La obra “Mi esposa japonesa”, escrita, dirigida y protagonizada por la actriz y directora santandereana Karen Lizardi, se presenta este jueves 9 de octubre en el Teatro Santander de Bucaramanga. Una comedia inspirada en el universo de Tennessee Williams.

Publicado por: PAOLA ESTEBAN C.
Una discusión doméstica cualquiera. Comida japonesa sobre la mesa. Silencios y repeticiones que parecen inofensivos… hasta que revelan lo insoportable: la violencia convertida en paisaje. Con esa imagen inquietante y cotidiana, la directora y actriz santandereana Karen Lizardi invita al público de Bucaramanga a enfrentar una verdad incómoda: cómo lo brutal puede volverse costumbre y lo inaceptable, rutina.
“No es una adaptación, sino una abstracción”, cuenta Lizardi, con la pasión de quien habita y crea sus propios mundos en escena. La génesis de Mi esposa japonesa nació como un reto: fue invitada por el festival de La Maldita Vanidad en Bogotá para escribir y montar una obra inspirada en los textos de Tennessee Williams, dramaturgo fundamental del siglo XX que supo descifrar las grietas, los deseos y las soledades de la vida íntima. “Me basé en cuatro obras en específico: Un tranvía llamado deseo, La noche de la iguana, El zoológico de cristal y La rosa tatuada”, detalla la actriz y directora, quien confiesa que el universo femenino de Tennesse Williams fue el punto de partida para construir su propia protagonista: una mujer que permanece aún en el lugar del daño.
En escena, Lizardi comparte el escenario con Jairo Cubides, actor y comediante de Bucaramanga, para dar vida a una pareja sumergida en la rutina, donde el ataque y la costumbre se funden y el cuerpo de ella parece haber perdido la capacidad de sentir dolor. Pero acostumbrarse, advierte la directora, no significa dejar de sentir: “es un cuerpo que se resiste y se adapta al dolor, aunque persista la pregunta del porqué, del porqué de esa presencia del dolor en mi cuerpo y sobre todo el dolor femenino”.

Mi esposa japonesa apuesta por el humor irónico y la farsa, sin sentimentalismos ni melodramas: “la obra presenta una situación cotidiana: una pareja se sienta a comer y empiezan a suceder una serie de eventos que demuestran y corroboran esa insistencia en el ataque al cuerpo, en el ataque al otro ser. Todo el tiempo se llevan las situaciones al extremo y se vuelven cómicas por esa exposición extrema. Es una comedia, pero también una reflexión sobre el límite entre la costumbre y la violencia”, explica Lizardi.
El montaje recoge la esencia del teatro de Tennessee Williams: personajes que insisten en quedarse donde les duele, mujeres que resisten la soledad y la violencia y preguntas que trascienden el escenario para instalarse en el espectador. Williams fue un verdadero explorador de la condición humana; en cada obra nos mostró que las grandes tragedias no siempre hacen ruido, que lo verdaderamente devastador suele suceder en silencio, en la rutina, en lo doméstico.
Karen Lizardi escribió, actúa y dirige la obra, por lo que significa algo muy especial para ella el que sea presentada. Y no lo dice solo por el orgullo de regresar a casa, también porque en cada función el público se enfrenta, entre risas y preguntas, a ese teatro de la crueldad que, como quería Artaud, logra afectar y conmover sin necesidad de dolor explícito: “la misma comedia lo hace preguntarse”.
Mi esposa japonesa se presentó con éxito en Bogotá y ahora busca interpelar al público bumangués.














