Cuando las necesidades de su hijo exigieron más tiempo y más presencia, Nidia Amparo Méndez Peña tomó una decisión que cambiaría su vida: dejar de trabajar para otros y construir un taller propio.
Publicado por: Felipe Jaimes Lagos
El sonido constante de las máquinas de coser es lo primero que recibe a quien camina por la calle 14 del barrio Molinos Bajos, en Floridablanca. Antes de ver las telas, los moldes o los carretes de hilo, ya es evidente que detrás de aquel portón alguien crea y trabaja sin descanso.
Ese alguien es Nidia Amparo Méndez Peña, modista de alta costura que durante años confeccionó prendas para terceros hasta que decidió dar el salto y trabajar para sí misma. La decisión no nació de una apuesta comercial ni de un cálculo financiero. Nació de una necesidad mucho más personal: disponer de tiempo para acompañar a su hijo Israel Jesús Méndez Peña, quien presentaba alteraciones en el nivel de plaquetas.
Cuando esta madre habla de Israel, las máquinas pasan a un segundo plano. Allí comienza realmente su historia. Mientras acomoda algunos trabajos pendientes en su taller, recuerda que todo cambió cuando las responsabilidades de la maternidad empezaron a exigir mucho más de su tiempo y de su presencia. “Yo tengo un niño que tiene una condición especial, pero es un niño súper inteligente”, cuenta la modista.
Desde que Israel comenzó a presentar dificultades relacionadas con el nivel de plaquetas en su organismo, las jornadas laborales fuera de casa empezaron a convertirse en una preocupación constante. “Me iba para mi trabajo y cuando llegaba había quejas del colegio, de la casa donde me lo cuidaban, de la persona que me lo transportaba, hasta que yo dije: este niño me necesita a mí”, recordó la mujer oriunda de Guaca, Santander.
La decisión fue tan sencilla de pronunciar como difícil de ejecutar. Montar un taller propio significaba asumir riesgos, invertir recursos y empezar prácticamente desde cero. Sin embargo, para ella la prioridad estaba clara. “Yo decía: no me importa tener que madrugar, no me importa tener que trasnochar, pero que yo tenga el tiempo para sacar este niño adelante”, afirmó la emprendedora de 51 años.
Ser madre fue apenas una parte de la tarea. Con el paso de los años también tuvo que asumir responsabilidades que la llevaron a convertirse, como ella misma lo describe, en “papá, mamá y todo a la vez”. La costura terminó convirtiéndose en la herramienta que le permitió unir dos responsabilidades que parecían competir entre sí: acompañar a su hijo y garantizar el sustento del hogar. Cada puntada representaba una manera de acercarse a ambos objetivos.

Nidia es la cuarta de cinco hermanos. Creció en Guaca, entre montañas santandereanas, mucho antes de imaginar que las confecciones terminarían marcando el rumbo de su vida. El taller fue creciendo poco a poco entre pedidos, recomendaciones y clientes que confiaron en la calidad de su trabajo. Y cuando el negocio ya caminaba por cuenta propia, apareció una oportunidad a la que no dudó en ‘echarle mano’. O, como diría cualquier persona del oficio, un ‘remiendo oportuno’ para seguir fortaleciendo aquello que había construido con esfuerzo.
A través de la Secretaría de Desarrollo Social de Floridablanca recibió una unidad productiva que decidió invertir directamente en las herramientas con las que trabaja todos los días. La inversión le permitió optimizar parte de la maquinaria y reducir costos operativos que terminaban afectando las finanzas del taller.
Publicidad
“sta máquina, que es plana, y esta otra, que es una 20U no tenían motor ahorrador y eso es costoso. Entonces gracias a Dios pude adquirir esas tres cosas, cambiarle el motor a la máquina y no estar pensando cuánta luz me van a gastar y cómo voy a hacer para pagarla”, explicó la modista mientras señalaba algunos de los equipos que utiliza para sacar adelante sus confecciones.
Aunque las telas ocupan buena parte de sus días, el mayor orgullo de Nidia sigue teniendo nombre propio: Israel Jesús Méndez Peña, su hijo y actual alcalde del Gabinete Infantil de Floridablanca, quien, gracias a una beca, hoy estudia robótica y programación, áreas que alimentan la curiosidad y el talento que su madre siempre vio en él desde niño.
“En este momento, gracias a Dios, cuenta con una beca. Está estudiando robótica y programación en Campuslands. Él dice: ‘Mami, yo estoy estudiando y estoy haciendo lo que yo quiero y lo que a mí me gusta’. Y pues a mí eso me llena de satisfacción porque siempre vale la pena. Por los hijos siempre vale la pena y eso a ellos no se les va a olvidar nunca”, expresó Nidia.
Cuando habla de su mamá, Israel deja por un momento el protocolo que exige su papel como alcalde del Gabinete Infantil y vuelve a ser simplemente un hijo orgulloso. “Es muy trabajadora, es muy juiciosa, aporta su parte a la casa. Básicamente la veo como una guía y como un apoyo emocional. La quiero mucho, que siga así, que siga prosperando. La vida siempre va a estar llena de oportunidades y que ella siempre las sabe aprovechar”, manifestó con evidente cariño el ‘chiqui’ alcalde.
La historia de Nidia no es una excepción. Detrás de cada emprendimiento femenino del municipio existen procesos de formación, acompañamiento y crecimiento que buscan fortalecer la autonomía económica de las mujeres y abrir nuevas oportunidades para sus proyectos.















