Magazín cultural
Viernes 03 de octubre de 2025 - 02:53 PM

La sorprendente propuesta en Barichara del Colectivo Mangle que brilló en ArtBo

El colectivo Mangle transforma la tierra de Barichara en arte contemporáneo, llevando la técnica ancestral de la tapia pisada a escenarios nacionales como ArtBo y sorprendiendo con su propuesta de esferas de tierra.

Diego Álvarez y María Paula Álvarez, fundadores del colectivo Mangle, exploran la conexión entre arte, territorio y saberes ancestrales desde su taller en Barichara. Foto: Gabriela Molano/Suministrada/VANGUARDIA
Diego Álvarez y María Paula Álvarez, fundadores del colectivo Mangle, exploran la conexión entre arte, territorio y saberes ancestrales desde su taller en Barichara. Foto: Gabriela Molano/Suministrada/VANGUARDIA

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Publicado por: PAOLA ESTEBAN C.

Una niña pequeña miró a su madre, se quitó los zapatos y dio el primer paso. Bajo sus pies, miles de bolitas de tierra cedieron levemente, acomodándose a su peso, mientras una sonrisa se dibujaba en su cara y en la de todos los que la observaban. No era una escena cotidiana en una exposición de arte, pero María Paula y Diego Álvarez, fundadores del colectivo Mangle, lo habían soñado así: convertir la tierra en experiencia, el suelo en materia viva, el arte en un acto de andar descalzo.

La historia de Mangle comenzó mucho antes de esa exposición. Diego y María Paula llevan casi dos décadas experimentando con el arte desde lo más simple: la vida diaria, los materiales a la mano, la madera que durante años fue el alma de su taller. Pero fue la pandemia la que cambió el rumbo de su historia. Huyendo del encierro bogotano con tres hijos pequeños, encontraron en Barichara, donde la familia de Diego tenía un lote esperando, el lugar perfecto para construir no solo una casa, sino un nuevo sentido para su trabajo.

Construir con tapia pisada, esa técnica ancestral donde la propia tierra se convierte en todo lo construido, les cambió la mirada y la materia. “Nos parecía mágico que del mismo lugar donde vas a vivir puedas sacar la materia prima para tu casa”, recuerda María Paula. Así, la tierra se volvió su principal aliada y motivo de exploración.

Instalación del colectivo Mangle en ArtBo: más de 40.000 esferas de tierra santandereana que visibilizan la técnica ancestral de la tapia pisada y proponen una experiencia sensorial única para los visitantes. Foto: Mateo Pérez/Suministrada/VANGUARDIA
Instalación del colectivo Mangle en ArtBo: más de 40.000 esferas de tierra santandereana que visibilizan la técnica ancestral de la tapia pisada y proponen una experiencia sensorial única para los visitantes. Foto: Mateo Pérez/Suministrada/VANGUARDIA

En mayo, llevaron su asombro a Bogotá: una instalación con 20 mil bolitas de tierra cubriendo el piso de una galería. Invitaban al público a quitarse los zapatos, a caminar con cuidado y a sentir bajo los pies la textura, el color y la fragilidad de la tierra. La experiencia llamó la atención de Jaime Martínez, director de la feria ArtBo, quien pidió la obra para la gigantesca Ágora de Corferias. El reto fue enorme: duplicar la pieza para llenar los 64 metros cuadrados de ese espacio monumental, lo que significó crear otras 20 mil bolitas, una por una.

Pero esta vez, por temas de seguros y permisos, la instalación fue solo para mirar, no para pisar. Aun así, las reacciones no se hicieron esperar: asombro, curiosidad, preguntas sobre cómo era posible que esferas de tierra soportaran el peso de un cuerpo. Para María Paula y Diego, el diálogo con los visitantes era parte fundamental de la obra: explicar la técnica de la tapia pisada, compartir el aprendizaje empírico, rescatar el valor de lo ancestral.

La esfera, explican, no fue una elección casual. Simboliza el ciclo, la tierra como origen y sostén, lo que pisamos cada día sin darnos cuenta. El proceso para crearlas fue tan experimental como artesanal: consultar a los maestros de tapia, probar moldes, presionar la tierra, buscar la forma y la solidez adecuada. En el camino descubrieron la riqueza de colores de la tierra santandereana: amarillos, rojos, blancos, verdes, cada uno con su propia historia y belleza.

Instalación del colectivo Mangle en ArtBo: más de 40.000 esferas de tierra santandereana que visibilizan la técnica ancestral de la tapia pisada y proponen una experiencia sensorial única para los visitantes. Foto: Mateo Pérez/Suministrada/VANGUARDIA
Instalación del colectivo Mangle en ArtBo: más de 40.000 esferas de tierra santandereana que visibilizan la técnica ancestral de la tapia pisada y proponen una experiencia sensorial única para los visitantes. Foto: Mateo Pérez/Suministrada/VANGUARDIA

Barichara es un universo de oficios y saberes donde conviven la cerámica, el tejido, la investigación en fibras y tintes, la sabiduría transmitida de generación en generación. Para el colectivo Mangle, integrarse en esa comunidad fue tan natural como desafiante. “Nos impresiona cómo estos conocimientos ancestrales, muchas veces menospreciados por la academia, son el corazón de este pueblo”, cuenta María Paula. Y en ese entorno, resignificar el valor del trabajo manual, del arte empírico y del saber local es su principal propósito.

El paso de la madera a la tierra ha sido, para Mangle, una puerta abierta a la experimentación. Ahora sueñan con piezas tejidas, entrelazadas, juegos de color y textura que exploren las infinitas posibilidades de la tierra en Santander. “Para nosotros es clave cambiar la perspectiva del espectador”, explica María Paula. “Que el constructor, el ama de casa, el patiamarillo de toda la vida reconozca la riqueza de la tierra que pisa”.

Mientras el público, y a veces una niña pequeña, se atreve a caminar descalzo sobre su obra, Mangle continúa escuchando lo que la tierra tiene para decir.

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Publicado por: PAOLA ESTEBAN C.

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