Cultura
Domingo 23 de febrero de 2025 - 08:00 AM

Club del Comercio: un legado de 150 años

En 1873, nació la idea de fundar un club que impulsara la cultura y el progreso en Bucaramanga:el Club del Comercio. Hoy, su trayectoria de anécdotas, transformaciones se plasma en un libro conmemorativo. El Club es patrimonio arquitectónico de la nación.

En su larga trayectoria, en el Club del Comercio familias enteras tejieron vínculos sólidos y sus salones han sido una ventana a la cultura universal. Foto suministrada Saúl Meza Arenas/VANGUARDIA
En su larga trayectoria, en el Club del Comercio familias enteras tejieron vínculos sólidos y sus salones han sido una ventana a la cultura universal. Foto suministrada Saúl Meza Arenas/VANGUARDIA

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Publicado por: Redacción Cultural

Cuentan las crónicas que una noche de marzo de 1873, a la luz de un par de lámparas de aceite, tres caballeros se encontraron en una vieja casona de paredes encaladas. Discutían con fervor la idea de crear en Bucaramanga un lugar de encuentro para las mentes más inquietas de la ciudad. Aquella reunión fue el preludio de la fundación formal del Club de Soto, semilla que, con el tiempo, florecería en lo que hoy conocemos como el Club del Comercio. Lea también: El archivo de Beatriz González podrá consultarse en Bucaramanga

A partir de entonces, la historia avanza como un río que arrastra anécdotas, luchas y sueños. Las páginas de la vida bumanguesa se vieron marcadas por personajes como Nepomuceno Serrano Serrano, auténtico pionero de la idea de contar con un club social de inspiración educativa, y por sus compañeros de aventura, Tobías Valenzuela y Nicolás Genaro Orozco. Juntos, en 1872, crearon un primer intento de institución social: el Liceo de Soto, antecedente inmediato del proyecto que surgiría un año más tarde.

En apenas unos años, adoptó un nuevo nombre acorde con la vocación comercial y económica que impulsaba a sus socios: el Club del Comercio.  Foto suministrada Saúl Meza Arenas/VANGUARDIA
En apenas unos años, adoptó un nuevo nombre acorde con la vocación comercial y económica que impulsaba a sus socios: el Club del Comercio. Foto suministrada Saúl Meza Arenas/VANGUARDIA

El Liceo de Soto dejó encendida la llama que pronto se avivaría en el Club de Soto, fundado formalmente el 1º de mayo de 1873 por un nutrido grupo de comerciantes y amigos que se asociaron y le dieron vida al Club cuyo primer Presidente fue Ruperto Arenas.

En apenas unos años, adoptó un nuevo nombre acorde con la vocación comercial y económica que impulsaba a sus socios: el Club del Comercio.

Con el tiempo, el Club fue consolidando una identidad única y ahora que se celebran ciento cincuenta años de su existencia, la ciudad se viste de gala con la presentación del libro Club del Comercio de Bucaramanga: Decano de los clubes sociales de Colombia, 150 Años, escrito por el historiador Armando Martínez Garnica y que se presentará con un conversatorio especial este 26 de febrero en sus instalaciones.

Su legado, pulido por años de anécdotas y esfuerzos, se erige como testimonio de la voluntad colectiva que impulsó a Bucaramanga a convertirse en la ciudad que es hoy.

Con el paso de las décadas, el Club abrazó la inclusión de señoritas en sus bailes y dio testimonio de cambios culturales que sacudían al mundo.  Foto suministrada Saúl Meza Arenas/VANGUARDIA
Con el paso de las décadas, el Club abrazó la inclusión de señoritas en sus bailes y dio testimonio de cambios culturales que sacudían al mundo. Foto suministrada Saúl Meza Arenas/VANGUARDIA

Un Club que resiste guerras y cambios

La historia no tardaría en poner a prueba la fortaleza de esta institución. Las guerras civiles que sacudieron Colombia en el último tercio del siglo XIX y el arranque del XX obligaron al Club a cerrar sus puertas en varias ocasiones. Entre 1876 y 1877, luego de una época tumultuosa, resurgió bajo el nombre de Club del Comercio, marcando una senda que continuaría, ininterrumpida, hasta nuestros días. Lea también: Filarmed inaugura su Temporada 2025 con”Raíces entre generaciones”

Mientras la ciudad se modernizaba, el Club también fue cambiando. En la década de 1890, las lámparas de aceite cedieron su lugar al primer alumbrado eléctrico que convirtió a Bucaramanga en la pionera de la energía hidroeléctrica en Colombia, gracias en gran parte a la contribución de familias vinculadas al Club. La modernidad se abría paso en las calles y avenidas, y el Club, fiel a su espíritu, adoptaba nuevas costumbres y servicios para el disfrute y la comodidad de sus miembros.

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Uno de los momentos más importantes en la historia del Club llegó en 1922, cuando se construyó la sede propia en la plazuela de Belén—luego convertida en Parque de Santander. La emoción de los socios contrastaba con las preocupaciones económicas para financiar la obra; sin embargo, con perseverancia y la complicidad de instituciones bancarias locales, se erigió un edificio sólido, de ladrillo y piedra, digno de grandeza. Las crónicas de la época relatan cómo el arquitecto italiano Pietro Colombo Monticoni supo imprimirle un aire señorial y elegante, aunando influencias europeas y la esencia santandereana.

En aquellos amplios salones, se organizaban bailes de gala y se discutían ideas de vanguardia. Foto suministrada Saúl Meza Arenas/VANGUARDIA
En aquellos amplios salones, se organizaban bailes de gala y se discutían ideas de vanguardia. Foto suministrada Saúl Meza Arenas/VANGUARDIA

En aquellos amplios salones, se organizaban bailes de gala y se discutían ideas de vanguardia. Un nuevo mobiliario, traído de almacenes modernos, dio la bienvenida a sus socios.

La cotidianidad en el Club estuvo marcada por detalles curiosos que hoy arrancan una sonrisa. Para los eventos formales, era requisito lucir traje largo y frac, una tradición que acentuaba el carácter elegante del Club.

Con el paso de las décadas, el Club abrazó la inclusión de señoritas en sus bailes y dio testimonio de cambios culturales que sacudían al mundo. Desde la llegada del rock and roll hasta la modernización de las relaciones sociales, cada etapa fue asumida con apertura.

En su larga trayectoria, en el Club del Comercio familias enteras tejieron vínculos sólidos y sus salones han sido una ventana a la cultura universal. La colaboración con instituciones de beneficencia y la vocación de fomentar la lectura y el debate dieron vida a una iniciativa que, más allá de la diversión, buscaba transformar la sociedad desde la amistad y la cooperación.

Es precisamente esa simbiosis entre tradición y renovación lo que ha permitido al Club perdurar. Ya entrado el siglo XX, bajo los efectos de la industrialización, los movimientos sociales y los nuevos modelos educativos, el Club continúa siendo testigo—y, en ocasiones, protagonista—del destino de Bucaramanga.

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Publicado por: Redacción Cultural

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