Cultura
Jueves 20 de noviembre de 2025 - 08:46 AM

Daniel Samper: el arte de burlarse de todos

Daniel Samper Ospina convirtió la sátira política en su forma de independencia. En conversación con Melissa García en el pódcast En Off de Vanguardia, habla de su paso de las columnas al escenario, de su crítica al gobierno, y de por qué insiste en que no hay que pelear por políticos, sino reírse del poder.

Daniel Samper: el arte de burlarse de todos. Foto suministrada/VANGUARDIA
Daniel Samper: el arte de burlarse de todos. Foto suministrada/VANGUARDIA

Compartir

Publicado por: Redacción Cultural

A Daniel Samper Ospina lo han llamado de todo. Payaso, petrista, comediante, escritor frustrado, youtuber de cuarta, bufón de la clase media bogotana. Él se ríe. Y responde como suele hacerlo: con ironía. “A veces me critican por no ser más ácido, otras por pasarme de ácido. He llegado a la conclusión de que si en un momento me insultan los de la izquierda y al siguiente los de la derecha, algo debo estar haciendo bien”, dice.

Lo que hace Samper, en el fondo, es simple: burlarse del poder. Lo ha hecho como columnista, como director de revistas, como comediante en teatros y como youtuber de nueva generación (aunque empezó en eso a los 40 años). Hoy es una figura inclasificable del ecosistema mediático colombiano: alguien que no necesita de un medio porque se convirtió en uno.

“Yo creo que ese es el futuro de muchos periodistas. Algunos medios tradicionales van a sobrevivir, sí, pero otros vamos a terminar siendo nuestros propios medios. Eso es lo que hice con Hola, soy Dani: armé una empresa con colaboradores, con secciones, con agenda. No me jubilé del periodismo: lo reinventé para no extinguirme”, comenta en entrevista con Melissa García, directora de Vanguardia, para su pódcast En Off.

La frase puede sonar grandilocuente, pero en Samper hay poco de eso. Habla con el tono de alguien que ha aprendido a sobrevivir, no a darse importancia. Formado como literato, fue profesor de literatura latinoamericana durante siete años. Soñaba con escribir ficción y ganarse la vida entre libros, pero descubrió pronto que en Colombia “vivir de escribir es casi imposible, a menos que uno sea Vargas Llosa. Y eso con suerte”.

El camino hacia la sátira fue menos planeado de lo que parece. Empezó a escribir columnas por disciplina. Formó un taller con cinco amigos, al que llamaron “el Talco” (taller de columnas), y todos los martes se reunían a leerlas, criticarlas y tomar unos tragos. De ese hábito nació una carpeta de textos que, sin que él lo supiera, terminó en manos de D’Artagnan, entonces columnista estrella de El Tiempo. Fue él quien recomendó sus textos a la directora de Cromos, y así, con poco más de 25 años, Samper publicó su primera columna. Luego vendría Soho, la sátira política en Semana y, años después, el giro inesperado: YouTube.

Cuando Nicolás Montero lo invitó a pararse en un escenario del Teatro Nacional, Samper pensó que se había equivocado de persona. “Yo le dije: vea, yo soy tímido, tengo pésima memoria, jamás me subiría a un escenario a contar chistes. Pero él insistió. Justo esa semana tenía una conferencia corporativa y le propuse que viniera a verla. Era sobre lo fácil que es hacer humor político en Colombia. Básicamente, un PowerPoint comentado”.

Lo que parecía una conferencia terminó mutando en un formato escénico propio: una especie de stand-up con atril, pantalla y sátira en vivo. “No sé si ese formato ya existía, pero yo no lo había visto en Colombia. Fue como inventarme un camino entre el periodismo y el teatro. Y me lancé. Eso fue en 2017. Lo llamé Mi puta obra, porque sabía que había que ir con todo o no ir”.

Desde entonces no ha parado. “Antonio Sanín me lo advirtió: el escenario es adictivo. El silencio ante un mal chiste es espantoso, ensordecedor, pero cuando haces reír, no hay nada igual. Además, el público te edita en tiempo real. Si no se ríe de tu chiste, lo cortas”.

Publicidad

En cada ciudad a la que va con su show, Samper actualiza el guion. Mantiene una columna vertebral, pero deja espacio para material nuevo. “Colombia no da tregua. Siempre hay noticias, ridiculeces, papaya presidencial. El reto es no perder la memoria de tanto atender lo inmediato”.

Su obra actual, Petroverso, surgió de esa necesidad. “La función anterior se llamaba Circombia y abarcaba los gobiernos de Uribe, Santos, Duque y Petro. Pero Petro daba tanto material que decidimos hacer un show solo con él. Es un presidente tan caricaturesco que a veces se vuelve difícil caricaturizarlo más”.

Habla de la ruana con mariposas, del blazer aguamarina “al estilo Ricardo Montaner”, de la cirugía para quitarse la papada. “¿Cómo es que un tipo que pasa el día hablando de lucha de clases aparece haciéndose la papada? Es un personaje completamente contradictorio y eso es oro para un humorista”.

Aunque se define como humorista, Samper no renuncia a su rol de ciudadano. Y como tal, tiene preocupaciones políticas. “Yo defiendo causas, no políticos. A Petro lo apoyé en algunas cosas como el proceso de paz, pero eso no significa que me calle ante sus barbaridades. El humor no puede ser propaganda. El día que uno solo se burla del que no le gusta y le perdona todo al que le cae bien, deja de ser humorista”.

Para Samper, el humor político es, o debería ser, una forma de disidencia permanente. “La sátira es contestataria por naturaleza. Por eso me preocupa cuando veo a humoristas volverse militantes. Algunos colegas que admiré mucho hoy están callados, cómodos, o contratados por el gobierno. Eso me parece una traición al oficio”.

Daniel Samper: el arte de burlarse de todos. Foto suministrada/VANGUARDIA
Daniel Samper: el arte de burlarse de todos. Foto suministrada/VANGUARDIA

La independencia no ha sido gratuita. “He tenido amenazas con todos los gobiernos. Pero este, el de Petro, ha sido especialmente hostil. Hay una militancia en redes que no acepta ni el más mínimo chiste. Me tratan como enemigo público solo por hacer humor. Y eso es muy grave”.

Aun así, no generaliza. Reconoce que hay políticos con piel gruesa: “Clarita López es un encanto. Roy tiene mucho aguante. César Gaviria tiene blindaje siete: se ríe de todo. Incluso Fajardo, aunque parece dormido, no se toma nada a pecho. Mientras más demócrata, más tolerancia al humor”.

Publicidad

Su predicción es que las próximas elecciones serán las del aterrizaje de la inteligencia artificial. “Hace cuatro años fueron las elecciones del TikTok. Esta vez van a estar cruzadas por IA, noticias falsas, manipulaciones. Lo que viene es una guerra por la percepción”.

Hacia el final del episodio con En Off, Samper baja el tono, se pone serio. Su mensaje para los votantes es casi una súplica: “Voten por quien quieran, pero no peleen por políticos. No rompan amistades ni familias por defender a un líder que el día de mañana va a cambiar de principios como quien cambia de camiseta. Ellos se abrazan en el Congreso mientras ustedes se insultan en redes. La política debería ser motivo de chistes, no de guerras personales”.

Ese es, quizás, el fondo de todo lo que hace: usar el humor para recordarnos que nadie tiene la verdad absoluta. Ni el gobierno, ni la oposición, ni él mismo. Lo único que no soporta es el fanatismo y por eso sigue escribiendo, grabando, subiendo al escenario. Colombia necesita reírse, sí. Y también necesita aprender a reírse de sí misma.

Publicado por: Redacción Cultural

Publicidad

Publicidad

Noticias del día

Publicidad

Publicidad

Tendencias

Publicidad