Este 19 de noviembre, el Centro Colombo Americano de Bucaramanga será el escenario de Olga Lucía Mutis Peralta donde compartirá su más reciente obra, un homenaje a sus raíces y a la memoria colectiva que las define.

Publicado por: Paola Esteban
La escritora Olga Lucía Mutis Peralta nació en Bucaramanga y fue criada en el seno de una familia numerosa, ha hecho de su escritura un homenaje a la tierra que la vio crecer. Sus libros, Memorias con olor a romero y Memorias con olor a lluvia, no son solo relatos personales, sino un viaje profundo hacia las raíces de una región marcada por guerreros, campesinos y artistas. En sus páginas, la lluvia que impregna la tierra roja de Santander se convierte en un personaje más, tiñendo de nostalgia y emociones las historias que construyen una identidad colectiva. Lea también: Beatriz González es homenajeada en China por su obra “Auras Anónimas”, en un día especial: su cumpleaños 92
El próximo 19 de noviembre, el auditorio del Centro Colombo Americano de Bucaramanga será testigo de un encuentro cargado de arte y emoción. En el marco del Artist Talk CCAB, Margarita Prada moderará una conversación con Olga Lucía Mutis Peralta, bacterióloga de la Universidad Javeriana y escritora santandereana, quien presentará su más reciente obra literaria. A las puertas de sus 70 años, Olga llega con la fuerza creativa de una vida dedicada a las letras y al arte, lista para compartir el alma de Santander a través de su pluma.
A lo largo de su trayectoria, Olga ha logrado lo que pocos escritores alcanzan: convertir lo cotidiano en universal. Sus memorias están impregnadas de los olores y colores de su infancia, de las luchas y alegrías que marcaron a su familia, y de una mirada introspectiva que conecta al lector con su propia historia. Pero lo que hace única a Olga es su capacidad para transformar esos recuerdos en arte. No solo escribe; también pinta. Con sus acuarelas, dibuja los paisajes que su pluma describe, creando un diálogo íntimo entre palabra e imagen.
Para Olga, cada libro es un regalo. Memorias con olor a romero y Memorias con olor a lluvia están dedicadas a sus sobrinos, quienes representan el futuro de una herencia que ella se empeña en preservar. “Es mi manera de decirles quiénes somos, de dónde venimos y qué historias nos unen”, comenta con una sonrisa.
El poder de las historias locales
Las obras de Olga recuerdan la importancia de lo local, de esas historias que parecen pequeñas pero que en realidad son el reflejo de una cultura entera.
Para quienes asistan al lanzamiento, será una oportunidad única de adentrarse en el universo de Olga Lucía Mutis Peralta, un espacio donde la nostalgia se convierte en esperanza y donde la tradición se transforma en arte. Con su pluma y sus acuarelas, Olga no solo cuenta historias: las inmortaliza, recordándonos que, como la lluvia, nuestras raíces siempre estarán ahí, esperando ser descubiertas.
Este evento no es solo para lectores habituales, sino para todos aquellos que buscan reencontrarse con lo esencial, con la belleza de recordar quiénes somos y de dónde venimos. En las palabras de Olga se esconde un llamado a la memoria, un homenaje a Santander y un tributo a la fuerza inagotable de la creación.
Hablé con la escritora vía WhatsApp sobre su obra y los temas que le interesan.
Publicidad
¿Cómo influyó su infancia en una familia numerosa en la construcción de las historias que narra?
Si bien mi familia era numerosa, en realidad había como dos grupos: mis 3 hermanos mayores (los grandes) y los últimos 4 (los chiquitos). Digamos que cuando yo empiezo a tener recuerdos, a los 4 años, los grandes ya estaban en bachillerato o terminando. La diferencia era muy grande.
Sin embargo, para una tropa tan grande y una casa grande, a nuestro alrededor siempre hubo 3 muchachas, el jardinero, la que iba a lavar y planchar, la costurera que iba por temporadas a coser uniformes, pijamas, sábanas, más otros supernumerarios, como Alejandro. Era inevitable que se tejieran historias alrededor de todos ellos.
¿Qué la inspira a seguir escribiendo y creando
Por una parte, no dejar que la historia se olvide. Piensa que ya ni siquiera se enseña historia en los colegios. Y las memorias o reminiscencias hacen parte del tejido social de un pueblo. Los santandereanos no somos nada si dejamos olvidar cómo se muele el maíz de la arepa o se hace un buen masato, para dar solo un ejemplo.
¿Qué representa la lluvia en sus libros y por qué es un elemento recurrente en sus narrativas?
He sido afortunada de viajar a muchas partes, pero la lluvia en Santander tiene un olor especial. A tierra roja, a trabajo arduo, a una raza única que labró esa tierra a sudor y sangre. Sin embargo, mi niñera me decía que la lluvia era el llanto de los ángeles. Por eso en mi libro la lluvia representa metafóricamente el llanto por tanto maltrato.
Publicidad
En Memorias con olor a romero y Memorias con olor a lluvia, dedica sus obras a sus sobrinos. ¿Qué mensaje espera transmitirles a través de estas historias?
Nuestra familia es un buen ejemplo de diáspora. Poco a poco fuimos saliendo de Bucaramanga y cuando uno está lejos tiene que contentarse con recuerdos. Espero que mis libros los ayuden a recordar de dónde vienen, dondequiera que estén.
¿Cómo logra equilibrar la introspección personal con el reflejo de una identidad colectiva santandereana en sus escritos?
Créeme que nunca busqué el equilibrio. Simplemente se dio. Al igual que no cocino siguiendo recetas, me niego a escribir con un plan preestablecido. Las historias fluyen y cada una tiene su narrador especial.
Publicidad
¿Qué lugar ocupan el arte y la tradición en sus relatos, y cómo espera que estas historias impacten a los lectores más jóvenes?
Soy de una generación donde las imágenes contaban mucho. De la misma forma en que un estoraque me hacía pensar en castillos o una flor se convertía en barco y me sobrecogían las procesiones de Semana Santa, me sumergía en libros que hacían danzar imágenes en mi cerebro. El arte es un festín para los sentidos, al igual que la música.
Entiendo que el mundo esté cambiando vertiginosamente, pero ninguna historia de Tik Tok se aproxima a las que yo tengo en mi memoria.
No sé qué tan fácil sea llegarles a los jóvenes con un libro, pero tengo la esperanza que todo este boroló (para usar una palabra muy santandereana) mediático, el barullo creado por la inteligencia artificial y los teléfonos celulares adheridos permanentemente a las manos de esos jóvenes, den paso a una edad madura en que se cuestionen cómo era la vida a mediados de Siglo XX, cómo crecieron sus padres, sus abuelos y entiendan que hoy son porque nosotros fuimos.
















