Bucaramanga será escenario del Circuito Literario, una iniciativa que ofrecerá cinco talleres gratuitos de creación literaria, performance, fotografía, artes plásticas y danza en espacios públicos de la ciudad.

Publicado por: Redacción Cultural
En Bucaramanga, octubre se abre con la promesa de transformar la literatura en un acto colectivo y expansivo. No es casualidad: la ciudad, siempre inquieta, será escenario y protagonista de un experimento único, el “#CircuitoLiterario: ¡Vive la perfor~mativa!”, que invita a escribir, pero no solo sentados; a narrar, pero no solo desde la quietud. Aquí, la palabra sale de la página y se mezcla con el cuerpo, la danza, la imagen y el espacio público.
La propuesta, ganadora de la beca “Arte en circulación” del Instituto Municipal de Cultura y Turismo de Bucaramanga, es la obra más reciente de Andrea Patricia Jaimes, escritora y gestora cultural, quien ha tejido una red con el taller Narrativa Pública, la Biblioteca Nacional de Colombia y la Red Relata para que la literatura se expanda y contagie.
El circuito comienza este 8 de octubre, cuando los participantes se darán cita. A lo largo de las jornadas, la ruta literaria se nutrirá de las voces de cinco artistas invitados. Está César Blanco, historiador de la UIS, quien guía una sesión en la que la ciudad se lee como un archivo vivo; Walter Gómez, artista plástico, pone a disposición papeles, pigmentos y objetos para que los textos cobren forma y color; Andrés Navas, artista escénico, propone ejercicios de presencia y voz, haciendo que los relatos reverberen en el aire.
La danza llega de la mano de Natalia Motta, quien invita a explorar la relación entre movimiento y narración, mientras Natalia Londoño, poeta y gestora cultural, guía el cierre del circuito con un taller de escritura performática: textos leídos en voz alta, intervenidos, compartidos, devueltos a la ciudad.
Inscripciones y detalles del circuito
La experiencia es, sobre todo, una invitación a habitar la ciudad de otra forma. Se lee en plazas, se escribe en bancos, se escucha poesía en medio del bullicio. Hay quien toma notas rápidas sobre los movimientos de los otros; hay quien fotografía un mural y luego escribe un microcuento a partir de su imagen; hay quien, entre danzas improvisadas, encuentra la metáfora precisa para narrar el temblor de una pérdida.
Cada participante se convierte en testigo y creador. La palabra se expande y, con ella, las fronteras del arte. Quienes asisten a los cinco talleres, todos gratuitos, con materiales incluidos, no solo se llevan ejercicios y memorias: reciben al final un kit con un libro de autor local y otro de la Red Nacional de Bibliotecas Públicas. Es un gesto simbólico: la literatura como regalo y como red.
El circuito termina el 30 de octubre, pero la semilla queda sembrada. Para muchos, será apenas el inicio de una forma nueva de mirar su ciudad, de leer los gestos cotidianos, de narrarse con y para los demás. Para Andrea Patricia Jaimes y su equipo, el mayor logro es ese: abrir una grieta por la que la literatura, en vez de encerrarse, circule.
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