Cultura
Viernes 14 de agosto de 2026 - 01:50 PM

Una caja de colores puede abrir otro camino en Bucaramanga

Lo que comenzó con clases virtuales durante la pandemia se convirtió en un programa comunitario de formación artística y acompañamiento emocional. SanArte trabaja con niños de Bucaramanga para demostrar que una canción, un dibujo o un movimiento también pueden transformar la vida cotidiana.

Una caja de colores puede abrir otro camino en Bucaramanga. Foto suministrada/VANGUARDIA
Una caja de colores puede abrir otro camino en Bucaramanga. Foto suministrada/VANGUARDIA

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Publicado por: Redacción Cultural

“Uno va viendo la evolución de los niños”, cuenta Eduardo Ardila al recordar las veces que llega a la Fundación Semillas de Ilusión para acompañar las clases de SanArte. Allí, entre canciones, movimientos y dibujos, el arte deja de ser solamente una actividad para ocupar el tiempo: se convierte en una manera de expresar aquello que muchas veces no encuentra palabras.

La transformación no ocurre de inmediato. Comienza con un paso de danza, una melodía o un trazo sobre el papel. Poco a poco, los niños aprenden a reconocer sus emociones, afrontar la frustración y resolver los conflictos sin recurrir a los gritos o los golpes.

Ese es el propósito de SanArte, un programa creado por la Corporación Cuerpo y Alma que combina la formación artística con el acompañamiento emocional. Actualmente desarrolla sus actividades en la Fundación Semillas de Ilusión, ubicada en el sector de la Central de Abastos de Bucaramanga, donde niños y niñas participan en clases de danza, música y artes plásticas.

SanArte nació durante la pandemia, cuando las restricciones obligaron a trasladar las actividades artísticas a las casas. Su primera etapa, denominada Reconéctate en Casa, reunió virtualmente a más de 30 niños, jóvenes y adultos mayores alrededor de la danza, el yoga y la música.

Una caja de colores puede abrir otro camino en Bucaramanga. Foto suministrada/VANGUARDIA
Una caja de colores puede abrir otro camino en Bucaramanga. Foto suministrada/VANGUARDIA

Con el regreso a la presencialidad, la iniciativa salió del aula y llegó a comunidades urbanas y rurales. En 2022, bajo el nombre La psicofísica del movimiento, atendió a más de 300 niños en la Fundación Semillas de Ilusión y desarrolló una réplica en la vereda La Malaña, en Bucaramanga.

“Ha sido mucha entrega durante estos cinco años, desde la pandemia. Hemos sido más conscientes de nuestro trabajo, de lo que queremos hacer y de cómo lo queremos hacer”, explicó Ardila, quien ha acompañado el desarrollo del programa.

Con el paso del tiempo, SanArte incorporó las artes plásticas y fortaleció su componente psicosocial. Desde hace dos años cuenta con profesionales de psicología y, en su etapa más reciente, sumó el trabajo de una especialista en familia.

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El proceso no se limita a las clases con los niños. También incluye escuelas de padres, encuentros de orientación psicológica y espacios para prevenir el acoso escolar, tramitar los conflictos y fortalecer el diálogo dentro de las familias.

Para Ardila, uno de los principales resultados se observa en la manera como los participantes aprenden a expresar sus emociones. Algunos llegan acostumbrados a resolver sus diferencias mediante los gritos o los golpes, pero progresivamente descubren otras formas de comunicarse.

“Poco a poco hemos incluido el diálogo en todos nuestros procesos. Eso ha permitido construir otras maneras de relacionarnos y ha arraigado en nuestras vidas el trabajo con la comunidad”, señaló.

Los profesores y profesionales encargados del acompañamiento buscan que las prácticas artísticas funcionen como espacios seguros, en los que cada niño pueda hablar de lo que siente y desarrollar herramientas para enfrentar las dificultades de su entorno.

SanArte también entrega materiales escolares y artísticos. Durante este semestre, los participantes del área de artes plásticas recibirán colores, marcadores y otros elementos necesarios para desarrollar las actividades y continuar creando fuera de las clases.

La iniciativa hace parte del trabajo de la Corporación Cuerpo y Alma, organización fundada en 2020 para promover procesos artísticos colectivos en Bucaramanga, su área metropolitana y distintos municipios de Santander. Su propuesta entiende el arte como una herramienta para construir paz, cuidar la vida y fortalecer los vínculos comunitarios.

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Una caja de colores puede abrir otro camino en Bucaramanga. Foto suministrada/VANGUARDIA
Una caja de colores puede abrir otro camino en Bucaramanga. Foto suministrada/VANGUARDIA

Sin embargo, buena parte de estos procesos todavía ocurre lejos de los escenarios más visibles de la ciudad. Ardila reconoce que durante varios años evitó hablar públicamente del programa porque temía que su divulgación pudiera interpretarse como un ejercicio de protagonismo personal. Con el tiempo comprendió que la visibilidad también es necesaria para garantizar la continuidad de las iniciativas comunitarias.

“Queremos que las personas conozcan estos programas y vean que en Santander sí se están haciendo cosas por la cultura y, sobre todo, por las comunidades. Hay muchos proyectos que permanecen invisibilizados porque están concentrados en hacer y la ciudad casi no percibe ese trabajo”, afirmó.

Para sus impulsores, el propósito no está en los beneficios económicos, sino en acompañar procesos capaces de producir cambios en la vida cotidiana.

“No se trata de una ganancia económica, sino de poder hacer proyectos que cambien vidas. Cuando uno acompaña las clases y observa la evolución de los niños, entiende que es un trabajo muy gratificante”, concluyó Ardila.

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Al final, la historia de SanArte puede resumirse en una imagen sencilla: un niño frente a una hoja en blanco, con colores propios y la libertad de decidir qué quiere dibujar. Quizá la transformación social también comience así, con la posibilidad de imaginar algo distinto.

Publicado por: Redacción Cultural

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