Cultura
Martes 23 de diciembre de 2025 - 11:18 AM

Las Chirozas de La Cumbre: cuando una familia decidió disfrazar la alegría

Hace más de 20 años, una familia entendió que la alegría también se enseña. En el barrio La Cumbre de Floridablanca, las chirozas recorren calles y celebraciones con disfraces, juegos y sonrisas, creando así una tradición que ha marcado la niñez de miles de personas.

Desde los 10 años los niños de La Cumbre se colocan el traje de chirozas para ‘salir a la calle a sacar sonrisas’ a otros niños y familias. / Fotografías por Felipe Jaimes Lagos
Desde los 10 años los niños de La Cumbre se colocan el traje de chirozas para ‘salir a la calle a sacar sonrisas’ a otros niños y familias. / Fotografías por Felipe Jaimes Lagos

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Publicado por: Redacción Vanguardia Digital

En el barrio La Cumbre, de Floridablanca, la Navidad no empieza con luces ni con villancicos: empieza cuando alguien se pone una máscara. Una máscara hecha a mano, colorida, exagerada, dicharachera que sólo puede vestir una Chiroza.

La historia de las chirozas en Floridablanca empezó cuando una familia salió a la calle convencida de que la alegría también puede ser un oficio, una herencia y una forma de resistencia cultural. Edgar Barón Suárez es el ‘padre’ de este personaje en la ‘ciudad dulce’ y habla con la tranquilidad de quien ha sostenido esta idea durante veinte años. Tiene 61 años y una convicción intacta: la cultura puede cambiar destinos. Un 26 de enero de 2005, junto a amigos vinculados a procesos culturales del municipio, creó la Fundación Chicusan (Chirozas de la Cumbre de Santander), respondiendo a una necesidad concreta del barrio: niños y jóvenes sin acceso a disfraces, sin espacios para aprovechar el tiempo libre y sin alternativas culturales cercanas.

Este elegante personaje no son solo es un ‘bufón de carnaval’, es una forma de ‘sacar a los chinos de la calle’. Edgar lo explica sin grandilocuencias: vio que muchos jóvenes no tenían cómo acceder a un disfraz, que la cultura parecía lejana o costosa, y decidió crear un grupo donde nadie quedara por fuera. Lea también: Bucaramanga celebra 403 años con el Festival de los Saberes y Tradiciones Artesanales

Desde entonces, diciembre dejó de ser solo una fecha y pasó a ser un propósito. Las chirozas comenzaron a recorrer los distintos sectores del barrio La Cumbre y de Floridablanca, acompañando novenas, celebraciones y encuentros comunitarios. Actualmente, cerca de 25 personas integran el grupo, todas portando máscaras elaboradas artesanalmente, trajes construidos con años de trabajo y una misma misión: llevar alegría, incluso cuando por dentro no todo esté bien.

Ser chiroza también es vencer la pena

Para Daniela Rodríguez Ortiz, ser chiroza fue primero un reto personal. Tenía 15 años cuando decidió disfrazarse por primera vez, en un entorno donde históricamente eran los hombres quienes encarnaban el personaje. Hacerlo siendo mujer implicaba exponerse a miradas y juicios. “Al principio me daba mucha pena”, recuerda. “Pensaba que me iban a juzgar por verme como una mujer disfrazada”.

Esa timidez inicial fue cediendo espacio a la alegría cuando entendió que no estaba sola. Su mamá también salía disfrazada a la calle con plena seguridad, y juntas comenzaron a vivir la experiencia como una actividad familiar. “Nos divertíamos recochando y así se me fue quitando la pena”, dice. Hoy, seis años después, Daniela lo tiene claro: seguirá siendo chiroza mientras la cultura continúe viva.

Esa herencia femenina también la encarna Adriana Rodríguez Ortiz, la ‘hija mayor de las chirozas’. Fue ella quien la integró desde los 10 años a este mundo de telas, máscaras y baile. Para Adriana, disfrazarse es un acto de cuidado y memoria.

“Ser chiroza es generar cultura para los demás, sobre todo para que los niños no pierdan la niñez”, afirma. Como mujer y como mamá, extiende ese legado a su hija, con la esperanza de que nunca sienta vergüenza de una tradición que representa al barrio. “En La Cumbre, dice, todo niño que creció allí alguna vez se disfrazó de chiroza y entendió que la alegría también se aprende”.

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En el barrio La Cumbre de Floridablanca, la Navidad y la cultura se visten de Chiroza. / Fotografías por Felipe Jaimes Lagos
En el barrio La Cumbre de Floridablanca, la Navidad y la cultura se visten de Chiroza. / Fotografías por Felipe Jaimes Lagos

Disfrazarse para hacer felices a otros

En Andrés Felipe Rodríguez Ortiz, este personaje tiene voz de infancia y admiración. Tiene 10 años y habla con una claridad despampanante: “Uno se viste para ponerse feliz”. Para él, el sentido del disfraz no está en la estética, sino en lo que provoca en los demás: correr detrás de los niños, jugar con ellos, hacerlos reír. Eso es Navidad.

Su sueño nació temprano, cuando vio a su papá, Edgar Barón, sacar a las chirozas a la calle. Aunque al principio era muy pequeño para usar el disfraz, la idea quedó sembrada. “Quería disfrazarme”, recuerda.

Ahora entiende la chiroza como un acto generoso: cumplirle el sueño a otros niños que quieren jugar, bailar y sentirse parte de algo. Por eso, explica, “existe esta casa llena de máscaras y trajes: para que nadie se quede sin la oportunidad de ser feliz, al menos por un momento”.

Con los años, Las Chirozas han llevado alegría a más de 90.000 personas y familias del barrio La Cumbre y de Floridablanca. Han participado en carnavales, ferias municipales y festivales nacionales, incluso en el Carnaval de Barranquilla, donde obtuvieron el primer lugar entre cientos de grupos culturales.

Pero más allá de los premios, Barón sueña con algo más profundo: una casa de la cultura en el barrio, un museo donde las máscaras y los disfraces cuenten su propia historia. Un lugar que recuerde que aquí, en esta ‘ciudad dulce’, la cultura se construyó desde la familia, la infancia y la convicción.

Porque cuando alguien decide creer en la cultura como forma de vida, la alegría deja de ser momentánea y se convierte en identidad, memoria y orgullo. Aunque el artista, como dice Edgar: “a veces esté triste por dentro, siempre sale a regalar lo mejor que tiene: alegría para los demás”.

Una nota especial para VANGUARDIA por Felipe Jaimes Lagos y Paula Camila Maldonado Flórez

Publicado por: Redacción Vanguardia Digital

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