Cultura
Lunes 07 de abril de 2025 - 10:06 AM

“La Europa”: el documental de un santandereano que transforma el dolor del conflicto armado en poesía y música

El documental colombiano La Europa, dirigido por Jorge David Pérez Aldana, narra la historia real de un líder social desplazado que convierte el dolor del conflicto armado en arte, música y memoria.

El documental se construye entre dos geografías y dos tiempos: el exilio en Gijón, Asturias, y el retorno a la vereda La Europa, en Sucre. Foto: Fotograma del documental La Europa, dirigido por el florideño Jorge David Pérez Aldana/VANGUARDIA
El documental se construye entre dos geografías y dos tiempos: el exilio en Gijón, Asturias, y el retorno a la vereda La Europa, en Sucre. Foto: Fotograma del documental La Europa, dirigido por el florideño Jorge David Pérez Aldana/VANGUARDIA

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Publicado por: PAOLA ESTEBAN C.

Mientras el mundo aún lidiaba con el encierro de la pandemia, un antropólogo santandereano, nacido en Floridablanca y que estudiaba cine en Cataluña recibía una llamada. Al otro lado del teléfono estaba Andrés, un campesino, líder social, compositor y sobreviviente del conflicto armado colombiano. Aquella conversación, que comenzó como una entrevista para un performance, se transformó en una amistad inesperada, en una promesa... y en un documental: La Europa. Lea también: El arte popular colombiano celebra 21 años de visibilizar el talento empírico en todo el país

Jorge David Pérez Aldana no solo dirigió esta obra, la vivió. Con formación en antropología y un posgrado en fotografía documental, Jorge llevaba años investigando sobre el conflicto armado en el Catatumbo. Pero el exilio académico lo había apartado de su campo de acción. El estallido social de 2020 en Colombia lo sacudió. Las noticias que llegaban desde su país sobre asesinatos y represión lo impulsaron a hacer algo, desde donde estaba. Fue así como conoció a Andrés.

Andrés, sin saber leer ni escribir, ya había compuesto más de cien canciones. Dos sueños lo impulsaban: lanzar un LP y ver su vida convertida en una película. Jorge eligió uno: el cine. “Ahí fue cuando comenzó la aventura de La Europa, en una noche en Barcelona y una tarde en los Montes de María”, recuerda.

Andrés, como muchos líderes sociales en Colombia, fue perseguido por su trabajo comunitario, por reclamar tierras y denunciar injusticias. Foto suministrada/VANGUARDIA
Andrés, como muchos líderes sociales en Colombia, fue perseguido por su trabajo comunitario, por reclamar tierras y denunciar injusticias. Foto suministrada/VANGUARDIA

El documental se construye entre dos geografías y dos tiempos: el exilio en Gijón, Asturias, y el retorno a la vereda La Europa, en Sucre. Esta dualidad, como explica Jorge, fue esencial para estructurar el relato: “Entre más se separa la película, más se une”, afirma, citando la teoría del cineasta armenio Artavazd Pelechian. Esa tensión entre el allá y el acá se vuelve hilo narrativo, entre gaitas que adormecen y sueños que despiertan memorias.

La Europa no narra el conflicto desde la sangre ni desde los datos, sino desde la poesía. Jorge elude la fórmula repetitiva del cine sobre la guerra en Colombia y opta por una narración sensible, íntima, musical. La historia se revela como un sueño: Andrés se duerme y, a través de esa ensoñación, la película explora su historia, su exilio, su resistencia, su retorno.

“Encontré en la música de Andrés una forma distinta de contar el conflicto, sin imágenes explícitas de violencia. Preferí mostrar cómo el arte puede sanar lo que las balas destruyen”, explica Jorge.

“La Europa”: el documental de un santandereano que transforma el dolor del conflicto armado en poesía y música
“La Europa”: el documental de un santandereano que transforma el dolor del conflicto armado en poesía y música

La voz del que canta en vez de señalar

En la historia reciente de Colombia, el exilio ha dejado de ser una experiencia individual para convertirse en una expresión colectiva de resistencia, marcada por el dolor, pero también por la necesidad de preservar la memoria. La Comisión de la Verdad ha documentado múltiples olas de exilio forzado, siendo una de las más significativas la vivida entre finales de los años 90 y principios de los 2000, cuando la arremetida paramilitar expulsó a comunidades enteras hacia las fronteras y más allá del país. Sindicalistas, militantes políticos, líderes comunitarios y defensores de derechos humanos se convirtieron en objetivos sistemáticos de una violencia que no distinguió entre lo público y lo íntimo.

El arte, la palabra y el activismo encontraron entonces otros territorios desde donde resistir. Según datos del Centro Nacional de Memoria Histórica, más de 500.000 colombianos han sido forzados a abandonar su país por razones asociadas al conflicto armado. España, con más de 5.500 exiliados colombianos, se ha convertido en uno de los destinos más frecuentes para estas voces que, a pesar del desarraigo, se niegan al silencio.

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Uno de esos nombres es el de Jorge Montes, líder social de los Montes de María, quien desde el exilio ha mantenido viva su labor por el fortalecimiento del tejido social de su territorio. Su historia representa la de muchos que, aun lejos de casa, persisten en su compromiso con la defensa de la vida y los derechos humanos.

La situación, sin embargo, no ha cambiado sustancialmente. En palabras de la fiscal general de Colombia, Luz Adriana Camargo, el país continúa siendo uno de los más peligrosos del mundo para quienes defienden causas sociales. Entre enero de 2016 y diciembre de 2024, al menos 1.372 líderes sociales fueron asesinados, aunque se presume que la cifra real podría ser mayor debido a los subregistros y las limitaciones para documentar estos crímenes.

Y aunque algunos líderes regresan al país tras participar en programas internacionales de protección, el retorno no implica seguridad. Es el caso de tres líderes sociales que, luego de ser acogidos temporalmente en Cataluña, volvieron a sus comunidades solo para encontrar un escenario igual o más hostil que el que los obligó a irse. Una paradoja amarga: volver a casa puede ser tan peligroso como huir de ella.

En un país donde la violencia ha intentado imponer el olvido, el exilio se convierte en territorio fértil para la creación artística, la escritura de nuevas narrativas y la construcción de memorias. A través del cine, la música, la poesía o el activismo cultural, estos líderes no solo cuentan lo vivido, sino que lo resignifican para que no se repita.

Andrés, como muchos líderes sociales en Colombia, fue perseguido por su trabajo comunitario, por reclamar tierras y denunciar injusticias. En 2019 sobrevivió a un atentado. El exilio fue su única opción. En España, la melancolía se transformó en canciones. “Me voy pa’ La Europa”, una de ellas, se convirtió en la banda sonora del documental. Lea también: Festival Cine Memoria en Bucaramanga: el cine se convierte en verdad y justicia

El mayor reto narrativo, cuenta Jorge, fue construir la voz en off. Andrés no lee ni escribe, pero canta lo que vive. Así que, en lugar de un guion tradicional, crearon fragmentos desde la conversación, la improvisación, el sentimiento. “Utilizamos entrevistas semiestructuradas como en la etnografía. Andrés compone mientras habla, así que la voz en off no es narración, es poesía hablada”.

Y es que Jorge no dejó de ser antropólogo. Su método fue profundamente etnográfico. No solo investigó: convivió, escuchó, se implicó. El documental, aunque técnico en su factura, respira humanidad.

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Cinco años de trabajo, la mayoría autogestionado. Los desplazamientos entre España y Colombia, las jornadas en veredas sin señal, el esfuerzo por encontrar coproductores... Nada fue fácil. Pero el compromiso lo sostuvo. “La mayor dificultad fue la falta de recursos, como en casi todo el cine colombiano independiente. Pero esta historia merecía ser contada, y la hicimos por amor al arte y al país”, afirma Jorge.

La Europa no es solo el nombre de una vereda. Es símbolo. Es un territorio que Andrés ama y al que volvió, pese al peligro. Foto suministrada/VANGUARDIA
La Europa no es solo el nombre de una vereda. Es símbolo. Es un territorio que Andrés ama y al que volvió, pese al peligro. Foto suministrada/VANGUARDIA

El documental fue seleccionado en importantes espacios como el Bogotá Audiovisual Market (BAM), donde recibió dos premios que le permitieron finalizar la mezcla de sonido, el conformado y la subtitulación. Un impulso clave para llevar La Europa a audiencias más amplias.

La Europa no es solo el nombre de una vereda. Es símbolo. Es un territorio que Andrés ama y al que volvió, pese al peligro. La película, en su esencia, es una apuesta por el arte como forma de resistencia, memoria y reconciliación.

“Hoy Colombia sigue polarizada. Los líderes sociales siguen siendo asesinados. Andrés volvió del exilio y encontró un país aún más dividido. Por eso esta película busca abrir espacios para escuchar, para sanar. No con odio, sino con arte”, dice Jorge.

Y tal vez por eso La Europa no termina cuando aparecen los créditos. Queda en la memoria del espectador como una melodía que denuncia y abraza al mismo tiempo. Como una historia que nos recuerda que aún en los lugares más golpeados, florecen cantos de dignidad.

Publicado por: PAOLA ESTEBAN C.

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