Galia, de tres meses. Me fui en un bus desde Bogotá a Indupalma en San Alberto, Cesar. Mi contacto no estaba allí, así que tuve que ir a Bucaramanga de nuevo. Fue otro viaje hasta que lo encontré. Nunca presenté mi carnet de periodista y me uní a los trabajadores por mi cuenta, recorriendo toda la plantación con ellos. Después, entrevisté a los presos… Y me echaron por ese reportaje. A pesar de todo, quedé feliz. Fue entonces cuando quise entrar a Cromos”, cuenta con desparpajo. Hace reír. Cuenta con humor, con sorpresa, es una excelente narradora que lleva lo visual más allá de la fotografía.

Vulnerabilidad y complicidad en las calles (1976-1977), la serie muestra a un conjunto de niños y un par de ancianas que dieron vida a “Gamines de Bogotá”, uno de sus trabajos más icónicos. Foto suministrada Banco de la República/VANGUARDIA
Vulnerabilidad y complicidad en las calles (1976-1977), la serie muestra a un conjunto de niños y un par de ancianas que dieron vida a “Gamines de Bogotá”, uno de sus trabajos más icónicos. Foto suministrada Banco de la República/VANGUARDIA

“Entonces, realmente la fotografía tiene mucho que ver con todo lo que uno ama. La fotografía es como una biografía de mi vida. Durante una época, por ejemplo, tomaba muchas fotos de mis niños. Para que algo tenga sentido, siento que debo tomar una foto. Es la alegría de tomar la foto, es algo interno, una fuente interior de alegría”, explica, “cada una es un motivo de alegría. Es como encontrar una imagen soñada que tenías en tu alma y de pronto la ves en el mundo físico y la reconoces”.

Laura Zarta Gutiérrez, curadora de la exposición, explica que Vicki Ospina fue una pionera, una de las primeras mujeres en Colombia que se dedicaron a la reportería gráfica en una época en la que esa profesión estaba dominada por hombres. El sistema garantizaba que fueran los hombres quienes se dedicaran a eso y es por esto que Vicki se convirtió en un ícono, no solo para Colombia sino para América Latina, en la reportería gráfica hecha por mujeres.

“Más allá de ser mujer, su valor como fotógrafa radica en su mirada única y especial, que contribuye de manera importante a entender lo que estaba pasando en esos años de transformaciones sociales y económicas, previos a la Constitución del 91″, cuenta.

Palacio de Justicia (1985), entre el 6 y 7 noviembre de 1985, la Vicki Ospina documentó la toma del Palacio de Justicia para la agencia Reuters.  Foto suministrada Banco de la República/VANGUARDIA
Palacio de Justicia (1985), entre el 6 y 7 noviembre de 1985, la Vicki Ospina documentó la toma del Palacio de Justicia para la agencia Reuters. Foto suministrada Banco de la República/VANGUARDIA

Dice que esos años fueron determinantes en la historia reciente del país, con eventos como la toma y retoma del Palacio de Justicia: “aunque son cosas que ya pasaron, siguen teniendo relación con nuestro presente y pueden ayudarnos a pensar en futuros diferentes. Nos ayudan a entender cómo se relacionan esos hechos con los movimientos sociales, las personas en situación de calle y los hechos de violencia en el país. Todo esto ha contribuido a generar la historia que compartimos hoy y cómo nos entendemos como colombianos”.

Vicki Ospina ganó el Premio Nacional de Fotografía en 2019 con otra serie, pero era importante que esta exposición viajara por el país.

Zarta Gutiérrez, indica que serán cuarenta y cinco fotografías repartidas en tres ejes de la exposición, que hacen un recorrido por las series y fotografías que Vicki tomó entre 1970 y 1990. Todas estas fotografías forman parte de la colección del Banco de la República y fueron adquiridas en 2019.

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El banco adquirió 43 de las 45 fotografías en 2019; las otras dos fotos las había donado Vicki al Banco de la República en 1978. En ese año, se realizó una exposición en la Biblioteca Luis Ángel Arango. “Con esta muestra, creemos que estamos rindiendo homenaje a la carrera de Vicki y reconociendo su legado, no solo como fotógrafa, sino también como artista y docente”, señala.

Viki Ospina nació en Barranquilla, en 1948. Se educó en buenos colegios e hizo muchas más cosas de las que eran consideradas propias de la mujer en la época. A mediados de los sesenta conoció a su esposo, Sebastián Ospina, el reconocido actor que todos hemos visto en cine y televisión. Tiene dos hijos, que siempre fueron su prioridad, y todavía se aterra de cómo lograba cuidarlos y a la par tomar fotografías de forma incansable.

Ya para 1975 logró vincularse con la revista Cromos, en la que salió publicada su famosa serie Los gamines, sobre los niños que habitaban las calles de Bogotá. Fueron tan impactantes sus fotografías, que mostraban a los pequeños trabajando y también jugando, yendo y viniendo, que una de las obras fue seleccionada por Les Gamins de Bogota de Jaques Meunier.

Vicki Ospina en los años setenta. Foto suministrada/VANGUARDIA
Vicki Ospina en los años setenta. Foto suministrada/VANGUARDIA

“Me quitaba el delantal de la cocina y me ponía la bata del cuarto oscuro”, recuerda mientras cuenta su trasegar de la época. “Lo mío siempre ha sido conocer al otro, saber quién es ese otro, esa autoridad, meterme dentro de ese mundo. Desde pequeña tenía esa faceta; me iba con el primer extraño que encontraba cuando tenía cinco años. Siempre he tenido esa apertura. Tengo a Mercurio muy fuerte en mi vida. Soy tauro con ascendente en Virgo. Tengo un Mercurio muy poderoso, por eso soy comunicadora”, dice mientras observa sus fotografías. Constantemente tiene la vista puesta en ellas y parecen llevarla a esa época inequívocamente cada vez. Incluso unos minutos más tarde, mientras dicta su conferencia en la sala de exposiciones del Banco de la República, se levantará de su silla y caminará hacia alguna de ellas mientras cuenta el contexto en el cual la tomó.

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“Por ejemplo, en una manifestación en Cali, me salí por la cornisa de una ventana y después no pude regresar. Me preguntaba qué hacía allí arriba, trepada. Siempre he sido así”, explica.

En los años setenta, las mujeres en Colombia, el movimiento feminista comenzó a ganar fuerza. Las mujeres se organizaron para luchar por sus derechos y por la igualdad de género. Se formaron grupos y organizaciones que promovían la participación política y social y empezaron a demandar mejores condiciones laborales y salarios justos. Y así, la representación de las mujeres en los medios de comunicación comenzó a cambiar lentamente. Se empezaron a ver más mujeres en roles profesionales y de liderazgo, aunque los estereotipos de género seguían siendo comunes.

Dice que se ponían verdes de envidia cuando en Cromos, Margarita Vidal, directora de la revista entre 1982 y 1999 decía: “Vamos a entrevistar a Torrijos y quiero que venga Vicki ”. Ellos respondían: “Vicki no está de turno de noche, no está en turno de viaje”. Margarita insistía: “No importa, quiero que venga conmigo”.

Eso sí, hacía de todo para sostener a su familia, hasta fotografíar cajas fuertes. “Tenía un amigo cuya mamá tenía una fábrica de cajas fuertes. Yo, en mi trabajo para vivir, hacía de todo, incluso encontrar la personalidad de las cajas fuertes para los catálogos”, dice con seria, pero después se ríe. También hizo muchas fotos para el Teatro Libre, claro, y para el Moir.

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Una de las fotografías de Vicki Ospina. Foto suministrada/VANGUARDIA
Una de las fotografías de Vicki Ospina. Foto suministrada/VANGUARDIA

“Tuve la iniciativa de hacer las cosas y, desde luego, enfrenté oposición. Como te digo, cuando entré a la revista Cromos, hubo resistencia. El jefe me dijo: “¿Qué viene a hacer aquí? Este es un medio de hombres”, pero ella se fue a tomar fotos mientras educaba a sus hijos. Se levantaba a las tres de la madrugada, los atendía y luego se iba a trabajar como cualquier otro fotoperiodista.

“Lo único que me diferenciaba como mujer era que siempre llevaba un aguacate en mi maleta de cámaras. Mis hijos siempre fueron mi prioridad”, dice. “Hacía los teteros y luego tenía jornadas de 16 horas en Cromos, trabajando de noche”.

Laura Zarta Gutiérrez, curadora de la exposición, asegura que Vicki tiene “agendas de esa época, de todo, porque siempre lleva una agenda. Las tiene guardadas con colores distintos para cada cosa”.

¿Cómo fue pasar de la fotografía analógica a la digital? Vicki tiene una cámara Laika, que ama, y que lleva consigo siempre. Enfoca todo lo que ve. Enfoca cuando la enfocan para tomarle una foto, incluso. Es pequeña pero digital, dice, y da un blanco y negro muy parecido a lo análogo, que es lo que le gusta.

“Hace como 20 años que tomo fotos en digital, pero aún conservo todas mis cámaras grandes. Todavía tengo la Nikon con los seis lentes. Para mí, siempre la luz ha sido lo más mágico de la fotografía. Mis lentes siempre han sido muy luminosos, captan mucha luz. Por eso siempre anduve con una variedad de lentes en vez de uno solo, a no ser que ese único lente tuviera todas las características necesarias”, explica.

Y agrega que aun tiene su viejo laboratorio de revelado en casa.

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Publicado por: Paola Esteban

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