Cultura
Martes 25 de noviembre de 2025 - 01:26 PM

El bumangués que destaca en el mundo con sus fotografías

Lo que empezó como un pasatiempo terminó convertido en un logro mayor: tres fotografías de paisaje del bumangués Carlos Piñeros Serrano fueron incluidas en la prestigiosa edición No. 12 de 2025 de Lürzer’s Archive, referencia global en fotografía y creatividad publicitaria.

Cuenca Bathwater, EE.UU.
Cuenca Bathwater, EE.UU.

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Publicado por: PAOLA ESTEBAN C.

La historia de Carlos Piñeros Serrano es una imagen: un bumangués que se fue a Bogotá a hacer publicidad, que aprendió a mirar en museos, sets y agencias y que un día abrió el correo y descubrió que sus fotos de viaje iban a compartir páginas con algunos de los nombres más relevantes de la fotografía contemporánea. Una historia contada, como sus mejores imágenes, en un solo disparo de la cámara donde caben la intuición, el oficio y esa terquedad de seguir mirando el mundo como si cada paisaje fuera, otra vez, el primero.

Y es que tres de sus imágenes acaban de entrar a Lürzer’s Archive, en la edición No. 12 de 2025 dedicada a los mejores fotógrafos del año. Para quien no esté en el circuito, Lürzer’s es una de las publicaciones más importantes del mundo: allí han aparecido durante décadas las campañas más potentes del planeta, lo que las agencias de Bogotá, Londres o Berlín, entre otras ciudades, miran para saber por dónde va la vanguardia.

Carlos nació en Bucaramanga y, como tantos jóvenes de la región, se fue a Bogotá a estudiar mercadeo y publicidad. Desde que se graduó entró a trabajar en agencias: primero como diseñador gráfico, luego como director de arte y, con los años, como director creativo. Hoy ocupa ese cargo en RCN.

Su escuela fueron las salas de juntas, las piezas gráficas, las campañas que había que resolver contra reloj.

Carlos Piñeros Serrano.
Carlos Piñeros Serrano.

“Siempre he estado en un contexto de producción audiovisual, de fotografía”, cuenta. “Desde la dirección de arte uno va aprendiendo inevitablemente cómo se hace un buen encuadre, qué funciona estéticamente, cómo iluminar una escena. No era un curso de foto como tal, pero uno se va llenando de eso”.

La cámara, al principio, fue una acompañante discreta. En los viajes, en los fines de semana, en cualquier escapada, Carlos llevaba el celular o la Sony. Lo que más lo llamaba era el paisaje: montañas, cielos, horizontes que parecían perfectamente encuadrados incluso antes de levantar la cámara.

“Cada vez que salgo de viaje termino tomando fotos de paisajes. Luego las veo y digo: “Oiga, esta foto está linda, está muy bonita”. Y ahí empecé a pensar que, de pronto, valía la pena mandarlas a algún lado”, recuerda.

Un hobby que termina en un ranking mundial

Lürzer’s Archive, esa publicación que conocía de oídas en el medio publicitario, empezó siendo una vitrina de campañas publicitarias. Con el tiempo sumó listados de “200 Best”: primero campañas, luego artistas digitales y después fotógrafos. Lo que para muchos creativos es un objeto de consulta, para él era sobre todo un lugar al que quería llegar por pura terquedad amorosa.

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Desierto del Sahara, Egipto
Desierto del Sahara, Egipto

“En el medio esa publicación es muy reconocida”, explica, “entonces siempre había querido estar ahí. Cualquier persona puede aplicar: uno envía las fotos y espera. Yo mandé varias fotografías durante varios años; mandaba y mandaba, porque me parecía que en serio eran fotos bonitas”.

Este año insistió de nuevo. Postuló sus paisajes a la categoría Self Promotion, pensada para trabajos personales, no necesariamente ligados a una campaña de marca. No son anuncios, no venden nada. Son, en esencia, una carta de presentación: “esto es lo que yo veo y así lo veo”.

“Yo todo lo que mando es más fotografía de paisaje”, dice. “Esa categoría es abierta, uno puede enviar cualquier tipo de fotografía, así no sea publicitaria. Y de las que mandé, seleccionaron tres para publicarlas en esta edición de los mejores fotógrafos del año 2025. Cuando me llegó la confirmación pensé: “¿En serio? ¿Con estas fotos que hice en los viajes?”.

Lo cuenta con una alegría íntima. Y ahí hay una clave: la publicación no lo convierte, de la noche a la mañana, en algo que él no se reconozca. Más bien le pone un reflector a algo que ya estaba ahí: su mirada del mundo.

Si uno escucha con atención cómo se relaciona Carlos con la cámara, entiende por qué sus paisajes terminan llamando la atención en un entorno saturado de imágenes: “la fotografía tiene un reto muy específico: capturar ese momento, ese segundo Uno siente muchas cosas cuando está frente a un paisaje, sobre todo si es algo que nunca ha visto en la vida. La foto, de alguna forma, tiene que contar eso en una sola toma”.

Para él, el disparo es una especie de traducción emocional. Sabe que el ojo percibe matices de luz y profundidad que el sensor de la cámara no puede replicar del todo, pero le interesa el intento. Es la sensación del ojo y la de la cámara, pero se trata de transmitir lo que se siente. Ese paisaje, ese cuadro… Carlos busca que la foto le transmita algo a cualquiera que la vea.

Playa La Boquita, La Guajira.
Playa La Boquita, La Guajira.

En esa búsqueda se filtra su formación visual. A falta de talleres formales, su educación ha sido mirar: “uno aprende yendo a museos, viendo películas, viendo obras de arte”, dice. “Poco a poco va cogiendo un criterio artístico, sabiendo qué es estéticamente bonito, cómo se arma un encuadre. Más allá del conocimiento técnico, es un tema de gusto y de ojo”.

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Aunque durante años la fotografía fue un hobby intuitivo, el reconocimiento de Lürzer’s llegó justo cuando Carlos ya venía sintiendo la necesidad de profundizar para entender mejor lo que lleva haciendo a punta de instinto. Tiene una cámara Sony y en los talleres puede aprender sobre naturaleza, de eventos, de matrimonios, fotografía deportiva… de todo. Le interesa ver cómo trabajan otros tipos de fotógrafos.

Ahora, con este reconocimiento, Carlos se sitúa desde un lugar honesto: no sabe si va a dedicarse a la fotografía profesional, pero sí quiere tener un conocimiento más técnico que complemente su “ojo”. Así puede hacerlo mejor, aunque sea un gusto.

Quizás lo más interesante del caso de Carlos Piñeros es esa doble vida creativa: de día, director en un entorno donde la imagen está al servicio de una marca; en sus viajes, un observador guiado por el placer de mirar.

Publicado por: PAOLA ESTEBAN C.

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